26 de julio, 2026 - 06h00
Ecuador desde hace décadas es líder en exportaciones de banano convencional, ahora de orgánico y también de plátano. Puede afirmarse, sin exageración, que ocupa el primer lugar mundial en la exportación de musáceas comestibles. Pero enfrenta un adicional y grave problema que debilita su sostenibilidad: los bajos precios que se pagan por ellos en el mercado internacional, que ni siquiera reflejan la inflación acumulada. El valor por caja no cubre los costos de producción y menos deja un margen razonable para los eslabones más débiles de la cadena de valor. La situación resulta más lacerante porque los productores deben enfrentar paralelamente la amenaza del Fusarium R4T, la creciente inseguridad y la incertidumbre asociada al fenómeno del Niño, con efectos impredecibles y antecedentes nefastos.
Los gremios bananeros han sido persistentes en denunciar esta realidad. Señalan, con razón, que una parte importante del problema radica en las grandes cadenas de supermercados, que dominan la venta minorista. Con frecuencia utilizan el banano como loss leader, es decir, un producto de atracción para incrementar el flujo de clientes, reduciendo su precio hasta niveles que incluso pueden representar pérdidas aparentes. Esa estrategia termina trasladando la presión hacia atrás en la cadena, afectando el ingreso de exportadores y, sobre todo, productores, mientras los intermediarios preservan sus márgenes. El resultado es paradójico. El consumidor encuentra en los supermercados uno de los alimentos más baratos, sin advertir que detrás de cada caja exportada existe una cadena productiva sometida a réditos cada vez más estrechos. Productores, trabajadores, exportadores y el propio Estado reciben menos recursos de los que crea una actividad estratégica para la economía ecuatoriana.
En ese contexto, adquiere especial importancia un hecho sin precedentes: en Estados Unidos las principales empresas importadoras decidieron constituir una asociación destinada a promover la sostenibilidad del banano y analizar los desafíos que enfrenta la cadena de abastecimiento. Ese evento confirma que el malestar ya no pertenece exclusivamente a los productores. Los grandes importadores reconocen públicamente que el precio internacional del banano ha llegado a un nivel incompatible con la viabilidad futura del cultivo. Se configura así una inusual coincidencia de intereses entre productores, exportadores, importadores estadounidenses y organismos internacionales que convergen en una misma conclusión: es indispensable un precio que permita financiar la sostenibilidad de la actividad y garantizar el abastecimiento futuro.
Gran ocasión para los gremios de fortalecer su lucha agregando a los importadores, a los microproductores y al Gobierno en un esfuerzo conjunto que también involucre a las grandes cadenas de supermercados. Ellas deben comprender que el precio del banano no cubre el costo de preservar el futuro del cultivo. Sostener esta actividad socioeconómica es una necesidad para Ecuador y un aporte a los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, especialmente a la lucha contra el hambre y aportar a la seguridad alimentaria. (O)