
La transición de la industria del automóvil hacia la electrificación ha reducido el espacio para modelos centrados en la simplicidad mecánica, el bajo peso y la intervención directa del conductor.
Las normas de emisiones y los objetivos de descarbonización condicionan el futuro de los vehículos de combustión, mientras fabricantes y compradores se adaptan a coches con más asistentes, automatización y sistemas digitales.
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Máximo Sant, experto en coches, advierte que los coches analógicos aún disponibles afrontan un límite marcado por la norma Euro 7 y el horizonte de 2035 para los vehículos térmicos. Ante ese escenario, afirma: “Ese meteorito que acabó con los dinosaurios está a punto de llegar”.
El especialista se refiere a una forma de entender la conducción que prioriza elementos como la caja de cambios manual, la respuesta del acelerador, la ligereza y una relación más directa entre el coche y quien está al volante. Son características que han perdido presencia en el mercado generalista, donde predominan los cambios automáticos, los mandos electrónicos y las ayudas a la conducción.
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Sant contrapone esos modelos a los vehículos actuales, equipados con pantallas de gran tamaño, frenos de mano eléctricos, direcciones asistidas y cambios automáticos. Para el especialista, todavía quedan opciones que priorizan la conducción manual y la respuesta mecánica. “Ahora que todos los coches tienen dirección asistida, todavía hay coches que puedes disfrutar conduciendo”, sostiene.

La dirección asistida, los controles electrónicos y las transmisiones automáticas han facilitado el uso cotidiano de los automóviles, sobre todo en ciudad y en trayectos largos. Sant no cuestiona esas soluciones, pero destaca que aún existen vehículos cuyo planteamiento exige mayor participación de la persona que conduce. En ellos, el tacto de los pedales, el recorrido de la palanca de cambios o la reacción del chasis forman parte de la experiencia.
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El Mazda MX-5 es, a su juicio, el principal ejemplo. El modelo combina un peso de 1.000 kg, 184 CV, propulsión trasera y una transmisión manual que Sant sitúa entre las mejores del mercado: “Un milagro que este coche siga existiendo”.
Para el experto, el valor de este tipo de coches no depende solo de su potencia o de sus prestaciones. También reside en la posibilidad de controlar de forma directa el vehículo y en una configuración que prescinde de equipamientos que añaden peso y complejidad. El MX-5 representa esa fórmula con un planteamiento que mantiene la tracción trasera y el cambio manual en un segmento cada vez más reducido.
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También menciona al Subaru BRZ y al Toyota GR86 entre los deportivos que conservan esa propuesta. Ambos forman parte de una categoría que mantiene la combinación de motor delantero, propulsión trasera y transmisión manual, una arquitectura menos habitual entre los modelos nuevos. En su lista incluye al Caterham, heredero del Lotus Super Seven, del que dice que “no es nada fácil de conducir”.
La selección de Sant no se limita a los deportivos convencionales. Incluye vehículos con propuestas muy distintas, aunque unidos por una construcción menos orientada a la automatización. Algunos privilegian la ligereza; otros, una imagen clásica o aptitudes fuera del asfalto. El denominador común es que conservan una personalidad mecánica que el experto considera cada vez más difícil de encontrar.
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El Lotus Emira, el Morgan Plus Four, el Suzuki Jimny y el Ineos Grenadier completan los modelos citados por Sant. Sobre el Morgan, remarca que todavía se fabrica a mano como en los años cincuenta. “Quedan muy poquitos, pero algunos quedan”, sostiene Sant, antes de aconsejar a quienes busquen uno de estos vehículos: “Yo que tú no perdería el tiempo”.