
Las Naciones Unidas reforzarán su presencia en las zonas más afectadas por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el occidente de Colombia y enviarán una misión humanitaria al municipio de San José del Palmar, identificado como el epicentro del movimiento telúrico.
El objetivo será establecer de primera mano las necesidades de la población y definir las prioridades para la entrega de asistencia.
La misión estará integrada por representantes de distintas agencias humanitarias y buscará recopilar información en terreno sobre las condiciones de los damnificados, especialmente en sectores rurales y de difícil acceso.
De acuerdo con Chiara Capozio, jefa de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha) en Colombia, el equipo trabaja en coordinación con las autoridades nacionales para determinar dónde se requiere mayor apoyo.
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El terremoto, registrado el lunes 10 de agosto, deja entre 240 y 273 personas muertas, según los balances conocidos hasta ahora, mientras continúan las labores de búsqueda y rescate.
La emergencia también ha provocado graves daños en infraestructura y ha obligado a cientos de familias a buscar refugio.

Una primera evaluación establece que 61 edificios colapsaron, 387 viviendas quedaron completamente destruidas y al menos 5.000 resultaron afectadas.
Además, se reportan daños en 550 centros educativos, 24 instalaciones de salud, 350 centros comunitarios y 53 carreteras.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, cerca de seis millones de personas sintieron el movimiento.
El epicentro se ubicó en la región del Chocó y posteriormente se registraron decenas de réplicas, entre ellas una de magnitud 4,8 que volvió a generar preocupación entre los habitantes de las zonas afectadas.
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Capozio explicó en entrevista con Blu Radio que Naciones Unidas mantiene comunicación permanente con la Cancillería y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), además de participar en el puesto de mando unificado nacional.
La solicitud de asistencia internacional presentada por Colombia incluyó cuatro áreas principales: seguridad alimentaria, albergues, salud y kits de higiene. A partir de ese requerimiento, las agencias de Naciones Unidas comenzaron a movilizar recursos y personal para apoyar la respuesta estatal.
Ya se iniciaron distribuciones de kits humanitarios en algunos albergues de Quibdó y se prepara el desplazamiento de más funcionarios para fortalecer la atención en refugios temporales. La organización también contempla ampliar su presencia en Pereira y otros municipios afectados.
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Jens Laerke, portavoz de Ocha, señaló que entre las necesidades más urgentes están el acceso a agua potable, alimentos, alojamiento, atención sanitaria, artículos para el hogar y elementos de higiene. Sin embargo, advirtió que todavía se adelantan evaluaciones para establecer con precisión la magnitud de las necesidades.
María José Torres Macho, coordinadora residente de Naciones Unidas en Colombia, afirmó que el impacto de la emergencia está siendo mayor de lo previsto inicialmente. La funcionaria explicó que los balances continúan modificándose a medida que llegan reportes desde los territorios.
Uno de los principales desafíos es obtener información de las zonas rurales y apartadas de la costa Pacífica, donde las dificultades de comunicación y acceso han retrasado la consolidación de los datos.
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La emergencia también desencadenó una operación de cooperación internacional. Estados Unidos movilizó equipos técnicos de búsqueda y rescate provenientes de Virginia y California, mientras que Perú anunció el envío de rescatistas y ayuda humanitaria. Ecuador ofreció 47 especialistas, perros de búsqueda y equipos del Cuerpo de Bomberos de Quito.
El Salvador, por su parte, anunció el envío de dos aviones con suministros, luego de que Colombia solicitara asistencia principalmente en forma de insumos para los damnificados.

La Cancillería instaló además un puesto de mando para coordinar las ofertas de gobiernos y organismos multilaterales. Según las cifras entregadas por el Gobierno, las propuestas de cooperación recibidas alcanzan los 1.300 millones de dólares, entre créditos de emergencia, asistencia técnica y recursos no reembolsables.
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Dentro de esa cooperación aparecen líneas de financiamiento del Grupo BID por hasta 300 millones de dólares, una donación del Banco Mundial de 200.000 dólares para evaluar los daños y una contribución de CAF de 500.000 dólares para atender necesidades humanitarias.
Naciones Unidas también puso a disposición un recurso de cinco millones de dólares del Fondo Central de Emergencia para responder a las necesidades generadas por el terremoto.