Tom Cruise ha insistido en un punto: jamás, en toda su trayectoria, había leído nada que se pareciera al guión de Digger. Y lo vuelve a reiterar en Ciudad de México, la tierra natal de Alejandro González Iñárritu, su director en el filme que llega esta semana a las salas del mundo (este jueves 1 en Chile)
“Nunca había leído un personaje así, y mucho menos tenido el privilegio de interpretar a alguien así en el cine. No he visto un personaje así en el cine”, declara en una conferencia virtual en la que participa Culto.

El actor de 64 años encarna a Digger Rockwell, un multimillonario que lidera un imperio petrolero que se mete en un gran lío cuando una de sus plataformas petrolíferas en Groenlandia causa una emergencia de dimensiones globales. Oriundo de Texas, es la encarnación de la arrogancia: desoye las advertencias iniciales y no actúa de manera más responsable a medida que el escenario empeora.
Digger es la clase de cinta que la estrella rara vez ha hecho durante las últimas décadas: una película nacida en la mente de un director de renombre, donde el objetivo no es tanto proporcionarle diversión al público como generarle incomodidad y ofrecerle ideas provocadoras.
Puede que no sea el terreno al que más está acostumbrado en la etapa más reciente de su carrera, pero Cruise se escucha y luce encantado con la oportunidad que se le presentó.
“Me siento aquí y pienso: ¿cómo se le ocurren estas cosas? Es (una película) hermosa. Es rica. Poder crear un personaje así fue algo realmente increíble. Gracias, Alejandro”, indica, apuntando al director de Amores perros (2000) y Birdman (2014), quien estuvo al centro de la creación de la historia y el guión.

El cineasta comenzó a trabajar en Digger en 2017, después de haber terminado el recorrido de El renacido (2015), el largometraje que le dio su segundo Oscar a Mejor director. No fue hasta 2019, cuando Tom Cruise se involucró como protagonista, que el proyecto empezó a tomar cuerpo.
Pero de pronto, mientras intentaba hacer un filme sobre un desastre global, la realidad le puso un obstáculo: los acontecimientos dramáticos que vivió el planeta se sucedieron a toda velocidad –la pandemia de Covid-19, el acuerdo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29), considerado “insuficiente” por parte de grupos ecologistas– y causaron que su proceso creativo se volviera “muy angustiante”, asegura. “Era como estar haciendo un documental del futuro”, admite.
Hasta que un día, mientras se encontraba de paseo junto a sus más cercanos, surgió la idea que definió el rumbo definitivo de la cinta.
“Hace tres años, en una caminata a la que fui junto a mi familia, me di cuenta de cuál era la única forma de contar esta historia sin tratar de evitar la realidad; hacer un comentario político era algo que no me interesaba, sino que me interesaba hacer una observación de la especie humana. Y esta forma en la que contamos la historia fue la única forma de dar un espacio para contarla en sí misma”, señala.

Encontró un gran aliado en Tom Cruise, quien se entregó a su imaginación sin mayores pudores. Bajo varias capas de maquillaje y prótesis, el actor se transforma en un magnate que minimiza las alertas de los científicos e intenta que el presidente de Estados Unidos (interpretado por John Goodman) opere a su favor.
“(Tom Cruise lleva) haciendo esto por casi 50 años, y llegaba con un entusiasmo y una mirada de positividad y de generosidad hacia todos. Él, de alguna forma, estuvo en cada escena”, cuenta el realizador, comparando al intérprete con un director de orquesta. “Es el que lleva el crono, el ritmo, el rigor”, afirma.
Cruise enfatiza que uno de sus mayores retos residió en el acento texano de Digger Rockwell, el último hombre de una dinastía que ha dominado el mundo petrolero (y por lo tanto, económico) durante décadas.
“No es sólo un acento cualquiera; tienes que encontrar uno que aporte humor, drama y ritmo, algo que haga que interpretarlo resulte interesante y divertido”, sostiene. “Juego con muchas capas diferentes”.

Hay una escena en particular que sintetiza tanto el poder interpretativo de Cruise como el despliegue de las palabras del cineasta y sus colaboradores: un monólogo de cerca de diez minutos que transcurre en una asamblea (y es uno de los mejores argumentos a favor de quienes piensan que el actor podría soñar con un Oscar).
González Iñárritu destaca en particular “la forma en que lo hace parecer natural” durante el segmento en que Rockwell lanza sus descargos. “(Posee) todo ese dominio de un stunt, de un hombre que hace escenas de acción, que cada segundo cuenta porque puede perder la vida si llega un segundo después… De esa misma forma él maneja su cuerpo y sus emociones. He tenido la fortuna de trabajar con muchos muy buenos actores y actrices, pero lo que viví con Tom sobre todo en esa escena fue un regalo extraordinario”, detalla.
El director, crítico con su propia generación, considera que su nueva obra está orientada principalmente a los jóvenes de hoy. “Parece una locura colectiva la que estamos viviendo, de tantas narrativas, tantas cosas. Creo que esta película está hecha para las nuevas generaciones, para la generación joven, para darse cuenta de lo que hicimos. Los baby boomers hicimos un desastre y les estamos heredando esto”, opina.
Según la perspectiva de Cruise, el mexicano “toma un espejo y nos lo pone delante para hacernos reflexionar con un gran sentido del humor. Y no lo percibo como algo acusatorio. Él abarca a toda la humanidad de esta manera”.

“Creo que estoy contento de haber podido lograr, junto con mis colaboradores-escritores, la forma para poder vernos, reconocernos ahí, sin –como dice Tom– hacer algo acusatorio. Creo que es una reflexión que va más allá la acusación”, explica el director.
Tom Cruise finaliza: “Quiero que el público viva su propia experiencia. Cada uno saldrá con su propio punto de vista. Esa es la belleza del cine (...) Adoro el cine que nos permite tener estas conversaciones y reunir a personas de todo el espectro social. Eso es lo que quiero”.