Sócrates, filósofo griego: “Quien no está contento con lo que tiene, tampoco lo estará con lo que desearía tener”

2026/09/22

Sócrates

Pintura de ‘La muerte de Sócrates’, realizada por el artista francés Jacques-Louis David en 1787.

Han pasado casi 2.400 años desde su muerte, pero a día de hoy la figura de Sócrates sigue repleta de misterios. Se cree que este pensador, figura clave en el pensamiento de la antigua Grecia, nació hacia el 470 a. C. y murió en el 399 a. C., condenado a muerte por un tribunal ateniense. Hijo de un escultor y una comadrona, según las fuentes tradicionales, pasó buena parte de su vida conversando en plazas y gimnasios, interrogando a ciudadanos sobre diferentes cuestiones.

Sin embargo, Sócrates no dejó escritos y solo conocemos su figura indirectamente, a través de autores que lo conocieron o recrearon su figura, sobre todo Platón y Jenofonte. En diálogos como Apología, Critón, Fedón, Banquete o República, el primero presenta al sabio examinando qué significa ser justo, virtuoso, sabio o feliz, siempre con un método similar: preguntar, detectar contradicciones y obligar al interlocutor a revisar sus certezas.

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Aquí es donde entran también todas las frases que se le atribuyen. Algunas aparecen en sus obras y otras no, si bien incluso en estos casos sirven para comprender algunas de sus ideas más destacadas. Esto mismo ocurre con una de las sentencias con las que más se le relaciona: “Quien no está contento con lo que tiene, tampoco lo estará con lo que desearía tener”. Con esta sentencia, nos encontramos con varias claves de la insistencia socrática en examinar los deseos y valorar la vida interior.

Cuadro de 'Alcibíades recibiendo las enseñanzas de Sócrates', de Marcello Bacciarelli del siglo XVIII.
Cuadro de ‘Alcibíades recibiendo las enseñanzas de Sócrates’, de Marcello Bacciarelli del siglo XVIII.

Para Sócrates, la felicidad no depende simplemente de acumular bienes externos, sino de cuidar aquello que hace buena a una persona. En la Apología, afirma que debemos preocuparnos “por la sabiduría y la verdad y la mayor mejora del alma”, y también sostiene que “una vida sin examen no merece ser vivida”. Debemos, pues, entender que el filósofo siempre defendería darle más importancia a la satisfacción interior.

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Por otra parte, en el Banquete de Platón, Sócrates también presenta una idea tan interesante como actual: quienes desean algo lo desean porque carecen de eso mismo. El problema aparece cuando el deseo se convierte en una cadena sin final: alcanzado un objetivo, aparece otro. No parece alejarse mucho de lo que hoy ocurre con el consumo, las redes sociales o incluso las ambiciones individuales de cada uno: el siguiente logro promete una satisfacción que vuelve a desplazarse.

Con todo, Sócrates no nos pide que renunciemos a nuestros objetivos ni que aceptemos pasivamente cualquier circunstancia. Al contrario, animaba a aprender a distinguir entre lo necesario, lo valioso y lo superfluo. Una cuestión clave si lo que queremos es progresar como individuos y no dejar que los deseos gobiernen nuestra vida.

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'Platón conversando con sus discípulos', donde se puede ver una recreación del famoso banquete. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)
‘Platón conversando con sus discípulos’, donde se puede ver una recreación del famoso banquete. (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)

No solo fue Sócrates quien pensó sobre los deseos y la tranquilidad en la Grecia de la época. Epicuro reflexionó mucho sobre nuestras apetencias y distinguió las que eran naturales y necesarias, las que eran naturales pero no necesarias y las que no eran ni lo uno ni lo otro. A partir de este esquema, tuvo claro a cuáles debía hacer más caso para alcanzar la ataraxia, palabra con la que definía una vida serena en la que el placer no equivaliera a exceso. Y es que, cuanto mejor se ordenan los deseos, menos dependemos de conseguir siempre algo nuevo.

Los estoicos también llevaron esta intuición en otra dirección. Epicteto insistió en distinguir aquello que depende de nosotros de aquello que no depende de nosotros, mientras que Marco Aurelio recomendó disciplinar los juicios y deseos. Así, la propuesta de esta corriente filosófica era querer de manera razonable lo que la realidad permite, de modo que la serenidad no dependa del resultado externo.

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Podemos quedarnos con las ideas de Sócrates, de los epicúreos o del estoicismo, pero quizá todas ellas evidencian lo mismo: podemos cambiar nuestras condiciones materiales todo lo que queramos y, sin embargo, seguiremos llevando con nosotros la misma inquietud. La filosofía no promete eliminar el deseo, sino enseñarnos a comprenderlo. Tal vez por eso la pregunta socrática continúa siendo incómoda y útil: antes de pedir más, conviene preguntarnos qué necesitamos realmente.