Para esos momentos de antojo de algo dulce, una buena opción es el volcán de chocolate con corazón de frutos rojos, una combinación que suma sabor y una textura irresistible.
Con una cubierta cocida y un centro húmedo que se funde al cortarlo, esta receta es ideal para disfrutar después de una comida o acompañar una ocasión especial.
¿Cómo preparar un rico volcán de chocolate y frutos rojos para esos momentos de antojo?
¿Cómo preparar un rico volcán de chocolate y frutos rojos para esos momentos de antojo?
Ingredientes
150 gramos de chocolate semiamargo
100 gramos de manteca
2 huevos
2 yemas
80 gramos de azúcar
50 gramos de harina 0000
1 cucharadita de esencia de vainilla
100 gramos de frutos rojos
1 cucharada de azúcar para el relleno
Manteca y cacao en polvo para los moldes
Preparación
-Colocar las frutas en una cacerola junto con una cucharada de azúcar y cocinar a fuego bajo durante unos minutos, hasta que se ablanden y formen una preparación espesa.
-Dejar enfriar y llevar al freezer en pequeñas porciones durante 30 minutos.
- Mezclar el chocolate semiamargo junto con la manteca en un recipiente y fundir a baño María o en el microondas, en intervalos cortos. Mezclar hasta obtener una preparación lisa y dejar entibiar.
-En otro recipiente, batir los huevos, las yemas y el azúcar hasta integrar. Agregar la esencia de vainilla y mezclar.
- Sumar la preparación de chocolate y manteca al batido, mezclar y agregar la harina tamizada con movimientos suaves hasta que no queden grumos.
- Enmantecar moldes individuales aptos para horno y espolvorearlos con cacao en polvo. Llenarlos hasta la mitad con la mezcla de chocolate, colocar en el centro una porción congelada de frutos rojos y cubrir con más preparación, sin llegar hasta el borde.
-Llevar a horno precalentado a 200 °C durante aproximadamente 9 a 12 minutos. Los bordes deben estar firmes, mientras que el centro debe permanecer húmedo. El tiempo puede variar según el tamaño de los moldes y el horno.
-Dejar reposar uno o dos minutos antes de pasar un cuchillo fino por los bordes y desmoldar con cuidado sobre un plato. Servir tibio para que el interior conserve su textura cremosa.