Actualizado Domingo, 25 octubre 2026 - 01:26
El otoño aún no ha llegado a su máximo esplendor en Estados Unidos, pero las calabazas de Halloween ya aparecen en cada rincón y recuerdan que comienza la cuenta atrás para la noche del 31 de octubre. El truco o trato resonará en todas las puertas, las mismas a las que los candidatos a las 'midterms' llevan semanas llamando para conseguir un voto decisivo en la pugna por el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Truco o trato... La suerte para el 3 de noviembre está echada.
El futuro inmediato del Congreso de EEUU se sigue con gran expectación en el resto del mundo. Pero los ciudadanos estadounidenses no reparan en ello. Más que nunca, centran su atención en lo que ocurre dentro de sus fronteras y hacen caso omiso de la imagen internacional que proyectan. Muchos votaron por Donald Trump y una promesa de "América Primero" que, dos años después, sigue sin materializarse, lo que les tiene enormemente preocupados y frustrados.
El elevado coste de la vida, los problemas de vivienda o de atención sanitaria, junto a otros asuntos cotidianos, ocupan cada vez más espacio en las noticias del país norteamericano. La política nacional desplaza a la exterior. Políticos y votantes parecen haber llegado a un acuerdo tácito: la prioridad es la situación interna del país y el resto del mundo puede esperar. Ya no importa la influencia que EEUU pueda ejercer en el escenario internacional.
Por si fuera poco, la herida abierta de Irán sigue sangrando y escociendo. Es la constatación de que EEUU ya no es la superpotencia 'invencible' capaz de moldear a su antojo el orden mundial. A partir de ahora, sus esfuerzos se concentrarán en una dirección: la competición con China. Y poco más. Imperará la lógica transaccional, y aquí los europeos llevamos las de perder. Ya se ha hecho célebre entre los americanos una expresión que resume esta visión: "¿Qué nos llevamos a cambio de defender Europa? ¿Aceite de oliva y vino?".
Ahora bien, si Estados Unidos renuncia a su propósito de representar algo en el mundo (lo que tradicionalmente se ha asociado a la defensa de los valores democráticos) se abre ante el país una encrucijada: ¿en qué quiere convertirse? Ahí reside precisamente el debate actual, analizado esta semana en la Universidad de Yale en el programa 'Orden mundial: liderazgo en tiempos de cambio', coorganizado por IE School of Politics, Economics & Global Affairs de IE University y la Yale Jackson School of Global Affairs.
Muchos expertos sostienen que esta tendencia que se ha acentuado con la Administración Trump se podría prolongar en un posible futuro con el Partido Demócrata. Y de nuevo surgen más preguntas: ¿está realmente preparado EEUU para dar un paso atrás y reconocer sus propias limitaciones?
DE TEHERÁN A KIEV
Para ello, Washington deberá primero salir del avispero iraní en el que se metió el 28 de febrero, un conflicto que también ha frenado sus planes previstos para Cuba una vez que logró llevar a la velocidad del rayo a Nicolás Maduro a una prisión de Nueva York. Pero en Oriente Próximo el reloj va más despacio, lo que desespera a la Casa Blanca. De ahí las recientes declaraciones de Donald Trump sobre la guerra de Ucrania, en las que vuelve a hacer guiños a Vladimir Putin mientras arremete contra el presidente ucraniano: "Zelenski no quiere terminar esta guerra. ¡YO SÍ QUIERO QUE TERMINE ESTA GUERRA!". Trump necesita presentar a toda costa un éxito en política exterior y quiere encontrarlo en Ucrania, donde trata de acelerar un acuerdo con Putin que perjudicaría a Kiev.
A día de hoy, el gran perdedor de la guerra de Irán (más allá del bolsillo del ciudadano) podría ser Ucrania. Hace apenas unos meses, Kiev llevaba la iniciativa en el frente; en la actualidad, con Washington utilizando el conflicto como cortina de humo y el eje Rusia-China-Irán reforzando su alianza estratégica, el panorama se presenta sombrío para Volodimir Zelenski. Y, con él, para toda Europa.
Tres palabras resumen el nuevo orden global que cobra forma: incertidumbre, imprevisibilidad e inestabilidad. Esto es, la incertidumbre ante un Estados Unidos imprevisible en un mundo cada vez más inestable. Frente a ello, queda patente la fragilidad de Europa, que ha tenido que plegarse a las exigencias de la Casa Blanca, como evidenció la disputa arancelaria, en un contexto en el que estaba en juego la seguridad del continente.
Si en Estados Unidos resuena la frase del vino y el aceite como ejemplo sobre su relación con Europa, otra advertencia cobra fuerza ante las inminentes elecciones al Congreso y la posibilidad de que los republicanos pierdan las riendas de ambas Cámaras: "Donald Trump puede convertirse pronto en un 'pato cojo', pero incluso entonces seguirá teniendo capacidad para aletear de un lado a otro y generar turbulencias".
Truco o trato... ¿Qué camino emprenderá Estados Unidos en plena transformación del orden internacional tal y como lo conocemos, un orden destinado a no volver jamás?