La historia de Pepita Bernat, una española que pone su experiencia como ejemplo para los más jóvenes.
06 de agosto 2026, 07:03hs

A los 73 años fue a bailar y conoció al amor de su vida. La increíble historia de Pepita Bernat. Foto: captura YouTube Endor Technologies
La española Pepita Bernat, con 107 años, es un ejemplo de vitalidad y resiliencia que aprovecha las entrevistas que le hacen por su longevidad para darles consejos a los jóvenes. Ella dice que se casó por terquedad y está muy arrepentida, pero confiesa que después, cuando ya tenía 73, conoció al verdadero amor.
Nacida el 15 de julio de 1919 en un pequeño pueblo de Lleida llamado Barbens, Pepita pasó su infancia en Barcelona. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil española hizo que en 1936 tuviera que regresar a su terruño.
Un desengaño amoroso sufrido con Horacio, su novio de la adolescencia, la marcó muy fuerte y la llevó a cometer un error grave, del que se arrepentiría toda su vida. Es que poco después conoció a Pepe, y a los tres meses se casó con él. Pero no lo hizo por amor, sino por presión social y miedo a convertirse en una “solterona”.
Pepita cuenta que en aquel tiempo la mujer, cuando llegaba a determinada edad debía casarse, porque si no quedaba “para vestir santos”. Su decepción anterior la llenó de temores y entonces aceptó la propuesta matrimonial de Pepe, a quien no amaba realmente.

Se casó por presión familiar y mandato social y se arrepintió toda su vida. Pero en un baile conoció al verdadero amor de su vida cuando ya tenía 73 años. Foto: captura YouTube Instituto Europeo.
La presión de su familia y su círculo de amistades también fue clave para que no escuchara a su corazón y decidiera en base a miedos y mandatos sociales.
De entrada se dio cuenta que la cosa no iba a funcionar: el día de su boda su marido le tiró los maquillajes por la ventanilla del tren. “Me dijo que estando casada ya no necesitaría eso”. Y ese martirio continuó: le impedía sentarse a la mesa si estaba maquillada.
Pepita Bernat: “Me casé por terquedad”
La estrategia de esta mujer fue poner en práctica una rebeldía “suave”, sin confrontar directamente. Empezó a trabajar en lo que se presentara y en plena posguerra aceptó una propuesta para irse a trabajar a Suiza. Pepe fue hasta allá a buscarla, pero ella se negó y le dijo que volvería recién cuando terminara el contrato por dos años que había firmado.
“Una mujer con dinero propio no es tan fácil de manejar”, asegura Pepita, para quien el trabajo siempre fue liberador. Según su teoría, hacerse cargo de las cuentas le daba poder para imponer, de a poco, algunos de sus deseos.

Pepita Bernat contó su historia de amor a los 73 años tras un matrimonio fallido del que se arrepintió toda su vida. Foto: captura YouTube Antena 3.
De todas formas, el matrimonio no funcionó nunca, pese a que ella fue ganando esos espacios de libertad. “Me casé por terquedad y es una de las pocas cosas de las que me arrepiento”, jura Pepita cuando recuerda aquellos años.
También aclara que siempre fue leal y compañera con su marido. Lo cuidó en la enfermedad y lo lloró mucho cuando falleció. “Jamás hubo peleas ni agresiones. La convivencia fue normal, pero nunca hubo amor, al menos de mi parte”, señala.
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Sin embargo, el destino le tenía preparada una sorpresa, porque apareció alguien muy especial en su vida: Carlos, un poeta 15 años menor que ella, que le hizo conocer el verdadero amor. Lo conoció un sábado que fue a bailar a “La Paloma”, un lugar al que sigue yendo. Vivieron juntos 9 años, hasta que su muerte volvió a dejarla viuda. “A mí se me mueren todos”, se lamenta.
“A los 73 años conocí el verdadero amor”, admite Pepita, que cuenta que con su nueva pareja había compañerismo, complicidad y respeto. Con él se sintió libre para ser ella misma y disfrutar de la vida como nunca antes.
Hoy en día, con sus 107 años, sale a caminar, baila y empieza el día siempre con una sonrisa. Insiste en que no hay ninguna fórmula para la longevidad, pero remarca que a ella le resultó muy beneficioso no sentir odios ni rencores y encarar cada jornada con buen humor. Come de todo, pero en poca cantidad y cuatro veces al día y nunca se saltea una siesta reparadora.