Trump apuesta a los negocios mientras su promesa de paz sigue pendiente | El Dia

2026/10/09

Donald Trump llegó a su segundo mandato con la promesa de terminar rápidamente la guerra en Ucrania. Sin embargo, el conflicto sigue abierto y su diplomacia busca nuevas vías para acercarse a Rusia. En ese recorrido, las oportunidades comerciales y el posible alivio de sanciones ganan protagonismo. La apuesta expone una contradicción: los incentivos que Washington presenta como instrumentos para alcanzar la paz podrían fortalecer al Kremlin antes de que acepte detener sus ataques.

Una investigación de Simon Shuster publicada en The Atlantic describe una iniciativa que permitiría ampliar las negociaciones más allá del campo de batalla: ofrecer concesiones económicas a Moscú a cambio de liberar presos políticos. Según el periodista, el enviado John Coale presentó la propuesta a Trump y obtuvo su consentimiento para explorarla. El plan está en una etapa inicial; no constituye un acuerdo cerrado ni una decisión general de levantar sanciones.

Su relevancia reside en la posibilidad de abrir una puerta comercial aun cuando la paz continúe bloqueada. Para los enviados estadounidenses, sumar intercambios y beneficios mutuos puede reducir tensiones. Para los negociadores ucranianos entrevistados por Shuster, esa lógica corre el riesgo de confundir la rentabilidad de un acuerdo con la voluntad rusa de abandonar la guerra.

LA PAZ COMO INCENTIVO ECONÓMICO

Steve Witkoff y Jared Kushner, dos figuras centrales de las gestiones estadounidenses, expresan esa concepción. Kushner defendió los llamados “acuerdos de prosperidad” como una forma de ofrecer a Rusia y Ucrania inversiones y mejores condiciones de vida después de un cese del fuego. Incluso les atribuyó un papel como garantía de seguridad: las sociedades tendrían beneficios económicos que preservar.

El argumento encuentra una objeción decisiva en Kiev. Ucrania reclama garantías que impidan una nueva invasión, y sus negociadores no consideran que los negocios con Rusia puedan reemplazarlas. Temen, por el contrario, que el comercio proporcione ingresos para reconstruir o ampliar la capacidad militar del país que los invadió.

La diferencia excede una discusión sobre métodos diplomáticos. Para Washington, los beneficios económicos podrían modificar el comportamiento del Kremlin. Para Ucrania, concederlos antes de compromisos verificables supone debilitar una de las herramientas de presión disponibles. La cuestión es quién recibe primero los beneficios y qué obligaciones asume a cambio.

Hasta aquí, la cercanía personal entre los interlocutores no ha resuelto ese desacuerdo. La cumbre de Trump y Vladimir Putin en Alaska, en agosto de 2025, no produjo un acuerdo para terminar la guerra. El encuentro mostró, en cambio, la disposición estadounidense a restablecer un diálogo al más alto nivel con el mandatario ruso. El acceso diplomático avanzó más rápido que los resultados sobre el terreno.

PRESOS, SANCIONES Y CONCESIONES

Coale busca trasladar a Rusia un mecanismo ensayado en Bielorrusia. Sus negociaciones con Alexander Lukashenko permitieron liberar a cientos de presos, mientras Estados Unidos flexibilizó sanciones y exploró acuerdos sobre potasa, un insumo utilizado para fabricar fertilizantes. Según la investigación de Shuster, Rusia también interviene en las conversaciones comerciales por las posibles rutas de exportación.

Las liberaciones tienen un valor humanitario indiscutible. Dmitry Muratov, periodista ruso y Premio Nobel de la Paz, impulsó el contacto con Coale para intentar sacar de las cárceles a personas castigadas por oponerse a la guerra. Su posición pone en primer plano la urgencia de quienes siguen presos y de sus familias.

Pero la dirigente opositora bielorrusa Svetlana Tikhanovskaya advierte sobre el costo futuro del intercambio: los regímenes pueden arrestar a nuevas personas y volver a utilizarlas para conseguir concesiones. Su propio marido fue liberado mediante esas gestiones, lo que vuelve especialmente difícil el dilema. Una negociación puede reparar un daño inmediato y, al mismo tiempo, crear incentivos para repetirlo.

Para la administración Trump, esta vía ofrece la posibilidad de mostrar avances diplomáticos pese al estancamiento de las conversaciones sobre Ucrania. Pero los resultados deben distinguirse: conseguir liberaciones no equivale a obtener un compromiso para detener la ofensiva militar. El riesgo aparece cuando un éxito humanitario se convierte en fundamento para concesiones económicas cuyos efectos exceden ese intercambio.

EL PRECIO DE UN ACUERDO

La investigación no demuestra que cada apertura comercial implique abandonar a Ucrania. Coale sostiene que ampliar los vínculos puede favorecer la paz, y la Casa Blanca afirma que mantiene su compromiso con un acuerdo. Pero las objeciones ucranianas obligan a evaluar esa estrategia por las condiciones que obtiene, además de por los contactos que genera.

El riesgo de la diplomacia de Trump es presentar la negociación como un resultado en sí mismo. Liberar presos, reabrir canales y explorar intercambios son avances concretos en sus respectivos terrenos. Ninguno garantiza, por separado, que Putin renuncie a sus objetivos militares.

La prueba de esta estrategia será si logra compromisos verificables para detener la guerra y proteger a Ucrania. Mientras eso no ocurra, la promesa de beneficios económicos deja abierta una pregunta incómoda para el presidente estadounidense: cuánto puede conceder al Kremlin sin reducir su capacidad de exigirle la paz.

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