Turismo necesita más inversión

2026/09/28

Criterio urbano

Más competitividad para mejorar los ingresos

Guatemala tiene lo que cualquier país envidiaría: Tikal, el lago de Atitlán, Semuc Champey, volcanes activos y una cultura maya viva. Y, sin embargo, el Foro Económico Mundial acaba de ubicarnos en el puesto 94 de 110 economías en su índice de desarrollo de viajes y turismo 2026. La paradoja no es nueva, pero cada edición la hace más difícil de justificar.


Habrá quien diga que la puntuación mejoró, de 3.42 a 3.43 sobre 7. Es cierto. También lo es que el promedio mundial creció 2.1% y que el 92% de los países evaluados mejoró. Avanzar un centésimo mientras los demás corren no es progreso: es rezago con buenas intenciones. Por eso caímos dos posiciones. Costa Rica está en el 51, Panamá en el 65 y El Salvador, al que hace pocos años nadie veía como competidor turístico, en el 87. Solo superamos a Nicaragua y Honduras.


Conviene entender qué mide el Índice. No cuenta turistas ni divisas; mide las condiciones que permiten que el turismo crezca: seguridad, carreteras, aeropuertos, conectividad digital, talento, entorno de negocios y sostenibilidad. En otras palabras, no evalúa a Guatemala como destino, sino como país. Ahí está el problema.


Lo que está en juego no es menor. El Consejo Mundial de Viajes y Turismo estima que este año el sector aportará Q55 mil millones a la economía, el 5.6% del PIB, y sostendrá 585,600 empleos. Son empleos en Petén, en el altiplano, en Izabal: territorios a donde otras industrias no llegan. Cada posición que perdemos es un argumento menos cuando una cadena hotelera o una aerolínea compara dónde invertir.


El Índice deja claro que los recursos naturales y culturales ya no bastan. Se premia el patrimonio convertido en producto: accesible, con servicios y con comunidades que se benefician. Un visitante que pasa horas en una carretera con cientos de túmulos para llegar a una maravilla natural no vuelve, y tampoco recomienda.


¿Qué hacer? No hay que inventar nada; hay que ejecutar. Las herramientas legales existen: la agenda de alianzas público-privadas, la Ley de Infraestructura Vial Prioritaria y la nueva Ley Portuaria. Falta convertir ideas en obras. Mientras en el mundo la infraestructura aérea avanzó con fuerza, la terrestre sigue estancada, y ahí está nuestra mayor deuda.


El Inguat necesita una reforma que lo transforme de promotor de campañas en gestor de destinos, con metas medibles y recursos orientados a donde hay retorno.


Idiomas, hospitalidad, servicio y señal de internet en los destinos rurales no son lujos: son la diferencia entre un visitante satisfecho y una reseña negativa.


Ningún atractivo compensa el temor del visitante ni la incertidumbre del inversionista.


El propio Foro Económico Mundial advierte que la competencia ya no será por precio, sino por valor. Guatemala ha vivido de ser un destino accesible y auténtico. Esa ventaja se agota si no la acompañamos de calidad.


La próxima medición llegará en 2028, con un nuevo gobierno recién instalado. Lo que se decida, o se postergue, en los próximos meses definirá si entonces hablamos de recuperación o de otra oportunidad perdida. El turismo no espera: si no le damos condiciones, las inversiones y los empleos se irán a otro lado. Ya lo están haciendo.


Es momento de pasar a la acción, poniendo la Competitividad del sector turístico en el centro de la conversación para el desarrollo. Solo así Guatemala podrá seguir compitiendo para agregar mayor valor agregado y fortalecer la capacidad productiva del país. La inversión en capital humano, infraestructura y seguridad física y jurídica son la clave.