Durante años hemos discutido México y Estados Unidos como si fueran dos decisiones distintas. ¿Dónde invertir? ¿Dónde crecer? ¿De qué lado están las mejores oportunidades?
Cada vez parece una pregunta peor planteada. No porque los mercados sean iguales, no lo son, sino porque las oportunidades más interesantes están apareciendo justo en la relación entre los dos.
Quien opera en ambos países lo nota: lo que pasa en Estados Unidos ayuda a anticipar movimientos en México, y buena parte de lo que ocurre en México responde a necesidades que se están generando del otro lado de la frontera.
La infraestructura industrial ofrece un buen ejemplo. El crecimiento de industrias vinculadas con tecnología e inteligencia artificial está aumentando la demanda de infraestructura especializada: energía, servidores, sistemas de enfriamiento y espacios capaces de soportar operaciones más exigentes.
En Tijuana, una operación que se anunció hace unos días con Daikin Applied Americas comprende más de 705 mil pies cuadrados de infraestructura industrial y cerca de 800 mil pies cuadrados adicionales de terreno.
Y aquí lo interesante no es el tamaño, es lo que revela. El crecimiento de la inteligencia artificial suele discutirse como un fenómeno digital, pero detrás hay necesidades muy físicas.
Las empresas ya no buscan únicamente metros cuadrados; necesitan espacios hechos a la medida de lo que operan.
En Estados Unidos pueden encontrarse oportunidades bajo una lógica distinta. En Florida, la adquisición reciente de un multifamily de 156 unidades en Aventura parte de una tesis casi opuesta: no desarrollar, sino transformar un activo que ya existe, mejorarlo operativamente y generar valor en el largo plazo.
Son dos operaciones que no se parecen en nada. Y ése es exactamente el punto.
Ser cross-border no significa replicar una fórmula de un país en otro. Significa entender qué permite cada mercado, dónde está la demanda real y qué tipo de ejecución exige cada oportunidad.
Por eso preguntar si hoy conviene más invertir en México o en Estados Unidos se queda corto. Depende del activo, del sector, del momento y, sobre todo, de la capacidad de ejecutar.
Una buena oportunidad en papel no necesariamente es un buen negocio.
El capital ayuda, pero no sustituye el conocimiento del mercado, los socios correctos, equipos capaces de ejecutar ni la paciencia para esperar.
Todavía se habla de “empresarios mexicanos que se van a Estados Unidos” como si fuera una renuncia, y de “capital americano que llega a México” como si fuera un favor.
Las dos lecturas parten de la misma pregunta equivocada.
Los próximos veinte años en Norteamérica no van a ser de los operadores mexicanos ni de los operadores americanos.
Van a ser de los cross-border. Operar los dos lados da un pulso que ninguno de los dos ofrece por separado, y eso es más útil que seguir preguntándonos de qué lado de la frontera está la oportunidad.