20 de octubre, 2026 - 07h00
En todas partes del mundo, como regla, las personas buscan el progreso, quieren salir adelante. Pero esto no se consigue solo con el deseo. Hay que trabajarlo, hay que conquistarlo.
El éxito es una consecuencia, un resultado, no un antecedente. El camino hay que forjarlo.
Algunos tienen la suerte de nacer con ciertas facilidades, pero la mayoría no. Tanto los unos como los otros deben seguir el camino correcto. Las fortunas familiares si no se trabajan se terminan, y lo que es peor, pueden destruir moralmente a muchas personas. Los herederos pueden ser los destructores de su propia riqueza.
En la construcción del éxito juegan algunos factores, como la planificación, la autoevaluación, los buenos hábitos, la construcción de pequeñas victorias.
Ser un holgazán toma su tiempo: los padres deben facilitarle absolutamente todo sin exigirle ningún esfuerzo, deben dejarlo dormir sin límite, no enseñarle la solidaridad, no inculcarle el valor de la unión familiar, dejar que no haga los deberes, etc. El producto final: un hijo pendejo de punta a punta, un vago que no valora el esfuerzo de sus padres ni de nadie.
Y ser una persona de bien también toma su tiempo: los padres deben inculcarle el valor del esfuerzo, de la lucha por la vida, deben educarlo con el ejemplo, mostrarle la importancia de las pequeñas victorias, de la constancia, del respeto a los derechos de los demás, de la protección del ambiente, etc. El producto final: un hijo o una hija responsable, bien ubicado/a en la vida, lo cual contribuye grandemente a la conquista de su futuro.
El camino y el éxito se forjan de a poco, no se construyen con la envidia ni con el lamento. Se edifican también con el olvido y con el perdón.
En esa ruta la evaluación de nosotros mismos juega un papel estelar.
Así como en el trabajo suele haber una persona que hace el seguimiento constante respecto del cumplimiento de los proyectos, de las metas de la institución y evalúa al empleado en función de los resultados, también las personas comunes debemos darnos el tiempo para hacer una pausa y evaluarnos a nosotros mismos, y así: saber si estamos haciendo lo necesario para cumplir nuestras metas, para superar las etapas que nos hemos trazado, para conservar el amor de nuestros seres queridos, para constatar si estamos siendo buenos jefes o buenos empleados, si no hemos sobredimensionado las situaciones, etc.
Cuidado por estar demasiado concentrados en el progreso descuidamos la delicadeza, el cariño a nuestros hijos.
El equilibrio no siempre es fácil, pero hay que lograrlo.
Si usted quiere ser exitoso debe saber trabajar, debe ser productivo, no solamente entusiasta.
Parte del saber trabajar es dar seguimiento constante al cumplimiento de lo proyectado, desarrollar buenas relaciones con los compañeros de trabajo, disfrutar también el éxito ajeno, ponerse en el lugar de la otra persona para tomar una decisión correcta. Y por supuesto, desterrar la envidia y el conflicto.
Del conflicto que se ocupen los desubicados, los sufridores; nosotros dediquémonos a trabajar, a ser productivos, a ser felices, a vivir el amor. (O)