La percepción que tienen las personas sobre la economía y su futuro no es buena. El pesimismo está instalado y eso queda reflejado en las últimas encuestas. Una de ellas es Cadem que muestra que las expectativas futuras del país y la situación de las familias estén en niveles máximos de pesimismo desde que hay registros.
En la encuesta Pulso Ciudadano, la visión sobre la situación económica mantiene esa misma tendencia. En su última medición correspondiente a la segunda quincena de julio, la percepción de la situación económica del país se mantiene en terreno negativo: el 49,1% la califica como mala o muy mala, el 39,9% como regular y sólo el 10,4% como buena o muy buena.
En cuanto a la comparación con el año anterior, el 52,4% considera que la economía está peor que hace un año (sube desde 49,8% en julio Q1), sólo el 16,0% cree que esta mejor y el 30,3% que esta igual. La zona centro del país registra el mayor pesimismo retrospectivo (60,7% dice que está peor).
La proyección futura tampoco mejora: el 40,2% cree que en un año la situación económica estará peor (sube desde 34,5% en julio Q1), el 23,6% cree que estará igual y sólo el 31,7% espera una mejora.
¿Qué explica este escenario de pesimismo? Roberto Izikson, gerente general de Cadem dice que “a fines de 2025, las expectativas respecto al futuro del país eran las más altas en 8 años. Las personas pensaban que al país, a la economía y a sí mismos les iba a ir significativamente mejor que el 2025 y las mayores aspiraciones eran en torno a trabajo y seguridad. Además, 6 de cada 10 esperaban que a Chile le fuera bien con el gobierno de José Antonio Kast”.
Pero para Izikson todo eso cambió el 26 de marzo, con el denominado bencinazo. “El 60% consideraba que el alza de los combustibles era evitable y el 72% habría preferido que el alza fuera gradual. A partir de ese momento comenzaron a cambiar las prioridades de los chilenos y la economía y empleo se transformó en el número uno, pasando de 41% en marzo a 67% en julio. Junto con eso, los sentimientos negativos alcanzaron su punto más alto desde 2024, el pesimismo se apoderó de las percepciones económicas a nivel de opinión pública y el escepticismo del mundo empresarial”.

Asimismo, añade que “la situación económica personal y familiar negativa lleva 14 semanas consecutivas por sobre las positivas, un dato relevante considerando que en pandemia fueron 19. A eso se suma que las expectativas respecto a los principales compromisos de campaña, inmigración, economía/desempleo y delincuencia en gran medida se han frustrado”.
Alejandro Fernández, economista de Gemines consultores refrenda esa visión: “Es evidente que el “bencinazo” frenó la mejoría en las expectativas que se produjo luego del triunfo de Kast en torno a la segunda vuelta”.
De acuerdo al economista a eso se suma “el deterioro en el mercado laboral y el aterrizaje de expectativas respecto a la marcha de la economía, ya que la recuperación va a ser lenta de los previsto por la guerra en Irán. Con todo es sorprendente la magnitud del deterioro, pero estos son los factores.
Felipe Alarcón, economista de Euroamerica, añadió que “esto estaría explicado principalmente por el alto desempleo y el estancamiento económico. El alza del precio de los combustibles pudo haber jugado también un papel importante”.
Viviana Véjar, economista, profesora investigadora de Faro UDD suma argumentos y plantea que “es difícil sostener la idea que exista una sola causa que esté causando este pesimismo en las familias chilenas respecto a las expectativas futuras. Chile, como país miembro de la OCDE, ha alcanzado un nivel de desarrollo que ha desplazado el referente tradicional de comparación desde los países de la región hacia las economías más avanzadas del mundo. Si bien, en términos generales, Chile continúa situándose entre los países latinoamericanos con mejores indicadores de calidad de vida, la incorporación al grupo de naciones desarrolladas ha generado una tendencia a comparar el bienestar de su población con el de los habitantes de los países más ricos del planeta”.
Ignacio Martínez, economista de Banco Itaú, argumenta que “hay varios factores que probablemente están influyendo. Por un lado, el alza en los precios de combustibles se ha sentido en los presupuestos familiares. Por otro, la creación de empleo sigue siendo relativamente débil, lo que hace que muchas personas no perciban una mejora clara en su situación. A eso se suma una desaceleración en el crecimiento de los salarios reales y condiciones de crédito que todavía no repuntan con fuerza”.
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