Misión Argentina: Messi merece despedirse un domingo - LA NACION

2026/07/13

¿Puede una estrella despojarse de todo divismo o tiene que tener lógicos beneficios? ¿Puede un distinto evitar el primer plano o necesariamente debe ocupar el centro de la escena? ¿Es posible que no tenga contraindicaciones, o en su naturaleza competitiva debe haber al menos un mínimo margen de malicia? Conforme el paso de un Mundial en el que la selección argentina ha parido con dolor cada uno de sus duelos eliminatorios y ante la ausencia de funcionamiento colectivo, la jerarquía de los nombres fue saliendo al rescate de cada urgencia. La noche de Kansas en la que los de Scaloni cruzaron el Rubicón, Julián Álvarez desembarcó oficialmente en la Copa del Mundo para recordarnos que además de su generosidad inagotable, es un “pura sangre” como pocos delanteros del Planeta Fútbol.

Luego de asumir la cercanía del precipicio ante Cabo Verde y desnudarse emocionalmente ante Egipto, las palabras de Scaloni definieron la actuación argentina ante Suiza. Sin subestimar el enorme valor por volver a estar en la mesa chica de los cuatro aspirantes al título, el entrenador reconoció la floja tarea del equipo. Su análisis, realista y preciso, confirmó dos factos que mucho más cerca de la línea de meta que de la partida, difícilmente puedan cambiar.

Julián Alvarez sacó a relucir su jerarquía, apareciendo en el tiempo extra con un golazo ante SuizaCao Can - XinHua

Con una limitación física cada vez más evidente, la cesión del terreno y del balón se ha vuelto más rápida y extendida en el tiempo. Si el gol prematuro suponía un escenario ideal para poder manejar la pelota y jugar con el resultado a favor respetando su esencia, solo un conjunto absolutamente disminuido por los kilómetros acumulados puede compactarse en campo propio y utilizar como exclusivo recurso los lanzamientos largos de su arquero. Argentina lo hizo y perdió su ADN.

Su nueva zona de confort lo llevó a un viaje cuyo inexorable destino final fueron el misterio y el sufrimiento. La grandeza de la selección está fuera de discusión, pero ya no se trata de una cuestión de voluntad. El equipo no puede. Sobra jerarquía para disimular la ausencia de frescura. Hay un corazón enorme y con él se maquillan los bajos rendimientos individuales. El coraje de estos jugadores, conscientes de cuanto le costó volver a asegurarse disputar la totalidad de los partidos de la competencia es lo que los alimenta, pero el límite físico es evidente.

Dibu Martinez volvió a ser confiable, los centrales fueron murallas y los goleadores dejaron su sello, pero las piezas que hacen funcionar la sala de máquinas están empastadas y a esta altura todo permite suponer que habrá que sobrevivir con ese déficit estructural. No se tuvo un solo tramo generoso de partido para que los mediocampistas pudieran tomarse un descanso y ser reemplazados. Tampoco Messi. Todo se siente. Todo suma.

El segundo hecho irrefutable, porque se desprende de la realidad, es que para Scaloni los nombres son estos. Hasta ahora es una selección de 17 apellidos. En todo caso pareciera resultarle más sencillo reemplazarlos en el desarrollo de los partidos que quitarlos de la formación titular, y como los epílogos han sido guiones cinematográficos, mezcla de drama y suspenso, su intuición y su conocimiento lo llevaron a seguir confiando en los campeones del mundo hasta el final. Es todo un mensaje, casi una declaración de principios. Los resultados le dan la razón, aunque los músculos exhaustos de los futbolistas plantean el lógico debate.

Lionel Scaloni, un entrenador que confía en los futbolistas que más utilizó durante estos seis partidos que la selección disputó en el mundialAníbal Greco / Enviado Especial - LA NACION

El dilema ante la próxima exigencia que demandará algo más que lo que el equipo expuso hasta aquí, es si éste el momento de cambios radicales y héroes inesperados. No parece aconsejable hacer volar todo por el aire en una instancia tan sensible del Mundial y tampoco el entrenador, aún con su preocupación a cuestas, da señales que pronostiquen movimientos masivos. Frente a una Inglaterra con otra riqueza individual y dueña de una dinámica como hasta ahora no conoció la Argentina, será necesario un plus que auxilie al corazón del campeón. Llegó el momento de que la altura del listón suba la prestación individual y aparezca lo que hasta ahora no vimos. Allí estará el gran desafío.

Durante tres años y medio el equipo mostró un nivel que lo seguía situando como uno de los mejores del mundo; ahora, sin esa cualidad pero mucho más culto en el arte de saber ganar, continúa siendo irrompible.

Lionel Messi, a las puertas de sus últimos partidos en una Copa del Mundo (Photo by David Ramos / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)DAVID RAMOS - GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Más allá del morbo que genera la historia, la semifinal presenta otro suceso definitivo. El orgullo que genera la certeza de no cerrar la valija hasta el fin de semana final, no implica que todo signifique lo mismo. El partido por el tercer puesto es meritorio, pero el que te permite levantar la Copa es eterno.

A este equipo le falta una misión y solo ellos pueden cumplirla. Si Dios creó al mundo en seis días y al séptimo descansó, por estas tierras el disfrute y el ocio se presentaron como potrero y pelota. Si la historia debe volver al lugar adonde todo comenzó, la “Pulga” rosarina que asombraba en los clubes de barrio merece tener su último partido mundialista un DOMINGO, el verdadero día del fútbol. Messi tiene que jugar la final el 19 de Julio. Entonces sí, todo tendrá sentido.