Mi experiencia buscando contralor

2026/08/12

Estado, empresa y sociedad

En aquella época, la planilla del colegio de profesionales que ganaba, aunque fuese por un solo voto de diferencia, se llevaba todos los representantes a la Comisión.

Siendo Decano de Ciencias Económicas de la Universidad Rafael Landívar, formé parte de la Comisión de Postulación para seleccionar seis candidatos para que el Congreso eligiera al Contralor General de Cuentas. Todavía no existía la Ley de Comisiones de Postulación.

Por mandato constitucional, la Comisión se integra con un representante de los rectores de las universidades del país, quien la preside, que no por fuerza debe ser un rector, de hecho en el caso que les comparto, quien presidió la comisión de postulación fue el secretario del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), quien había sido rector de la USAC pero ya no lo era; por los decanos de las facultades que ofrecen la carrera de Contador Público y Auditor (CPA); y, por un número equivalente de representantes electos por la asamblea del Colegio de Profesionales de los CPA. Había 5 universidades que impartían dicha carrera, de manera que éramos 11 comisionados y la mayoría calificada 7.

Propuse y me aceptaron que siguiéramos un proceso similar al que realizan las buscadoras de talentos para contratar al puesto de más alto rango en una organización. Se elaboró un perfil, una tabla de gradación, se hicieron evaluaciones psicométricas, entrevistas personales, declaraciones juradas y verificación de los documentos presentados, así como exámenes para auscultar su posible conducta frente a situaciones del quehacer de la Contraloría General de Cuentas (CGC).

Me sentí entusiasmado por la anuencia de mis colegas comisionados en aplicar un método científico y técnicas modernas de selección de personal para calificar e identificar a los mejores candidatos. Fue una labor ardua y concienzuda, debidamente documentada. Pero quizás, entre los que hacían mayoría, se guiñaron el ojo, porque después me percaté que ya sabían, desde el principio, a quiénes querían incluir en el sexteto y a quiénes no.

Los aspirantes quedaron ordenados de mayor a menor conforme a los puntos obtenidos. Llegó el último día, el momento de la verdad: seleccionar a los seis finalistas, que correspondía a quienes acumulaban las seis puntuaciones más altas. Pero, en ese momento me enfrenté a la cruda realidad y aprendí lo inútil de todo el proceso previo, porque, al final, lo que contó fue la mayoría calificada de votos, conforme lo establece la propia Constitución Política de la República (CPR).

La CPR señala que para la “elección de candidatos se requerirá el voto de por lo menos dos terceras partes de los miembros de dicha Comisión”, lo que significa que se puede hacer caso omiso de todo el proceso previo, pudiéndose decidir únicamente con base en la mayoría de dos tercios de votos. Y eso fue lo que sucedió porque se descartó a varios candidatos mejor calificados, que tenían punteos superiores a los incluidos en el sexteto enviado al Congreso. Y esto sigue repitiéndose, haciendo que las Comisiones de Postulación parezcan más un montaje, una farsa o comparsa, con un final que ya está predeterminado.

En aquella época, la planilla del colegio de profesionales que ganaba, aunque fuese por un solo voto de diferencia, se llevaba todos los representantes a la Comisión. Ahora la Ley de Comisiones de Postulación utiliza el Método D’Hunt (que también aplica para diputaciones al Congreso), que procura la representación de minorías. Actualmente hay 13 universidades que imparten la carrera de CPA; el Padre Miquel Cortés, que presidirá la Comisión, estará acompañado de 13 decanos y de 13 electos por los dos colegios profesionales que agremian a los profesionales de CPA. Ojalá sea diferente.

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