La guerra en Medio Oriente mantiene al petróleo por encima de los 100 dólares y reactiva el temor a una crisis. El bloqueo en la región, la extensión del conflicto hacia el mar Rojo y las perturbaciones en el estrecho de Ormuz provocaron otra fuerte suba, mientras las consecuencias se sienten en las estaciones de servicio.
El barril de Brent, referencia internacional, cerró ayer en 107,63 dólares, con un salto del 6,34% en una sola jornada y de más del 20% desde la reanudación de las hostilidades. El WTI estadounidense terminó en 102,48 dólares, tras avanzar 6,69%. El crudo no alcanzaba esos valores desde mayo, antes de la tregua y del acuerdo de junio entre Irán y Estados Unidos.
Ahora el mercado vuelve a incorporar un escenario prolongado de guerra. Los operadores reaccionan también a la posibilidad de que las interrupciones en el suministro se extiendan. Esa expectativa imprime un costo adicional que los compradores pagan ante el temor de que falten barriles.
ORMUZ SIGUE BAJO LA LUPA
El estrecho de Ormuz ocupa un lugar central. Por allí circula una parte decisiva del petróleo y del gas que abastecen a los mercados internacionales, por lo que cualquier obstáculo tiene efectos globales. Los Guardianes de la Revolución de Irán afirmaron ayer haber atacado un dron marítimo estadounidense. Un día antes, Teherán había apuntado contra una veintena de barcos en respuesta a ataques estadounidenses.
El secretario de Energía de Estados Unidos estimó los flujos de salida de Ormuz en unos 11 millones de barriles diarios, pero analistas cuestionaron la cifra. Jorge León, de Rystad Energy, calculó que pasaron de 8 millones a menos de 2 millones diarios, cerca de 1,5 millones.
La incertidumbre domina al mercado. Por ahora todavía llegan cargamentos. Pero cada barril que consigue salir incorpora mayor riesgo y, por lo tanto, un precio más elevado. La pregunta es cuánto tiempo durará la amenaza.
El problema se extiende al mar Rojo. Los rebeldes hutíes tomaron ayer la ciudad de Moca, en un avance hacia el control del estratégico estrecho. En julio habían anunciado un bloqueo contra Arabia Saudita y ya habían atacado buques.
La producción saudita mostró una leve baja en agosto, según el informe mensual de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. (OPEP) El mercado teme que una combinación de menor producción, rutas bloqueadas y ataques a embarcaciones termine afectando el suministro mundial.
La primera señal aparece en los combustibles. En Estados Unidos, el precio promedio del galón de diésel llegó ayer a unos 5,98 dólares, un récord. Si el crudo sigue por encima de los 100 dólares, la presión puede trasladarse al transporte, la industria y otros bienes, alimentando de nuevo la inflación. Una crisis originada en una ruta marítima estratégica puede golpear mucho más lejos del campo de batalla.
IMPACTO EN WALL STREET
El impacto también llegó a Wall Street. La Bolsa de Nueva York cerró ayer con pérdidas ante el avance del petróleo y el alza de los rendimientos de la deuda. El Dow Jones cayó 0,60%, el Nasdaq perdió 0,65% y el S&P 500 retrocedió 0,58%.
Para los mercados, la combinación es especialmente incómoda. Un petróleo más caro amenaza con prolongar la inflación, mientras que una deuda con mayores rendimientos vuelve menos atractivas las acciones. Angelo Kourkafas, analista de Edward Jones, señaló que resulta cada vez más difícil ignorar el efecto conjunto de ambos factores sobre el ánimo de los inversores.
El temor se reforzó con los nuevos datos de precios en Estados Unidos. El índice de precios al productor avanzó 5,4% interanual el mes pasado, frente al 4,8% de julio.
El dato alimentó la expectativa de una inflación elevada durante más tiempo.
La deuda también reaccionó con fuerza. La tasa de interés de los bonos del Tesoro estadounidense a 30 años saltó hasta 5,37%, su nivel más alto desde 2007. El aumento encarece el financiamiento y agrega presión sobre las acciones.
La tensión entre petróleo, inflación y tasas deja a Wall Street frente a un escenario difícil. Si la guerra continúa y el crudo permanece por encima de los 100 dólares, el impacto puede extenderse desde las estaciones de servicio hasta las decisiones de inversión y de política económica. Sin una señal clara de desescalada entre Washington y Teherán, el mercado seguirá pagando por el petróleo y por el riesgo de que deje de circular.
El conflicto convierte así a la energía en el termómetro más sensible de una guerra cuyo impacto económico sigue ampliándose.
Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial