
La congestión vehicular en Lima representa un desafío estructural para la movilidad urbana y la competitividad de la ciudad. Según cifras de la firma privada TomTom, Lima se mantiene entre las capitales latinoamericanas con menor velocidad de circulación vehicular, una situación que impacta de manera directa en la productividad y en la calidad de vida de los habitantes.
Durante los días laborables, la velocidad promedio de desplazamiento en Lima cae a 14,74 km/h en la hora punta de la mañana, ubicándose por debajo de otras grandes urbes como Ciudad de México, Bogotá y Santiago de Chile. Por la tarde, la situación se agrava, alcanzando apenas 12,62 km/h en la hora punta nocturna, e incluso registrando mínimos de 11,3 km/h durante el año.
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De acuerdo con el TomTom Traffic Index 2025, Lima es la ciudad con mayor cantidad de horas perdidas en el tráfico a nivel mundial, con cerca de 195 horas anuales por conductor, equivalentes a más de ocho días completos al año. Este tiempo perdido afecta tanto a individuos como a empresas y a la economía nacional.

El costo anual de la congestión en Lima asciende al 2,4% del PBI nacional, según estimaciones del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). De este total, aproximadamente 0,4% del PBI corresponde al gasto adicional en combustible, mientras que cerca de S/ 20,000 millones se atribuyen al valor económico de las horas de trabajo perdidas.
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Estudios regionales advierten que la congestión en ciudades latinoamericanas y caribeñas puede representar entre 0,5% y 1,1% del PBI, y que reducir el exceso de tiempo de viaje podría incrementar la productividad de las ciudades en un 0,5% del PBI.
Entre los factores que explican esta situación figura el desfase entre el crecimiento del parque automotor y el desarrollo de la infraestructura vial. En Lima, la densidad vehicular por kilómetro aumentó de 1,113 vehículos en 2015 a 1,387 en 2023. A esto se suman problemas de planificación urbana, semáforos poco sincronizados, limitada integración en el transporte público, informalidad en los servicios y un parque vehicular antiguo.
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La Asociación Automotriz del Perú (AAP) plantea que revertir esta tendencia requiere una estrategia integral de movilidad. Entre las principales medidas figuran la implementación de semáforos inteligentes y mejor sincronización, el reordenamiento de rutas y paraderos del transporte público, y la ampliación de los sistemas tipo BRT, como el Metropolitano.
También se destaca la importancia de fiscalizar el uso de carriles exclusivos, combatir la informalidad, y ordenar los servicios de transporte de tramos cortos, especialmente los mototaxis en zonas periféricas.
La AAP considera fundamental una política de chatarreo que incentive la renovación del parque vehicular y un fortalecimiento del sistema de inspecciones técnicas. Para el gremio, no basta con construir más infraestructura; es necesario gestionar mejor la existente, desarrollar un transporte público eficiente y formal, y fortalecer la fiscalización para conseguir resultados sostenibles.
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La experiencia de ciudades como Bogotá y Santiago de Chile demuestra que la inversión sostenida en sistemas BRT, la integración del transporte y una mayor fiscalización pueden contener el deterioro de la velocidad de circulación.
Para la AAP, Lima enfrenta un problema estructural de movilidad que afecta la productividad, la logística y la calidad de vida de su población. Dar respuesta a este desafío implica dejar atrás intervenciones aisladas y avanzar hacia una política de movilidad urbana sostenida, con objetivos claros y resultados medibles.