Jorge G. Alvear Macías: Más que un puente | Columnistas | Opinión

2026/07/31

31 de julio, 2026 - 06h00

Durante al menos 15 años, el debate sobre el quinto puente se concentró en una pregunta equivocada: ¿cuándo comenzaría su construcción? Debió ser otra: ¿qué representa esta obra para el futuro del Ecuador?

El quinto puente trasciende su condición de obra vial. Es un corredor logístico y de desarrollo territorial de unos 44 kilómetros de longitud, llamado a integrar con más eficiencia el principal sistema portuario del país, la producción nacional, los mercados internacionales y el principal mercado consumidor del Ecuador.

Su beneficio inmediato no solo será aliviar el tráfico de miles de vehículos pesados que hoy atraviesan Guayaquil para acceder a los puertos o salir de ellos hacia el resto del país. Esa será apenas su manifestación más visible. Su verdadera importancia radica en la reducción de tiempos y costos de transporte de bienes destinados principalmente al comercio exterior, incrementando la competitividad de las actividades productivas y la eficiencia de toda la cadena logística.

Precisamente por ello, el quinto puente no debe analizarse desde una visión regionalista miope. Las grandes obras públicas no deben evaluarse por el lugar donde se construyen, sino por los territorios a los que sirven. Aunque la obra se ejecutará en Guayas, sus beneficios alcanzarán a la Sierra austral, la Amazonía sur y la Costa sur, especialmente a la provincia de El Oro, cuya producción agrícola, minera, industrial, bananera y camaronera dispondrá de un acceso más eficiente al sistema portuario de Guayaquil y, con ello, a los mercados internacionales. Sus beneficios económicos trascienden ampliamente el ámbito guayasense.

La mayor parte de esos beneficios se concentrará precisamente en ese corredor económico. La disminución de tiempos y costos de transporte fortalecerá la capacidad exportadora de varias regiones y su integración con el resto del país, mientras el abastecimiento del principal mercado consumidor nacional será más ágil y eficiente.

Pero la trascendencia del proyecto no termina en la logística. El nuevo corredor favorecerá la instalación, especialmente fuera del cantón Guayaquil, de parques industriales, centros logísticos, depósitos de contenedores y nuevas actividades comerciales y de servicios; atraerá inversión privada; generará empleo; incrementará la plusvalía de los predios y ampliará la base tributaria de los gobiernos autónomos descentralizados ubicados a lo largo del corredor, contribuyendo al desarrollo territorial y a una mejor calidad de vida de su población.

Su éxito, sin embargo, dependerá de la continuidad de su ejecución y de la voluntad política para culminarlo. Las grandes infraestructuras trascienden los periodos de gobierno: se planifican en una administración, se construyen durante varias y sus beneficios pertenecen a las generaciones futuras. Por ello, el quinto puente no debería considerarse la obra de un gobierno, sino una auténtica política de Estado.

Porque, en definitiva, la infraestructura no es un fin en sí mismo. Es el instrumento mediante el cual un país integra sus regiones, fortalece su competitividad, impulsa la inversión, genera empleo, crea oportunidades y construye desarrollo nacional. (O)