La estrategia económica del Gobierno enfrenta el desafío de contener la inflación sin profundizar la caída de la actividad. Federico Glustein cuestionó los costos de la restricción monetaria y advirtió sobre las dificultades que podría generar la demanda de dólares durante las vacaciones de verano.
Glustein explicó que el Banco Central mantiene una política de absorción de pesos que restringe la liquidez del mercado, aunque sus resultados sobre la inflación no serían suficientes para compensar sus costos económicos. El economista analizó el escenario en Ronda de Economistas, por +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil.
Restricción monetaria: los costos del ajuste sobre la economía
"Hizo un estrangulamiento monetario, cada vez que puede el Banco Central aspira a los pesos que hay en la plaza", sostuvo el economista. Sin embargo, advirtió que "es una restricción bastante costosa" y que, hasta el momento, "no es una ancla inflacionaria".
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
El analista también señaló que el nivel del tipo de cambio real representa un problema para la competitividad y la actividad económica. En ese contexto, remarcó las consecuencias de mantener tasas de interés elevadas y reducir la circulación de dinero.
"Tenemos este estrangulamiento de la actividad", afirmó Glustein, al describir los efectos de una política monetaria restrictiva sobre el funcionamiento de la economía.
Además, advirtió sobre los riesgos de liberar liquidez más adelante, especialmente si el dinero termina concentrándose en grandes operadores financieros. "Les va a llegar a los grandes jugadores que te van a migrar la posición hacia hard dólar, hacia posiciones dolarizadas", explicó, al alertar sobre la posibilidad de una suba abrupta del tipo de cambio.
Dólar, vacaciones de verano e inflación: los desafíos para el Gobierno
Otro de los puntos centrales del análisis fue la demanda estacional de divisas durante diciembre, enero y febrero, un período en el que los argentinos suelen incrementar sus gastos en el exterior.
"Mi principal preocupación, más que el efecto monetario, es cómo el Gobierno va a hacer para mantener el dólar quieto", señaló Glustein. Según explicó, esa demanda podría rondar los 3.000 millones de dólares durante la temporada de verano.
El economista planteó que el desafío oficial consiste en sostener la estabilidad cambiaria sin perjudicar la recuperación económica ni reactivar las presiones inflacionarias. "Cómo va a hacer para que eso produzca un incremento de la actividad y que eso a su vez no haga perjudicar el programa inflacionario", se preguntó.
En ese sentido, advirtió que una eventual necesidad de compensar la salida de divisas mediante una mayor emisión monetaria podría trasladarse a los precios. "Eso va a generar inflación", afirmó.
Finalmente, Glustein alertó sobre los riesgos de sostener este esquema en un contexto de inflación persistente: "Va a ser un esquema peligroso que no podés soltar desde el Banco Central".