La venezolana Delcy Rodríguez ha protagonizado una de las metamorfosis más increíbles y rápidas en la historia reciente de las relaciones internacionales. No tiene el talento y el carisma de Charles-Maurice de Talleyrand, el camaleónico diplomático francés capaz de servir a reyes, revolucionarios y en la Restauración, pero sí su habilidad para la supervivencia y la sumisión, pasando en cuestión de meses de ser una de las figuras centrales del chavismo (sancionada por Washington) a convertirse en interlocutora privilegiada del Gobierno de Donald Trump y presidenta legitimada, que no legítima, de su país.
Su evolución la ha llevado a pasar de calificar las sanciones estadounidenses de "terrorismo de Estado" y de denunciar el "imperialismo" ante Naciones Unidas a quedar impasible escuchando al presidente norteamericano, en esa misma sala, llamar "dictador y criminal" a su ex jefe y decir que "el botín pertenece a los vencedores", en referencia al petróleo de su país. Y a posar sonriente y mostrando los dos dedos de la victoria en una foto con su hasta poco enemigo mortal, mientras casi de forma simultánea la líder de la oposición, María Corina Machado, intentaba reiteradamente, pero en vano, volver a Venezuela, atrapada en Panamá entre problemas administrativos, documentación caducada y las maniobras de Washington.
Para ella, lo ocurrido este martes en Nueva York es la mejor noticia posible. Al mismo tiempo, la administración ha tendido una mano a su régimen y dado un nuevo portazo a su principal rival. Rodríguez habla del "respaldo al proceso de reinserción de nuestro país en los espacios multilaterales" y tiene toda la razón. El de hoy ha sido el paso más importante en esa senda, pero seguramente no sea el último.
"Sostuvimos una histórica reunión con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con quien conversamos sobre el fortalecimiento de la relación bilateral", escribió Rodríguez en su cuenta oficial de X.
Figura clave junto a su hermano en los años de Nicolás Maduro, Estados Unidos incluyó a Delcy Rodríguez en septiembre de 2018, durante el primer mandato de Trump, en su lista de sancionados por violaciones de derechos humanos. Sin embargo, tras la captura de Maduro en enero de 2026 y el establecimiento de un Gobierno 'interino', Washington pasó progresivamente de la política de máxima presión a una relación de cooperación con Caracas. Ya no se habla de transición, elecciones ni democracia ni hay ruta para Machado.
El 1 de abril el Departamento del Tesoro eliminó formalmente a Rodríguez de la lista de sancionados. En julio, la Administración pidió al Departamento de Justicia que reconociera su inmunidad frente a una demanda civil en Florida, argumentando que ahora era la jefa de Estado de Venezuela. Y a final del verano el acercamiento ha llegado a una dimensión adicional, después de que Washington y Caracas llegaron a un acuerdo increíble sobre petróleo, deuda y reconstrucción de la industria venezolana.
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Por su parte, el Gobierno español, que hasta hace poco llamaba a la mandataria "presidenta temporal", y que acogió a Edumundo González y otros exiliados políticos de primer nivel, la ha invitado a la Cumbre Iberoamericana que se celebra en Madrid a principios de noviembre, a pesar de las sanciones comunitarias que en teoría le impiden pisar suelo europeo y que fueron clave en la polémica y nunca del todo aclarada parada en aeropuerto de Bajaras en 2020, con encuentros con el ministro José Luis Ábalos y sus colaboradores.
El paso final de su reconversión, y de su blanqueamiento diplomático, ha llegado este martes en Nueva York, durante la semana grande de la Asamblea General de la ONU. Por la mañana, Rodríguez logró acaparar titulares con una imagen llamativa y por momentos incómoda, tras levantarse de su asiento durante la sesión plenaria, acercarse al presidente español Pedro Sánchez, y lograr un beso y un saludo.
Pero su gran éxito llego por la tarde, cuando Trump accedió a un cara a cara. Un pull-aside, en la jerga local. Un aparte rápido durante una recepción en un hotel de la ciudad antes de que Trump volviera a Washington. En el encuentro estaban los dos políticos, acompañados de Marco Rubio, el secretario del Tesoro, Scott Bessent. La jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles; y el principal asesor de la Casa Blanca para cuestiones de interior, Stephen Miller. La administración estadounidense no dio ningún detalle al pool de periodistas ni el presidente respondió preguntas más tarde en el avión de regreso a Washington.
Rodríguez, sin embargo, acudió unas horas después a las redes sociales para celebrar el reconocimiento oficioso y público. "Sostuvimos una histórica reunión con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, con quien conversamos sobre el fortalecimiento de la relación bilateral entre nuestros países y el avance de una agenda de cooperación en áreas estratégicas como energía, minería, seguridad y otros asuntos de interés común. Expresamos nuestro agradecimiento al presidente Trump y a su Gobierno por el decidido apoyo brindado durante la emergencia ocasionada por los terremotos del pasado 24 de junio, así como por su respaldo al proceso de reinserción de nuestro país en los espacios multilaterales. Venezuela y los Estados Unidos comparten una relación histórica que, en esta nueva etapa, estamos llamados a encauzar a través del diálogo. Seguiremos impulsando una diplomacia al servicio del interés nacional, orientada a alcanzar resultados concretos y beneficios colectivos para el pueblo venezolano", publicó en su cuenta de la red X.
La cita de anoche, con un simbolismo fuerte y que supone un mazazo demoledor para la oposición encabezada por María Corina Machado, la líder que entregó su medalla del Premio Nobel a Trump, llevaba meses siendo cocinada. Ya en enero, días después de la operación militar que se saldó con la captura de Maduro, funcionarios de la Casa Blanca aseguraban que una visita era posible. Semanas después, ella misma dijo que "en algún momento" pasaría por Estados Unidos. Y cuando se confirmó su presencia en la Asamblea General de la ONU sólo quedó pendiente el momento, el formato y el tipo de cobertura que habría.
Fue en el hotel Lotte New York Palace. La decisión manda muchos mensajes. Si bien ha sido algo menor desde el punto de visto del protocolo, con una pequeña sala con dos sillas y las banderas de ambos países, es algo enorme desde el lado diplomático. Durante su primer año, Trump recibía en la Casa Blanca a todo líder internacional relevante, pero en los últimos meses ha ido cambiando el sistema, y cuando han sido citas delicadas, como el presidente sirio o el brasileño, ha optado por hacerlo en privado, sin cámaras ni ruedas de prensa. Esta vez ha sido similar, pero posando más que satisfecho junto a la mujer que ha defendido a capa y espada por su entrega y obediencia desde enero.
En este 2026, Delcy ha virado y de denunciar a Trump como un demonio ha pasado a hablar de "cooperación y conciliación", de "paz y diálogo", de su "amigo y socio". Su Gobierno ha convertido una relación que empezó con una operación militar y se sustenta sobre la amenaza permanente, en algo comercial y ágil, culminando en las negociaciones sobre petróleo e inversión estadounidense. Rodríguez sigue insistiendo en que no está cediendo la soberanía venezolana pero en la práctica, según ha descubierto la prensa estadounidense, está en contacto permanente con Marco Rubio, el secretario de Estado, y no toma ninguna decisión importante su sin permiso o visto bueno.