A pesar de que a estas alturas ya se le considera una divulgadora sobre la menopausia y sus síntomas, y por lo tanto cuando nos sentamos en un café a conversar del tema lo habla con toda la naturalidad del mundo, la periodista Monserrat Álvarez (57) no siempre se sintió así. Al contrario. Al principio hablar de menopausia –señala ella– le daba un pudor horrible, y no solo eso, la sola palabra le parecía impronunciable, patética.
Lo dice también en el prólogo de su libro Sin bochornos (Editorial Zig-Zag, 2024): “Ni en sueños creí que me atrevería a hablar en público de este tema porque la imagen de mujer menopáusica era para mí la de una vieja amargada, agria y con pelos en la pera. Una mujer muy distinta a la que me sentía cuando, de pronto, comencé a ver en mi cuerpo y en mi mente los primeros signos de este cambio que se avecinaba”.
En ese momento decidió ir a un ginecólogo para prepararse para esta etapa y se encontró con el primer portazo. “Me dijo ‘no tiene nada que prepararse, si le va a llegar y le va a llegar. Y listo. Eso le pasa a las mujeres’. Y era un especialista en ginecología y climaterio”, recuerda. Por supuesto que, como buena periodista, salió con más ganas de averiguar, leer, googlear. En este camino por tratar de entender qué le pasaba y qué podía hacer, junto a cuatro amigas que andaban en sus mismos pasos, formaron SoWise (www.sowise.cl / IG: @Sowise.cl), una plataforma que entrega información, donde también comparten experiencias de mujeres, y buscan productos y soluciones que las ayuden en esta etapa de la vida.
- ¿Cuándo y cómo cambiaste la imagen de vieja amargada, agria y con pelos en la pera?
Ha sido súper importante que las estrellas de Hollywood con todo su glamour sean capaces de decir ‘estoy en menopausia’ y sigan teniendo el mismo glamour. Porque eso abrió una ventanita para decir estoy en la época de la menopausia y no soy una vieja agria, poco sensual, fome. Eso es súper importante porque yo partí en este tema con una vergüenza horrible. Cuando la editorial me pidió hacer un libro dije ok, hablo de mi investigación. Hago una guía para mujeres con lo que tienen que saber para enfrentar la menopausia. Pero no voy a hablar de mí porque me da una vergüenza horrible. Y porque tampoco quiero ser el símbolo de la menopausia, lo encuentro demasiado matado. Pero al poco andar, si no hablaba de mí, el libro era fome, así que empecé a meter un poco de mi experiencia con lo que investigamos. Fui derribando la barrera del pudor y terminé el libro diciendo lo asumo. Nunca voy a ir a una marcha de menopáusicas al poder, pero sí estoy dispuesta a hablar de eso.
- ¿Qué pasó cuando empezaste a compartir tu experiencia?
Hubo una cosa bien bonita. Cuando escribí el libro, mi mamá con 92 años lo leyó y me dijo: ‘¡Estoy totalmente menopáusica!’. Ahí me cayó la teja de que en el fondo mi libro es un poco el ser mujer. Las mujeres estamos comandadas por las hormonas, tenemos un ciclo hormonal y por lo tanto, nuestra biología, nuestro cerebro y nuestra emocionalidad funciona muy en torno a ese ciclo. Me ayudó a entenderlo desde el fondo de la sensibilidad femenina, a despojarlo de la idea de que nuestra emocionalidad es solo una cuestión cultural, que somos educadas en ser más sensibles. No es así. Existe una razón biológica por la cual las mujeres en ciertos momentos del ciclo andan de mejor o de peor ánimo; o tienen mayor propensión a enfermedades de salud mental o a depresiones. Somos seres más hormonales, porque estamos gobernados por las hormonas de esa manera cíclica a diferencia de los hombres.
- Por mucho tiempo las mujeres renegamos de eso.
Exacto, porque si tú pones eso sobre la mesa, inmediatamente aparece una desigualdad, un hándicap en contra. Si digo que me siento mal porque estoy premenstrual, al tiro me ponen en el lugar de una persona poco competente. Y con la menopausia pasa algo parecido, porque además tiene una connotación social bien atávica. Antiguamente, cuando la función de las mujeres estaba asociada a la reproducción, al dejar de estar en edad reproductiva se las tiraba un poco a los trastos viejos. Pasaban a cuidar a los nietos y se asumía que también habían perdido su atractivo sexual. Entonces, creo que es importante aceptar que las hormonas influyen en cómo nos sentimos, pero también conocernos y entender lo que nos pasa para que esos cambios no nos gobiernen más de la cuenta.
- ¿Deberíamos ahora reivindicarlo?
No, yo encuentro complicado hacer de esto una bandera de lucha, yo no me sentiría cómoda diciendo en mi pega soy menopáusica y ando deprimida. A mí no me acomoda. Pero sí creo que hay una cosa que es super importante para bajar la ansiedad propia, la sensibilidad, la inseguridad propia de la menopausia, que es entender qué le está pasando a tu cuerpo. Para mí la información ha sido la principal terapia, más que una terapia de reemplazo hormonal, más que un psicólogo, el entender. La información sobre lo que me está pasando en este ciclo, de por sí ha provocado un efecto bastante mágico respecto a cómo manejar esos síntomas.
Un cerebro en transformación
Los primeros síntomas que experimentó Monserrat no fueron los clásicos bochornos que suelen asociarse a la menopausia. De hecho, nunca los tuvo. Lo que apareció fueron unas jaquecas intensas que la llevaron a consultar a un neurólogo. Tenía cerca de 50 años cuando el médico le dijo que podían estar relacionadas con el bruxismo, la falta de sueño y, muy probablemente, con la menopausia. Era la primera vez que alguien le hablaba de esa posibilidad. También comenzó a sentirse agotada. A tal punto era el desgano que lo confundió con depresión. “Y a eso se sumaron algunos problemas de memoria y concentración, lo que se conoce como niebla mental. Por suerte caí en una buena doctora que me explicó muchas cosas y comencé con terapia de reemplazo hormonal que me cambió. No es que vuelvas a ser joven, pero sí, que es súper importante, te da energía que era lo que yo necesitaba”.
- ¿Qué es eso de la niebla mental?
Es una especie de confusión mental que puede afectar la memoria y la concentración. Por ejemplo, te cuesta encontrar las palabras, no te vienen a la cabeza. Dentro de todas las entrevistas que hice, de las conversaciones que tuve con mujeres, concluyo que el cuerpo, el sexo, todo importa menos que lo que pasa en tu cerebro. Eso es lo que más angustia produce. Se me han acercado muchas mujeres diciendo que es la primera vez que escuchan lo de la niebla mental y se sienten aliviadas. Dos veces incluso mujeres jóvenes me dijeron llorando que pensaron que tenían Alzheimer. La niebla mental, y especialmente las dificultades con la memoria verbal, son parte de lo que se conoce como el cerebro menopáusico. Esto se ha estudiado.
- Qué difícil porque a las mujeres ya nos cuesta sentirnos validadas con esto del síndrome de la impostora y otros.
En el libro lo cuento. Que en la época en que trabajaba en el matinal de Chilevisión ¡sentía una angustia! No se me venían las palabras y llegué a pensar que era incompetente para el cargo. Después averiguando, descubrí que era eso y también descubrí que no se nota tanto, que es una cuestión que uno vive muy internamente. Pero, para consuelo de todas, se trata de un acomodo que se produce en el cerebro, no es para siempre. Es lo mismo que ocurre después de un parto, con el baby brain. Este es peri brain. Hay mucho menos disposición de estrógeno cerebral y por lo tanto de glucosa en el cerebro. Pero después es lindo porque se re acomoda. Yo ahora siento mucho menos cerebro menopáusico que antes.
- ¿O sea es peor la perimenopausia?
He constatado, y también lo conversé mucho con doctores para el libro, que la perimenopausia a veces es más dramática que la menopausia porque hay tanta inestabilidad hormonal que tu ánimo sube y baja mucho. Y a veces es peor que una hormona más baja pero más estable.
- Has comparado la menopausia con una segunda adolescencia. ¿Por qué?
Carla Bruni dice que es una segunda adolescencia, pero sin el glamour de la adolescencia. Y obviamente es así porque no tienes la misma piel, porque el colágeno ya se está despidiendo. Pero vuelven cosas que uno ya creía erradicadas como las inseguridades. En la adolescencia el cuerpo cambia y eso provoca un desconcierto y en esta etapa pasa igual. A mí me pasó que comía lo mismo, mi peso estaba igual, pero mi cuerpo empezó a cambiar y eso nadie te lo dice.
- Esto suena contradictorio con el discurso de muchas mujeres que dicen que la madurez ayuda a las mujeres a sentirse más seguras de sí mismas, más resueltas.
Yo no me siento más segura de mi misma, ni creo estar en una etapa en la que hago lo que quiero, o me atrevo a decir lo que quiero. Creo que es un periodo donde hay harta inseguridad vinculada a que obviamente estás mayor, quieres seguir haciendo muchas cosas, te gustaría ser de esas personas que cambian de vida a las 55 años y se vuelven emprendedoras, pero lo cierto es que la mitad de las mujeres o más, no podemos hacer eso porque tenemos un trabajo, porque tenemos todavía hijos que dependen de nosotros, porque sabemos que el mundo laboral es difícil. Entonces, no es una etapa como a veces la pintan, de plenitud. Es una etapa complicada que hay que saber cómo ir acomodándose, donde claro, superas algunos temores, pero también aparecen otros.
¿Corremos el riesgo de pasar del estigma de la menopausia a la romantización de la menopausia ?
Mira, cuando empecé con el tema de la menopausia se me empezó a bajar terriblemente la autoestima. De repente descubrí que estaba igual que una adolescente mirando Instagram, con un algoritmo que me mostraba unas españolas regias, todas menopáusicas, un palo de flacas, que trotaban todos los días, con unas tenidas mortales y, además, plenamente activas laboralmente. Y yo empecé a sentirme disminuida. Por otro lado, aparecían las mujeres que abrazan las arrugas, las canas, el sobrepeso y que de verdad están contentas. Yo las admiro y creo que es auténtico, pero en mi caso envejecer no es algo que me guste. Para mí esta etapa es cero romántica. No me gusta envejecer, pero quiero hacerlo bien y sentirme bien. Y creo que cada una tiene que encontrar su propia manera de vivirlo. Lo que sí creo es que hay que bajar esta permanente exigencia que recae sobre las mujeres de todas las edades. Es una exigencia de la que una cree que con la adultez ya está liberada, pero no es así. Y por eso para mí es tan importante entregar información a las mujeres sobre esta etapa de sus vidas, para que puedan entender lo que les pasa y elegir cómo vivirla.