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El patriarca panameño Rubén Blades llegó al Barts Festival acompañado de la cómplice e inseparable Roberto Delgado Big Band. La orquesta, que dirige su paisano desde el bajo, se presentó en una formación de veinte músicos en la que dominan los prominentes vientos, con cuatro trompetas, cuatro trombones y otros cuatro saxos. Tampoco puede faltar una determinante sección percutiva, con timbales, congas, bongos y una batería para reforzar un ritmo que fue clave desde la inicial Plástico.
En plena forma vocal, a sus recién cumplidos 78 años, el maestro de la salsa también estuvo locuaz en unas presentaciones que son un complemento a la sabiduría popular que destilan sus letras. Tal como dijo, antes de interpretar País portátil, no pierde el optimismo aunque la letra sea un lamento por la corrupción, la perdida de la memoria y la poca honestidad de los gobernantes. En ella habla de “un presidente charlatán”, algo que ahora seguimos sufriendo más que nunca.
Otro tema candente que vivió en propia piel lo trata en Emigrantes, una canción reciente que suena como las clásicas, con piano eléctrico, metales restallando y los coros a modo de respuesta. No da puntada sin hilo y en Buscando América, de su época con Seis del Solar, adornada con preciosas fotos en blanco y negro, canta “mientras no haya justicia jamás tendremos paz”, sobre un tremendo tumbao de piano y percusiones y una pegadiza melodía, finalizada con una gran explosión orquestal para enfatizar la búsqueda de libertad. Otra celebrada y coreada canción fue Decisiones, con ese icónico coro que repite “Decisiones, cada día/Alguien pierde, alguien gana”.
Recorrió todas sus épocas en casi tres horas de concierto, rescatando fracasos comerciales, como su adaptación de Ojos de perro azul, un cuento de Gabo, el recuerdo al asesinado arzobispo Romero en El padre Antonio y el monaguillo Andrés, en un emotivo alegato antiviolencia, la dedicatoria a Serrat de Nadie sabe, la jazzística Ligia Elena, hablando de clasismo, amor prohibido y prejuicios raciales, e incluso cedió a la fusión, con abuso sintético en Cuentas del alma.
No faltó un recuerdo a Celia Cruz, Tito Puente y otros compañeros desaparecidos en la emotiva Todos vuelven, ni un indispensable tributo a la Fania en forma de Juan Pachanga. En el tramo final llegaron la apoteosis de El cantante, con imágenes del legendario Héctor Lavoe que la hizo célebre, la solidaridad con las víctimas del terremoto venezolano, recordando a la deidad sincrética María Lionza y, del mismo seminal álbum Siembra, la infaltable Pedro Navaja, clásico de clásicos que sigue emocionando y haciendo bailar como el primer día, para dejar claro que Rubén Blades, por encima de todo, es un gran poeta del pueblo.