María Patiño y el ego

2026/07/30

“El ego es la representación que tenemos de nosotros mismos. Ojalá hubiese pecado de ego. Me molesta, ya no me duele, la ausencia de reconocimiento y la presencia constante de cierto desprecio. Nunca fue perfecto pero la imperfección fue la clave del éxito”. María Patiño, maestra en escribir en X mensajes encriptados. Son como jeroglíficos de su mente. Nos dejan pensando un buen raro a qué y quién se refiere. Si se refiere a alguien. Esta vez, se lo ha escrito públicamente a la cuenta @pocopasa. En otras ocasiones, los lanza al vuelo. Cual desahogo. Y qué bueno es desahogarse. Sienta bien. Hasta cuando nadie te comprende del todo.  

Pero en este tuit, tal vez lanzado desde una playa paradisíaca bajo un sol desbordante de calor, Patiño da dos claves de la comunicación a destacar: “Nunca fue perfecto pero la imperfección fue la clave del éxito”. Exacto, la imperfección otorga aquello que nos hace únicos. O lo que nos dijeron que era la imperfección, claro. Los grandes maestros de la palabra atesoran esa cualidad imitable. Incluso parodiable en la que, en realidad, se hace fuerte el carisma. La voz de pausa eterna de Jesús Hermida, los líos con el idioma de Raffaella Carrà, el guiño constante de ojo de Carmen Sevilla para encontrar la complicidad en el público después de un despiste… Algunos directores de castings los hubieran descartado a la primera. Cuando en la tele no los podíamos dejar de mirar porque eran auténticos. 

Otra de las dianas a las que apunta María Patiño en ese tuit furtivo es el ego. “El ego es la representación que tenemos de nosotros mismos”. El ego está muy mal visto. Tiene mala prensa. Los programas del corazón lo han utilizado de ataque. Se usaba de arma arrojadiza. Claro que hay egos tóxicos que dañan, que zancadillean, que asfixian y que hasta aíslan. Pero hay que empezar a respetar el ego positivo. El ego necesario. El ego de tener voluntad, ánimo y seguridad en lo que somos. El ego que nos hace creer en nosotros mismos. 

María Teresa Campos, Pedro Ruiz, Mercedes Milá,  Chicho Ibáñez Serrador... son profesionales de relevancia que, en ocasiones, han visto cómo les tiraban la palabra ego como crítica. Serrador lo parodiaba en los prólogos de 'Un, dos, tres... responda otra vez', de hecho. Era más ingenioso que sus críticos.  Ponía su nombre agresivamente en grande para bromear con su imagen de creador con afán de protagonismo.

La humildad tiene buena prensa pero, en cambio, no suele ser aliada en el mundo de la televisión y el espectáculo. Sin embargo, el ego, en su punto exacto, sí que empuja. Porque te otorga la seguridad en lo que haces, aprendes, progresas y aspiras. Te otorga la seguridad para la osadía de ser y no solo estar. El problema es cuando el ego vira a narcisismo y se utiliza para pisotear a los demás. Entonces, es otra historia. Dañina historia. Entonces, se transforma en el divismo que desequilibra, que emponzoña. Quizá a eso se refería María Patiño. O quizá no. Solo ella lo sabe.