Los próceres que no conocemos

2026/09/14

Conciencia

La independencia de Guatemala no comenzó ni terminó el 15 de septiembre. Conocer su historia ayuda a valorarla.

Siempre me ha llamado la atención cómo los estadounidenses admiran a sus padres fundadores. Conocen sus nombres y el papel que desempeñaron en la creación de su país. En Guatemala celebramos cada 15 de septiembre, pero apenas conocemos a nuestros próceres.


Durante mi paso por el Ministerio de Educación surgió la idea de reunir sus historias en un libro, escrito por Luis Alfonso Ortega Aparicio. Así quedó claro que la independencia de Centroamérica no comenzó en 1821. La precedieron levantamientos y conspiraciones.


El recorrido empieza en 1808 con Simón Bergaño y Villegas, procesado en la capital del Reino por sospechas de insurrección. Sigue con los levantamientos de San Salvador y Santa Ana en 1811, asociados con José Matías Delgado, Nicolás Aguilar y Manuel José Arce. También hubo movimientos en León, Granada y Masaya. En 1812 se alzaron Tegucigalpa y Chiquimula. El Reino de Guatemala comprendía los actuales cinco países centroamericanos, además de Chiapas. En Chiquimula participaron Rafael Arriaza, Manuel Antonio Barillas, el presbítero Esteban Carcaño, José Esteban Paiz y Juan de Dios Mayorga. La inconformidad no se limitó a la capital.


En 1813 ocurrió la Conjuración de Belén, en la Nueva Guatemala de la Asunción. Las reuniones fueron encabezadas por el presbítero José Tomás Ruiz. Participaron Manuel Tot, José Francisco Barrundia, Juan de la Concepción Ibarra, José Venancio López y Joaquín Yúdice. Ruiz y Tot eran indígenas, muestra de una historia más diversa que la versión enseñada.


Al llegar al 15 de septiembre aparece un dato curioso. José Cecilio del Valle, a quien se atribuye la redacción del Acta; Pedro Molina y su esposa, Dolores Bedoya de Molina, recordada por animar la presencia popular, son los tres personajes más mencionados. Sin embargo, ninguno firmó el documento.
El Acta tuvo 13 firmantes: Gabino Gaínza, Mariano de Beltranena, José Mariano Calderón, José Matías Delgado, Manuel Antonio de Molina, Mariano Larrave, Antonio Rivera Cabezas, José Antonio Larrave, Isidoro de Valle y Castriciones, Mariano de Aycinena, Pedro de Arroyave, José Domingo Diéguez y Lorenzo de La Romaña. Pocos guatemaltecos reconocerían hoy a la mayoría.


Gaínza representa una paradoja. Era español, militar de la Corona y máxima autoridad colonial interina. Presidió la reunión, firmó el Acta y siguió al frente del gobierno. Los firmantes tampoco pueden considerarse padres fundadores. No compartían un mismo proyecto ni fundaron aquel día la Guatemala actual.
El 15 de septiembre fue un parteaguas, no el punto final. Se proclamó la separación del gobierno español, pero el Acta dejó a un futuro congreso la decisión sobre la independencia absoluta y la forma de gobierno. En 1822, Centroamérica fue incorporada al Imperio mexicano. Tras su caída, el 1 de julio de 1823, una asamblea constituyente declaró a las provincias independientes de España, México y cualquier otra potencia.


Después vendrían la Federación Centroamericana, su disolución y nuevos conflictos. Guatemala no fue proclamada república libre, soberana e independiente sino hasta el 21 de marzo de 1847, mediante el decreto 15. Habían transcurrido casi 26 años desde la reunión de 1821.


Desde 1964, la Antorcha Centroamericana de la Paz y la Libertad recorre la región. Con los años, una sola llama se multiplicó en miles de antorchas que llegan a pueblos y ciudades en el país.


Cada septiembre, las antorchas y los desfiles vuelven a llenar las calles. Conocer a los protagonistas y comprender el largo proceso de la Independencia da mayor sentido a la celebración. El 15 de septiembre también debe recordarnos que la libertad y la independencia no están garantizadas y que cada generación debe defenderlas.

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