Tatiana dejó de hablar al escuchar las primeras ráfagas de ametralladoras. La última alerta aérea había sonado pocos minutos antes. Uno de los temidos "Geranios" a reacción (la versión más moderna del dron Shahed) se aproximaba al distrito capitalino de Holoiivskyi.
La ucraniana se escondió a la carrera. Casi en el mismo instante en el que dos cohetes de la defensa local surcaban el aire intentando interceptar al dron ruso. No lo consiguieron. Les superó su velocidad. Uno de los misiles explotó en el aire mientras el aparato seguía su curso. A los pocos segundos se escuchó una detonación lejana. Había impactado en otro barrio.
No eran ni las 10 de la mañana y la vigilante de 60 años ya había tenido que superar el mismo brete en dos ocasiones. La primera cuando a las 8:00, otro avión no tripulado (UAV) del mismo modelo se empotró contra la gasolinera ubicada del otro lado de la calle. El techo de la estación de servicio terminó en llamas.
Una hora más tarde, los bomberos ya habían extinguido el pequeño incendio. "La explosión se escuchó desde el metro. Ayer mismo habíamos tenido un entrenamiento. El protocolo es abandonar nuestro puesto de trabajo a la carrera en cuanto suena la alarma y refugiarnos en el metro", relató Oleksandr Nochshevsky, un empleado de un centro médico contiguo a la gasolinera.
La conversación también quedó interrumpida cuando los altavoces volvieron a atronar el entorno. Otra alarma. Sus compañeras, que acaban de regresar a las oficinas, salieron de estampida. Algunas no podían ocultar el miedo.
Las redes sociales se llenaron de avisos. "¡Abandonen las gasolineras y los centros comerciales!¡Los drones están entrando en la ciudad! ¡Tengan cuidado, por favor!", se leía en los mensajes. Otros avisaban sobre las localizaciones donde se detectaban la presencia de los aparatos rusos.
"Es puro terror", opinó Oleksandr Nochshevsky antes de retomar el camino del subterráneo.
Así, entre puro sobresalto, se despertó Kiev este martes en una enésima jornada de la ofensiva aérea que ha lanzado Moscú contra la capital ucraniana en su intento por "paralizarla" -según la expresión utilizada por los medios locales- con ataques constantes, principalmente a cargo de sus nuevos drones a reacción, los llamados "Geran" (Geranios) de última generación.
La expansión de ataques con "Geranios"
La oleada de aviones no tripulados (UAV) de la jornada dejó al menos un muerto y casi una docena de heridos. Los bombardeos continuaron este miércoles, sin dar respiro a la principal villa del país.
La táctica rusa ha cambiado desde principios de este verano, cuando todavía solía recurrir a asaltos masivos contra Kiev en los que usaban cientos de drones y misiles, que espaciaba en el tiempo. Ahora son asaltos casi a diario, con un número más reducido de aparatos pero con un incremento de los misiles balísticos y especialmente de los UAV a reacción, cuya velocidad excede las capacidades de la defensa antiaérea local.
La escalada comenzó a partir de junio. Si Moscú usó entonces unos 350"Geranios" a reacción en todo el país, ese número se quintuplicó en julio hasta alcanzar los 1.500 y llegó a los 2.800 en agosto, precisó el portavoz de la Fuerza Aérea, Yuri Ihnat.

Unos residentes pasan junto a un centro de la empresa Nova Poshta, atacado con misiles balísticos rusos en Kiev.Kostyantyn Chernichkin
Según imágenes de satélite analizadas por los expertos, el eje central del operativo aéreo de Moscú contra Kiev se ha fijado en la aldea de Tsymbulova, en la región sureña de Oryol, donde los rusos han construido una gigantesca base destinada al lanzamiento masivo de los nuevos "Geranios".
Medios ucranianos advertían ya en diciembre que esas instalaciones podían acoger hasta 500 UAV y ahora alertan sobre la reciente expansión de su logística.
El bombardeo de la gasolinera del citado barrio de Holoiivskyi se sumó a un suceso similar en otro distrito capitalino. Desde principios de este mes, Moscú ha trasladado a Kiev la campaña sistemática contra las estaciones de servicio ucranianas que inició en primavera en otros muchos destinos del país como Jarkiv, Jersón o Zaporiyia.
Yaroslav Starovoitenko, presidente de la Asociación de Petróleo y Gas de Ucrania, estima que hasta ahora los UAV rusos han atacado "unas 300 gasolineras en todo el país", lo que supone entre un 5% y un 6% de todas las instalaciones que funcionan en su territorio.
"El 80% de las gasolineras dañadas han sido reparadas y están funcionando de nuevo. Rusia pensaba que podía replicar así a nuestros ataques contra sus centros de producción de petróleo y gas, que sí han provocado allí una carestía de combustible. Aquí no está pasando eso. No hay ninguna cola en las gasolineras", afirma Starovoitenko.
Si en rutas como las que se dirigen a la ciudad de Jarkiv, las estaciones de combustible calcinadas eran ya una imagen habitual desde hace meses, esta lúgubre estampa ha comenzado a multiplicarse por Kiev.
Bogdan Kukura, consejero delegado de la mayor empresa productora de petróleo y operada de red de estaciones de servicio de Ucrania, Ukrnafta, explicó a este diario que en otras partes del país han tenido que dedicar un presupuesto especial para dotar a muchas de sus instalaciones de una logística que resultaría casi distópica en cualquier ciudad de la Europa Occidental: "estamos reforzando la protección de las estaciones con redes antidrones, refugios y gaviones [cúpulas de metal] para proteger nuestros equipos de la metralla". "Ya hemos empezado también a colocar gaviones en Kiev", añadió.
El directivo de Ukrnafta certifica que estos recintos, frecuentados por los ucranianos no sólo para repostar sino para disfrutar de los modernos cafés y restaurantes que se habían añadido al negocio inicial, se han convertido en un objetivo prioritario de los drones rusos en este año. Hasta mediados de septiembre, la firma había contabilizado "más de 130 ataques, una cifra superior a la de [los ataques de] los cuatro años anteriores combinados".
Las agresiones contra las gasolineras forman parte de la estremecedora escalada de violencia que están protagonizando las fuerzas de Moscú en Kiev, que también ha sufrido repetidos asaltos contra instalaciones logísticas, almacenes y centros comerciales en los últimos meses. Una extensión de la campaña de destrucción masiva que parece haber acometido en el resto del país. "Rusia ha redoblado la apuesta con un escenario de guerra total", titulaba el diario The Kyiv Independent el mes pasado.
La estrategia de Rusia
Para Ihor Romanenko, ex teniente general y ex número dos del Estado Mayor del ejército de Ucrania, el principal objetivo ruso es "generar un fuerte impacto psicológico entre los ciudadanos, que no pueden vivir con normalidad".
El antiguo militar reconoce que la irrupción masiva de los "Geranios" a reacción constituye "un fallo de gestion". "Los mandos militares y políticos no han actuado a tiempo, a pesar de que los rusos comenzaron a probar este tipo de armas hace un año", agrega.
Durante la conferencia de Estrategia Europea Yalta que se celebró la semana pasada, el primer ministro de Ucrania, Serhiy Koretskyi, reconoció "la destrucción significativa" que está causando la intensificación de los bombardeos rusos. "La industria logística, la metalurgia, las empresas farmacéuticas y el sector agrícola han sido afectados. Es un desafío enorme y, actualmente, no tenemos una herramienta para resolver este problema [los nuevos Geranios]", admitió el titular del ejecutivo.
"Rusia quiere destruir la economía ucraniana para quebrar nuestra resistencia", le secundó el propio presidente, Volodimir Zelenski.
La intervención de ambos se produjo pocos días después de que el ministro de Finanzas ucraniano, Serhiy Marchenko, anunciara un plan de austeridad de urgencia para intentar lidiar con el menoscabo generado por esta espiral. "Nos vemos obligados a aplicar medidas para limitar los gastos", dijo.
Su colega a cargo del departamento de Economía, Oleksandr Kravchenko, estimó que las pérdidas generadas por esta ofensiva pueden superar este año los 10.000 millones de dólares, una cantidad que representa en torno al 4,5% de su PIB, y redujo la previsión de crecimiento de un 1,3% a un mero 0,5%.
El devastador efecto de la acometida rusa es una obviedad si se transita en las inmediaciones de Kiev, por la autopista que conduce hacia la ciudad norteña de Chernihiv. Aquí, a pocos kilómetros de la capital, se suceden las enormes extensiones de almacenes de firmas tan conocidas como Rozetka o Raben reducidas a montañas de metal y aluminio achicharrado.
Lo mismo ocurre con las instalaciones de lo que fue uno de los principales centros de distribución de la firma Epicentr en la capital.
Desde una de las pocas escaleras que sobrevivió al fuego, los 20.000 metros cuadrados que emulaban a los modernos complejos logísticos de Amazon y podían acoger hasta 250.000 paquetes de diversas dimensiones aparecen ahora como una sucesión interminable de aleaciones y plástico achicharrados. La ingente fogata se extendió durante más de una jornada y consiguió que los cuatro niveles de las estructuras se fundieran hasta formar una masa compacta de chatarra abrasada.
"Fueron dos misiles. Acudieron 10 equipos de bomberos y ni siquiera ellos pudieron frenar el incendio. Se han perdido miles de millones de grivnas", precisa Oleksandr Khimich, uno de los responsables del centro, que fue testigo del suceso. Ese mismo día, los drones y cohetes rusos impactaron también en otro complejo de la misma compañía situado en las afueras de Kiev.
Los drones rusos han arrasado o causado graves daños en docenas de centros de almacenamientos desde principios de julio. La revista Forbes Ucrania calculó que esas acciones han supuesto la destrucción de más de 400.000 metros cuadrados de estos complejos. A finales de agosto, las autoridades dijeron que un 90% de las instalaciones de almacenamiento moderno del país habían sido asoladas por completo o dañadas.
Sin llegar a ser una coyuntura generalizada, algunos supermercados capitalinos se han visto obligados a exhibir estanterías vacías durante estas semanas con carteles que aludían a la crisis. "Estimados clientes: debido a un ataque enemigo, algunos artículos están tardando más en llegar. No es la primera vez. Saldremos adelante", se leía en uno de ellos. "Rusia destruyó este producto", indicaba otro.
La respuesta de Kiev
Una de las principales cadenas ucranianas de estos establecimientos, Atb, anunció a finales de agosto que imponía un límite en la compra de algunas mercancías para evitar la especulación.
Las incursiones aéreas en Kiev se recrudecieron a partir del 27 de agosto. Entre esa jornada y el 1 de septiembre, la capital tuvo que afrontar más de 60 alertas aéreas durante 52 horas. Ese mes, los centros comerciales, por ejemplo, tuvieron que suspender sus actividades a causa de las amenazas una de cada cinco horas.
"Cada vez que suenan las alarmas hay que evacuar a los empleados y los clientes. Lo más importante es la vida de nuestros clientes pero es obvio que esta dinámica supone grandes pérdidas económicas", comenta Victoria Savitska, portavoz de Epicentr.
Durante los primeros días de este mes varias acciones rusas destruyeron cientos de toneladas de medicinas almacenadas en la principal metrópoli del país y la cercana ciudad de Boryspil.
Los cohetes y drones rusos también han redoblado el bombardeo de los centros metalúrgicos más emblemáticos del país, sitos en Zaporizhia y Krivy Rih.
Tras el tercer ataque con misiles contra sus instalaciones en esa primera ciudad en los últimos 30 días, la firma Metinvest, propiedad del magnate Rinat Akhmetov, reconoció que estos embates persiguen "la destrucción sistemática de la industria de Ucrania y de su base económica. Los daños son críticos".
Pero la "guerra total" no es unidireccional. A diferencia de los años anteriores, Rusia está sufriendo la réplica ucraniana, que ahora aplica la máxima del ojo por ojo. Sus aviones no tripulados han golpeado en repetidas ocasiones este verano los almacenes de las dos principales compañías de distribución de ese país: Wildberries y Ozon. Según la revista ucraniana NV, hasta 22 veces en el caso de la primera firma desde el 18 de julio.
Los bombardeos de las instalaciones relacionadas con la industria petrolera están causando asimismo un daño relevante hasta el punto de que hace días la Agencia Internacional de Energía revisó a la baja la producción rusa colocándola en torno a los 4 millones de barriles diarios, una disminución del 30% respecto a los niveles anteriores a 2022.
El Instituto para el Estudio de la Guerra calculó que los UAV ucranianos han impactado en 26 refinerías rusas desde el inicio de este año.
El resultado más inmediato han sido las restricciones que tienen que enfrentar las gasolineras rusas. Según fuentes de ese país citadas por Reuters, la producción actual sólo cubría un 70% de los requerimientos a nivel nacional.
El máximo responsable de las fuerzas No tripuladas de Ucrania, Robert Madyar Brovdi, indicó el pasado día 12 que sus drones habían atacado 285 petroleros de la llamada "flota fantasma" rusa, en julio y agosto en el mar Negro, lo que ha obligado a estas embarcaciones a suspender sus desplazamientos en varias regiones de este espacio marítimo.
Dentro de esta dinámica, la ofensiva bilateral contra los cargueros y la logística destinada a la exportación de productos agrícolas del adversario está generando una escalada fulgurante de los precios del grano a nivel mundial -Rusia y Ucrania son dos referentes en la exportación de estos alimentos a nivel global-, anticipando una posible crisis para muchos estados dependientes de esta vía de suministro.
"Será muy difícil para nosotros. Pero habrá otros muchos países en peor situación. Simplemente no tendrán alimentos. No tendrán nada que comer, incluso si disponen de dinero", manifestó el pasado día 11 el presidente Zelenski.
Para el analista ucraniano Mykola Beleskov esta devastadora pugna aérea sólo tiene un posible final: "Rusia y Ucrania se están empujando mutuamente hacia la Edad de Piedra. Una guerra de desgaste es una guerra que sacrifica el futuro".