
Las palpitaciones cardíacas son una sensación en la que el latido del corazón se vuelve más perceptible de lo habitual. Pueden sentirse como golpes fuertes en el pecho, un ritmo acelerado, una especie de aleteo o la impresión de que el corazón se salta un latido. Según la Cleveland Clinic y el sistema público de salud del Reino Unido, también es posible notarlas en el cuello o en la garganta, y pueden durar apenas unos segundos o extenderse durante varios minutos.
Se trata de un fenómeno frecuente y, en muchos casos, no representa un problema grave. Pueden aparecer por estrés, ansiedad, falta de sueño, cafeína, alcohol, nicotina, ejercicio, deshidratación o cambios en los niveles de azúcar y de ciertos minerales en el organismo. La Cleveland Clinic incluso señala que son uno de los motivos habituales de consulta, aunque la mayoría de las veces no se vinculan con una enfermedad cardíaca peligrosa.
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Aun así, no siempre conviene restarles importancia. El NHS y la propia Cleveland Clinic advierten que, cuando son persistentes, se repiten con frecuencia o aparecen junto con dolor en el pecho, dificultad para respirar, mareos o desmayos, pueden requerir evaluación médica. En esos casos, el objetivo suele ser descartar una arritmia, que es una alteración del ritmo cardíaco, o detectar otras condiciones como anemia, problemas tiroideos o enfermedades del corazón.
Las palpitaciones que aparecen después de comer son bastante comunes y, en general, no indican un problema de salud subyacente. La Cleveland Clinic explica que pueden intervenir tanto el proceso de masticar, tragar y digerir como ciertos ingredientes presentes en los alimentos, e incluso emociones asociadas al momento de comer, como ansiedad o estrés.
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Entre los desencadenantes aparecen los alimentos con alto contenido de azúcar, sodio o carbohidratos, sobre todo si existen episodios de hipoglucemia. La clínica estadounidense detalla que también pueden influir comidas picantes o grasas, en parte porque pueden favorecer la acidez estomacal, y compuestos como el glutamato monosódico, la teobromina del chocolate y la tiramina presente en alcohol, quesos curados, embutidos y frutas secas.
El alcohol figura de manera repetida entre los factores asociados. La doctora Payal Kohli indicó a Medical News Today que distintos trabajos encontraron una relación entre su consumo y el mayor riesgo de fibrilación auricular, un tipo de arritmia que puede manifestarse con palpitaciones.
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La cafeína ocupa un lugar más matizado. Una declaración científica de la Asociación Americana del Corazón publicada en la revista Circulation señala que el consumo moderado de café no solo no aumenta el riesgo de fibrilación auricular, sino que en consumidores habituales puede reducirlo. El consumo por encima de tres tazas diarias, en cambio, puede favorecer palpitaciones en personas sensibles.
Además de la dieta, también pueden intervenir suplementos y medicamentos. Cleveland Clinic menciona compuestos como la efedra, el ginseng, el espino blanco y la valeriana. Entre los medicamentos se encuentrean fármacos para la alergia, el asma y el resfrío, antibióticos, insulina, medicación para la tiroides y para la presión arterial. En todos los casos, la evaluación depende de cada persona, su historia clínica y la frecuencia de los episodios.
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Cuándo conviene consultar y qué evaluación suele indicarse
El NHS recomienda buscar atención médica si las palpitaciones persisten, se repiten con frecuencia después de las comidas o se acompañan de síntomas de alarma: dolor o molestia en el pecho, falta de aire, mareo, confusión, desmayo u opresión que se extienda a brazos, cuello, mandíbula o parte alta de la espalda. Esa combinación requiere atención inmediata.

En la consulta, el abordaje suele empezar por una revisión clínica y preguntas sobre el contexto en que ocurren los episodios. Según la Cleveland Clinic, los profesionales evalúan la dieta, los medicamentos, los suplementos, el estilo de vida y los síntomas asociados. Llevar un registro de lo que se comió o bebió, cuánto duró la palpitación y qué estaba ocurriendo en ese momento facilita ese proceso.
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Entre las medidas generales para reducir episodios cuando no hay una enfermedad grave detrás figuran identificar alimentos o bebidas desencadenantes, moderar el alcohol y la cafeína, mantenerse hidratado, dormir bien, reducir el estrés y dejar de fumar.
Según la Cleveland Clinic, el electrocardiograma —un registro de la actividad eléctrica del corazón— es el primer estudio que suele indicarse para detectar arritmias, incluso cuando los síntomas no son continuos.
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