El acelerado avance de la inteligencia artificial (IA) transforma y redefine todo tipo de industrias, y el ámbito del derecho no es la excepción. De hecho, el 80% de los profesionales legales prevén que esta tecnología tendrá un impacto transformacional alto en su trabajo en los próximos cinco años, según datos del Future of Professionals Report 2025, realizado por Thomson Reuters. En ese sentido, la investigación revela mejoras en aspectos como productividad y ahorro de tiempo.
“La entrada de la IA va a oxigenar mucho la industria legal, que hasta ahora no ha tenido grandes transformaciones. Va a liberar mucho del trabajo repetitivo y se van a destacar elementos que requieren más, justamente, lo humano, el criterio y la creatividad”, analiza en diálogo con LA NACION Andrés Arellano, CEO y cofundador de Magnar, una legaltech de origen chileno, que está pronta a desembarcar en la Argentina.
A su vez, sostiene que las oficinas de abogados deberán contar con equipos cada vez más multidisciplinarios. “Hoy lo que hace falta es sumar una mirada desde la tecnología pero no como soporte, sino directamente al negocio”, profundiza.
En este contexto, herramientas como Magnar comienzan a marcar un diferencial dentro de la práctica profesional del derecho. Específicamente, se trata de una plataforma de IA legal diseñada para apoyar a abogados y equipos legales mediante herramientas de búsqueda, análisis y síntesis jurídica basadas en fuentes normativas y jurisprudenciales locales.
Más de 25.000 abogados de América Latina ya utilizan esta herramienta y, para 2027, la firma proyecta alcanzar los 50.000 usuarios. La compañía opera en Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica, Colombia y Uruguay y, ahora, la Argentina es su próximo paso.
“Para nosotros, Argentina hoy es la prioridad y es un mercado absolutamente clave. Es un mercado muy desarrollado tecnológicamente y estamos seguros de que va a haber una adopción muy rápida. Hemos estados vinculándonos con algunos estudios de abogados y ya hay más de 1000 usuarios registrados”, señala Arellano.
Y agrega: “Entendemos que ejercer el derecho aquí implica navegar un ecosistema normativo de alta volatilidad, donde la precisión es innegociable”.
Si bien las oficinas centrales de Magnar se encuentran en Santiago, Chile, la compañía ya cuenta con un abogado en Buenos Aires y el objetivo es constituir tanto equipos comerciales como de soporte y servicio al cliente.
Por otro lado, la firma llega al país respaldada por US$800.000 levantados en rondas de inversión, con participantes como BuenaOnda, Platanus Ventures y Punto Cero Ventures.
Una herramienta de apoyo
A diferencia de herramientas generales como ChatGPT, Magnar está diseñada para casos de uso reales de abogados. En detalle, la plataforma analiza grandes volúmenes de información jurídica, resume normativa compleja y redacta borradores, siempre con referencias verificables a la fuente oficial.
Al respecto, Arellano explica que Magnar no busca información en sitios o motores de búsqueda específicos, sino que recurre a su propia base de datos. “Llevamos meses construyendo toda la base de datos con información oficial de Argentina a nivel central, federal y provincial”, precisa. Aquella trazabilidad es clave para evitar las llamadas “alucinaciones” de la IA.
Sin embargo, el experto remarca que el criterio humano sigue siendo esencial e incluso adquiere un rol aún más importante: “La responsabilidad siempre va a depender del profesional. Es una herramienta de apoyo y todo el trabajo que genera hay que revisarlo”.
La confidencialidad de la información es otro de los aspectos principales de Magnar. La plataforma opera con estándares avanzados de seguridad, como certificaciones ISO 27001, SOC 2 Tipo 2 y cumplimiento GDPR, y se encuentra en proceso de certificación ISO 42001 para el manejo responsable de IA.
A su vez, Magnar no cobra por licencia individual, sino por nivel de uso, lo que permite que todos los integrantes de un estudio accedan a la herramienta y trabajen de forma colaborativa. La plataforma, además, se integra al flujo diario de trabajo mediante conectores con Microsoft Word y gestores documentales.
El futuro del derecho
Para Arellano, los profesionales que no incorporen IA a su labor diaria no podrán competir en igualdad de condiciones. “Van a estar arando con un caballo, cuando al lado va a haber uno con un tractor. En términos de velocidad, de costo y de calidad, definitivamente los que no adopten estas herramientas no van a poder competir”, desliza.
No obstante, apunta que el criterio jurídico y la creatividad serán habilidades clave para destacarse en esta nueva era tecnológica: “La parte operativa, de análisis o investigación va a ser una commodity y todos los van a poder hacer. Por lo tanto, se van destacar los que estén mejor preparados”.
Es sobre este punto donde la formación universitaria también entra en un momento de transformación. “Estamos en contacto con universidades para definir cuáles son las habilidades que deberían tener los estudiantes de derecho, cómo se deberían ir formando”, comenta Arellano, aunque subraya un desafío: el rápido y constante avance de la tecnología.
“No tiene sentido que los estudiantes sean expertos en las herramientas que existen en 2026, porque en 2028 van a ser otras herramientas completamente distintas”, profundiza.
A pesar de ello, de cara al futuro el experto sostiene que la tecnología debe ser un vehículo de “empoderamiento” para los profesionales. “El reemplazo es de tareas, no de personas”, concluye.
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