Por la libertad
Siempre que analicemos el presupuesto del gobierno debemos recordar a Adam Smith y la prudencia fiscal.


Este año, el proyecto de presupuesto del Estado de Guatemala para 2027 presenta un déficit del 4.4% del PIB (producto interno bruto). Este proyecto debe ser aprobado, modificado o rechazado por los diputados a más tardar el 30 de noviembre. Como en los años anteriores de este gobierno, estamos ante un presupuesto fiscalmente asimétrico e irresponsable. No es de extrañar, ya que este gobierno se identifica con un keynesianismo obsoleto, derrochador e irresponsable. Hay una anécdota en la que el mismo Keynes llegó a declarar, en una reunión con economistas estadounidenses, que cuando vio que todos proponían gastos irresponsables e ilimitados, él dijo que era el único “no keynesiano” de esa reunión. Me parece que este gobierno se quedó como esos economistas irresponsables que solo piensan en los gastos, como si no tuvieran consecuencias serias sobre la economía de las personas.
El presupuesto actual es altamente deficitario. Un 4.4% sobre el PIB es altísimo, pero al verlo sobre los ingresos uno se asusta aún más, pues representa el 40% de los mismos. Mientras los gastos con relación al PIB se incrementan al 17.6% en 2027, los ingresos tributarios con relación al PIB se estima que sean del 12.1%. El gobierno sigue endeudándose, y lo peor es que parte de la deuda va para gastos de funcionamiento. Hay que bajar los gastos y adecuarlos a los ingresos. Así, con bajos gastos se desarrollaron los países que hoy son ricos.
Siempre que analicemos el presupuesto del gobierno debemos recordar a Adam Smith y la prudencia fiscal. ¿Cómo es que el gobierno puede gastar más de lo que le ingresa sin ninguna restricción, mientras que una familia tiene que apretarse el cinturón y reducir sus gastos para que le alcancen sus ingresos mensuales? ¿Por qué el gobierno no da el ejemplo? La prudencia en una familia la hace adaptar sus gastos a sus ingresos. El gobierno debería hacer lo mismo: recortar gastos. Sin embargo, este presupuesto tiene incrementos de gastos muy sospechosos. Por ejemplo, el Ministerio de Desarrollo Social tiene un incremento del 37.6%. El nuevo gasto será de Q5,500 millones. Este es un ministerio que, en un año electoral, se vuelve clientelar, además de que se habla de mucha corrupción en el mismo. Es un ministerio que hay que cerrar. También generan dudas los aumentos en el Ministerio de Trabajo (31.7%), en las secretarías de la Presidencia (37.7%) y en el Ministerio de Economía (54.9%). El servicio de la deuda pública se incrementa en 15.7%. Otros ministerios también aumentan más de la cuenta, mucho más que los ingresos tributarios.
La consigna keynesiana de gastar, sin importar en qué, está mal entendida, pero es la que está utilizando este gobierno. Lo ideal sería tener una simetría fiscal, es decir, que los gastos no superen los ingresos fiscales. De haber deuda, esta debería tener un techo y utilizarse solo para proyectos que, por sí solos, representen el mayor costo-beneficio. Se aumentó el presupuesto del Ministerio de Comunicaciones en 39.8% y, aunque uno espera que esto sea para inversión, el ciudadano se pregunta en dónde están esos recursos, ya que muchas de las carreteras principales del país siguen en abandono.
El Congreso no solo debe rechazar este proyecto de presupuesto, sino modificarlo, recortando gastos sospechosos que no tienen nada que ver con la función principal del gobierno: la seguridad y la justicia. Además, debe evitar incrementar la deuda y buscar que no haya déficit fiscal, es decir, que el déficit sea cero. Si el gobierno se comportara como lo hacen los ciudadanos, ya no tendría capacidad de endeudarse y el déficit fiscal sería cero. La fiesta se acabaría y dejaría de endeudar irresponsablemente a las siguientes generaciones.
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