Tom Schulman, autor de ‘El club de los poetas muertos’: “Ningún productor quería hacer la película y tuve que cambiar de agente para conseguirlo”

2026/09/19

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19 sep 2026 - 08:15

Tom Schulman, autor de El club de los poetas muertos  y ganador de un Oscar, ha venido al estreno de su adaptación en el Teatro La Latina de Madrid

'¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!' es una expresión que permanecerá ligada en nuestra memoria a una película, El club de los poetas muertos (1989), y a un actor, Robin Williams, quien la hizo suya interpretando a un profesor excéntrico y entrañable, aquel que cualquiera hubiera deseado tener en su clase de literatura. Un tradicional internado de Nueva Inglaterra a finales de los años cincuenta, es el ambiente en el que aparece Jonn Keating como una estrella fugaz, para convulsionar a un grupo de jóvenes estudiantes a los que descubre otra forma de mirar la vida y la poesía.

El autor de esa espléndida historia es Tom Schulman. Recibió un merecido Oscar por aquel guion original y está en Madrid con motivo del estreno de su adaptación teatral. Cualquiera diría que la poesía es rejuvenecedora, porque el escritor no aparenta en absoluto los 76 años que cumplirá en octubre. El 'carpe diem' que se proclama en El club de los poetas muertos volverá a sonar en el Teatro La Latina, con un grupo de jóvenes actores y Juanjo Artero haciendo las veces de capitán.

El club de los poetas muertos fue un éxito mundial, pero fue difícil conseguir un productor que se interesara por su guion, ¿verdad?

Sí, así fue. Lo escribí en 1985. Mi agente me despertó un día a las dos de la mañana y me dijo: "Acabo de leer tu guion y es increíble. Ven a verme por la mañana". Fui a verle, pero me reconoció que nadie iba a querer hacer esta película: "Si quieres que se haga, necesitas otro agente". Me puse a buscar y fue muy difícil encontrar un sustituto. Cuando por fin lo conseguí, pasaron dos años más hasta que alguien se interesó en hacer la película. Todos los estudios lo rechazaban.

¿Tuvo que modificar en algo la historia?

En el guion original, más o menos transcurridas tres cuartas partes, los estudiantes llegan a clase y se encuentran a un profesor sustituto. Descubren que Keating está en el hospital. Van a verle y se enteran de que tiene linfoma de Hodgkin, una forma de cáncer con la que puedes vivir veinte o treinta años. No te mata de inmediato, pero acorta tu vida. Yo pensaba que esa era la razón de su 'carpe diem', que su vida sería corta. Peter Weir -director de la película- dijo que era un gran error. "Esa escena tiene que desaparecer. Solo tienes que arrancar esas cinco páginas y no hace falta ningún otro cambio". Discutimos durante un par de días y él me decía: "Es fácil que los estudiantes se levanten en la escena final si saben que el profesor está muriéndose; aunque no estén de acuerdo con él, lo harían. Pero si no está muriéndose, entonces sabemos que se levantan por lo que él les enseñó". Pensé que tenía razón y esas páginas desaparecieron.

La película muestra una tremenda disciplina paternal y, por otro lado, una férrea educación tradicional. ¿Era su intención mostrar esa doble presión?

Sí, era parte del trasfondo esencial de la historia.

En ese contexto destaca el personaje del profesor John Keating, un hombre íntegro y cercano, casi un ideal. Parece un personaje salido de una película de Frank Capra. ¿Cómo compuso ese personaje?

Mientras escribía los diálogos del profesor descubrí quién era realmente. Empiezas pensando que estás escribiendo una cosa y, poco a poco, te das cuenta de que estás escribiendo otra. Al final entendí que es un profesor que vuelve a la escuela donde estudió, conoce la naturaleza opresiva del lugar y viene a liberar a los chicos de parte de esa opresión. Una vez que supe eso, empecé a reescribir las escenas. Sabía que la historia trataría de cómo cambian los chicos, no de cómo cambia el profesor. ¿De dónde vienen estas cosas cuando escribes? No lo sé, las sacas de donde puedes (ríe).

¿Está basado en algún profesor que le dio clase a usted?

Sí, hubo dos profesores: Harold Clurman, director teatral en Broadway, profesor de interpretación y crítico en The Nation; por otra parte, mi profesor de inglés en segundo curso de secundaria, Sam Pickering, que también tenía ese aire travieso. Era divertido ir a sus clases.

¿Qué aportó Robin Williams a ese personaje?

Le dio vida. Aportó improvisación: cuando toca la campana con el pie, la imitación de John Wayne, la de Marlon Brando, las lecturas para los chicos… Creo que el personaje tiene algo de travieso y Robin tenía esa cualidad de forma natural. Encontró esa parte en sí mismo y la trasladó a ese profesor que enseña a los chicos.

¿Cómo era Robin Williams en persona? ¿Le trató después de esta película?

Sí, era una persona muy especial, increíble. Cada vez que se decía ¡corten!, empezaba a bromear con el equipo y con los actores. Al final Peter Weir tenía que decirle: "Robin, ¡tienes que volver a tu camerino o a tu habitación, tenemos trabajo que hacer!". Podía estar charlando eternamente. Era una persona maravillosa.

Me gustaría hablar del personaje de Todd, interpretado por Ethan Hawke. ¿Qué simboliza ese chico?

Diría que, de todos los personajes de la película, Todd era el más cercano a mí. A su edad yo era tímido y muy reacio a hablar en clase. Lo modelé a partir de mí mismo.

¿'Dead Poets Society' es el club al que a usted le hubiera gustado pertenecer?

Nunca lo había pensado. Quizá sentía que esos chicos se respetaban entre sí, se trataban bien, eran amigos, no eran crueles entre ellos… un poco crueles con Cameron -el alumno más responsable-, pero bueno (ríe). Así que sí, supongo que sí.

¿Piensa que la educación que promovía Keating es una utopía o se puede llevar a la práctica?

Creo que podría existir. Debería existir, en cierta medida. Keating conversaba mucho con los estudiantes, era muy personal, y eso es importante. Se preocupaba mucho por ellos y por ayudarles. Ese tipo de profesor me parece esencial, aunque no todos los profesores son así. No es utópico ni imposible.

En los años ochenta la industria cinematográfica fijó mucho su atención en los adolescentes. ¿El cine ha cambiado mucho en las décadas posteriores?

No lo sé, creo que es igual. En mi experiencia, las películas siempre se han hecho para un público joven. Hoy en día hacen películas de terror que gustan a los jóvenes. Cambian los tipos de películas, pero el enfoque de marketing es el mismo.

Entiendo que la poesía es una de sus pasiones. ¿Cuáles son sus poetas favoritos?

Los que cito en la película: Shakespeare, Shelley, Whitman...

¿Esperaba el éxito que consiguió la película en 1989?

No, no lo esperaba. Siempre da miedo cuando haces una película y se estrena. Esperas que la gente vaya y que le guste, pero nunca lo sabes. A veces haces algo que crees que es bueno y la gente lo odia, y simplemente sigues adelante. Así que me sorprendió y me emocionó mucho su éxito.

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