
El pago único que ofrece la Seguridad Social a quienes demoran su jubilación equivale, en promedio, a solo el 51,2% del valor real de la pensión vitalicia a la que renuncian, según un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). El trabajo analiza si esa alternativa cumple con lo que los economistas llaman neutralidad actuarial: que el dinero entregado de una sola vez tenga el mismo valor que seguir cobrando el suplemento de por vida.
La ley española permite a quienes postergan su jubilación más allá de la edad legal elegir entre tres alternativas: un incremento permanente de la pensión, un pago único calculado con una fórmula estatutaria, o una combinación de ambas. El estudio se concentra en comparar los dos extremos, el incremento vitalicio frente al pago único, y construye una simulación con 280 perfiles que combinan sexo, nivel de pensión, régimen de cotización y años de demora.
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El resultado es sistemático: ninguno de esos 280 perfiles alcanza la equivalencia actuarial. Bajo el escenario central, que incorpora mejoras futuras en la mortalidad, el pago único cubre entre el 32,6% y el 65,7% del valor de la pensión que se pierde, según el perfil. La media ponderada por la población real de jubilados demorados se ubica en 51,2%, lo que implica que, en promedio, quien opta por el pago único recibe apenas la mitad de lo que le correspondería si mantuviera el suplemento de por vida.
El estudio muestra que la fórmula legal no trata a todos los perfiles de la misma manera. Las mujeres reciben sistemáticamente una proporción menor del valor real de su pensión que los hombres, porque su esperanza de vida es más alta y la fórmula no incorpora ese factor. En el tramo de pensión mínima, la relación entre el pago único y el valor de la pensión perdida es del 55,8% para las mujeres frente al 65,7% para los hombres. En el tramo de pensión máxima, la brecha se profundiza: 32,6% para las mujeres frente a 38,5% para los hombres.
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El nivel de pensión también influye. La fórmula que fija el monto del pago único crece a un ritmo menor que la propia pensión: un aumento del 10% en la pensión eleva el pago único solo un 6,06%. Como consecuencia, cuanto más alta es la pensión, menor es la proporción de su valor real que cubre el pago único.
A pesar de esta desventaja, la opción del pago único gana terreno. Según datos de la Muestra Continua de Vidas Laborales (MCVL), que recoge información administrativa de la Seguridad Social, el porcentaje de jubilados demorados que elige el pago único o la modalidad mixta pasó de 18,48% en 2023 a 24,02% en 2024. La mayoría de quienes demoran su jubilación lo hacen por períodos cortos, de uno o dos años, y se concentran en los tramos de pensión más bajos.
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Ese aumento en la elección del pago único, pese a que estadísticamente representa una pérdida frente al incremento vitalicio, plantea una pregunta central que el estudio intenta responder: ¿por qué una parte creciente de los jubilados opta por una alternativa que, en teoría, le conviene menos?
Los autores evalúan si otros factores, además del cálculo actuarial puro, pueden justificar la elección del pago único. Entre ellos figuran la preferencia por el dinero inmediato frente al futuro, las creencias personales sobre la propia esperanza de vida, el tratamiento fiscal más favorable que recibe el pago único y el riesgo de que futuras reformas recorten las pensiones.
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Incluso al combinar todos esos factores en el escenario más favorable al pago único, solo el 39,38% de la población de jubilados demorados alcanza lo que el estudio llama indiferencia financiera, es decir, un punto en el que ambas opciones resultan equivalentes. Esa proporción explica apenas 8 puntos porcentuales de los 24,02% de jubilados que efectivamente elige el pago único o la modalidad mixta. El resto de la elección queda sin explicación dentro del modelo, lo que sugiere que intervienen otros motivos no observados, como la salud personal, la necesidad de liquidez o preferencias relacionadas con la herencia.
Además del cálculo actuarial, el estudio mide el impacto en términos de bienestar mediante un modelo de utilidad esperada. Bajo este enfoque, renunciar a la pensión vitalicia por el pago único implica, en promedio, una pérdida equivalente a 71,4 euros mensuales, un 3% del valor de la renta vitalicia. Esa cifra varía según el nivel de pensión: desde 32,1 euros al mes en las pensiones más bajas hasta 215,7 euros en las más altas.
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El trabajo destaca que España es uno de los pocos países que ofrece un pago único como alternativa central dentro del sistema de jubilación demorada, mientras que la mayoría de los sistemas de pensiones públicos de economías avanzadas recompensan la demora únicamente con incrementos permanentes de la pensión.