
Una nueva investigación advierte que las decisiones sobre la salud entre los 45 y los 65 años pueden sumar hasta trece años extra sin demencia.
Controlar la presión arterial, evitar la diabetes tipo 2 y no fumar en la mediana edad se relaciona directamente con una vida más larga libre de deterioro cognitivo, según datos publicados por NYU Langone Health.
Estas tres variables superan incluso el peso de los antecedentes genéticos y representan una diferencia sustancial en la cantidad y calidad de los años vividos sin la enfermedad.
El estudio, liderado por el equipo de NYU Langone Health y divulgado en la revista Neurology Open Access, identificó que mantener la presión arterial en valores normales, no presentar diabetes tipo 2 y evitar el tabaquismo durante la mediana edad se asocia con casi trece años adicionales de vida libre de demencia.
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Esta investigación se basa en el análisis de más de 12.400 personas, seguidas durante más de dos décadas, en el marco del estudio de Riesgo de Arteriosclerosis en Comunidades (ARIC, por sus siglas en inglés).
Los resultados muestran que quienes no tenían ninguno de los tres factores de riesgo vivieron en promedio 30,1 años más sin desarrollar demencia tras el inicio del estudio. En cambio, las personas con un factor de riesgo sumaron 26,3 años, quienes tenían dos, 21 años y quienes presentaban los tres, apenas superaron los 17 años libres de la enfermedad.

En palabras de Josef Coresh, director del Optimal Aging Institute de NYU Langone: “Nuestros hallazgos argumentan que la gente necesita evitar activamente estos factores en la mediana edad como una estrategia para preservar la salud cerebral durante más de una década”.
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Es decir, la prevención activa desde los 45 años puede traducirse en una diferencia sustancial no solo en la cantidad de años vividos, sino en la calidad de esos años.
El equipo investigador también detectó brechas según el género y la etnia. Las mujeres vivieron más años libres de demencia que los hombres, independientemente de la cantidad de factores de riesgo presentes.
En promedio, las mujeres con todos los factores de riesgo sumaron 18,1 años libres de demencia, frente a 16,6 años en los hombres.
Estos datos refuerzan la necesidad de estrategias de prevención personalizadas.
Coresh subrayó que “estos resultados sugieren que la reducción del riesgo vascular puede beneficiar a todos los grupos”.

El vínculo entre salud cardiovascular y riesgo de demencia se ha documentado en estudios previos, pero este trabajo aporta un enfoque novedoso: expresar el riesgo en términos de años de vida libre de demencia. Así lo explica el propio equipo de NYU Langone: “Expresar el riesgo vascular en términos de tiempo ofrece un marco claro y centrado en el paciente para motivar estrategias de prevención que protejan tanto la salud cardiovascular como la cognitiva”.
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Para quienes no estén familiarizados con el término, salud vascular se refiere al buen estado de los vasos sanguíneos y el corazón. Es decir, mantener la presión arterial estable, evitar la diabetes y no fumar ayudan a que el sistema circulatorio funcione correctamente y, como resultado, el cerebro reciba un flujo sanguíneo óptimo.
La Organización Mundial de la Salud estima que el número de personas con demencia podría llegar a 153 millones en 2050. Frente a esta proyección, los investigadores sostienen que casi la mitad de los casos de demencia en el mundo podrían prevenirse o retrasarse si se abordan factores de riesgo modificables, como la hipertensión, la diabetes o el tabaquismo.
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Jacqui Hanley, directora de financiamiento de investigación en Alzheimer’s Research UK, subrayó la importancia de este enfoque: “Este estudio plantea una pregunta que realmente le importa a la gente: ¿cuánto tiempo podemos esperar vivir libres de demencia?”.
Hanley recomienda medidas prácticas como mantenerse físicamente activo, evitar el tabaco y controlar condiciones como la presión arterial y la diabetes. Aunque no existe un método infalible para evitar la demencia, la evidencia apunta a que “abordar los factores de riesgo para la mala salud cardiovascular puede también ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia”.
Los autores aclaran que su estudio muestra una asociación y no una relación de causalidad. Es decir, no se puede afirmar que evitar estos factores cause directamente una vida más larga sin demencia, pero sí que existe una relación sólida entre ambos fenómenos. Además, las mediciones de riesgo se tomaron solo una vez al inicio del estudio, por lo que no se registraron cambios a lo largo del tiempo.
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A pesar de estas limitaciones, los resultados refuerzan la importancia de la intervención temprana. Coresh insiste: “Descubrir nuevas formas de retrasar la demencia es esencial, dado que el 42% de los estadounidenses están en riesgo de desarrollar la enfermedad en algún momento después de los 55 años”.