Mundial
La camiseta blanca se ha convertido en un fenómeno cultural que, apoyado en la estética vintage, revela un deseo de pertenencia alejado de elementos politizados

Una fan, tras la victoria de España frente a Francia.
Actualizado Lunes, 20 julio 2026 - 18:42
Lo cantaba ya Ana Belén: "La camisa de la esperanza de España debía ser blanca". Los colores de la bandera, que en tantos aún hoy produce una suerte de reacción alérgica, se reformulan en la paleta cromática de la segunda equipación de la Selección Española de Fútbol. Con el rojo arrinconado y el blanco como protagonista, las connotaciones políticas se neutralizan desde las dos puntas del arco parlamentario, razona el sociólogo especializado en moda Pedro Mansilla.
Adidas no desvela las cifras de sus ventas. Solo confirma, como indican los puntos oficiales, que la camiseta blanca se ha convertido en "una de las favoritas de los fans". El cartel de agotado ha regresado a las webs de forma recurrente. Las reposiciones se han encadenado. A medida que España avanzaba hacia la final, incluso el mercado de las falsificaciones exprimía el furor camisetero. En algunos bazares las copias incrementaban su precio: pasaron de venderse por 20 a rondar los 50 euros.
La Familia Real (juntos y frente a las cámaras) la escogió como uniforme para ver la semifinal y las influencers más habilidosas la han pasado por la máquina de coser. Han convertido la camiseta en corsé lencero y en top con escote halter. La han ceñido a la cintura con nidos de abeja. En su versión blanca, camaleónica y versátil, presta a emparejarse con casi cualquier color de la pantonera, dispuesta a asociarse con estampados animales, faldas, sandalias, flores y rayas, "se aproxima al básico fashionista", señala Gemma Muñoz, profesora de Fashion Branding en la Universidad de Villanueva. "Cuanto más sencilla es una prenda", prosigue, "más posibilidades tiene de llegar a personas que no son necesariamente aficionadas al fútbol. Su diseño ayuda a que la gente la vea primero como una prenda de moda y después como una equipación".
"Conecta con la nostalgia: parece una pieza rescatada de un archivo histórico cuando en realidad acaba de diseñarse"
Víctor Aguado, profesor del Máster en Branding y Comunicación Visual del IED
La -en palabras de Mansilla- "mayor sensibilidad a la moda" del público femenino se ha afinado. La tendencia blokecore, que resurge con cada celebración futbolera para combinar camisetas deportivas con bolsos de tipo baguette y maquillaje pulido, se ha erguido de nuevo. Asumido que el blanco se asocia por tradición al verano de quien no debía madrugar para ir a la fábrica, el motor irracional del que solía hablar Simmel se activa. La visita reciente del Papa, la celebración simultánea de Wimbledon y la conexión con la equipación -por norma, ganadora- del Real Madrid, aventura el sociólogo, fijan la vista en los tonos más claros del vestidor.
La novedad, no obstante, se eleva sobre el pasado. En la pechera, "de blanco roto, como una página", se extienden atauriques que evocan, según Adidas, "una rica tradición literaria". "Vivimos entre pantallas y estímulos constantes. Por eso vuelven con fuerza lo analógico o las prendas que parecen tener historia", reflexiona Víctor Aguado, profesor del Máster en Branding y Comunicación Visual del IED. "Esta camiseta conecta con esa nostalgia. Parece una pieza rescatada de un archivo histórico cuando en realidad acaba de diseñarse. Si todo resulta efímero, buscamos objetos que transmitan permanencia".
En la camiseta de la segunda equipación, el amarillo gualdo se tuesta hasta dorarse y el rojo se seca para convertirse en burdeos, debilidad cromática de la pasarela en los últimos años. El trabajo de Rosalía o de Little Spain se despliegan en la imaginación de Aguado. Reinterpretan el imaginario tradicional, desarrolla, "sin caer en el folclore ni en la nostalgia literal, como esta camiseta. No elimina la identidad nacional; la reformula para una generación que consume moda y cultura visual de otra manera". Desanclada del "imaginario tradicional del fútbol" y desligada de "algunos símbolos nacionales", la barrera se levanta. Entonces, "deja de ser merchandising y se convierte en verdadero objeto cultural".