
Desde hace meses, palabras como ‘rearme’ o ‘escalada’ se leen habitualmente en la prensa cuando se refieren a la guerra de Rusia y Ucrania o a su posible extensión a otros países de Europa. Las últimas semanas se han empleado con argumento: Suecia y Alemania han realizado ejercicios en el Báltico, cazas españoles han vigilado aviones rusos sobre este mar, mientras un misil del Kremlin impactó a dos kilómetros de la frontera de Polonia, a lo que han respondido reforzándose militarmente. Donald Tusk, primer ministro polaco, aseguró en su Parlamento que “el plan ruso, según las evaluaciones de inteligencia, incluye ataques híbridos con drones y misiles contra los países que apoyan a Ucrania”. La misma advertencia que está utilizando el presidente francés, Emmanuel Macron, la última semana.
El Instituto de Estudios de Guerra (ISW), un organismo estadounidense que elabora informes y estudios de conflictos, ha tratado de exponer cómo sería una ofensiva rusa sobre un país de la Unión Europea (UE). Concretamente, el supuesto objetivo sería Estonia. A través de mapas, textos e ilustraciones, ha explicado las principales zonas sensibles o cuál sería el alcance que podría tener el Kremlin. El instituto aclara que “una invasión rusa a gran escala de un estado de la OTAN es extremadamente improbable”, pero advierte que esta “no es la única opción de Putin para escalar convencionalmente”.
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Según expone el think tank, Rusia “podría llevar a cabo operaciones terrestres limitadas utilizando drones de alcance táctico y operativo contra uno o más estados de la OTAN, no con el propósito de conquistarlos o apoderarse de territorio, sino con el objetivo de romper la Alianza”. Los ataques híbridos son una realidad y tienen este mismo objetivo. Injerencias rusas como el sabotaje al aeropuerto de Leipzig (Alemania les acusó directamente) buscan desestabilizar desde dentro, pero, por el momento, Rusia no se ha atrevido a hacerlo a través de las armas.
El ISW plantea un escenario hipotético en el que Rusia podría lanzar una incursión limitada en Narva, ciudad estonia situada en la frontera oriental de Europa. El análisis pretende examinar cómo podría desarrollarse un ataque de baja escala, qué efectos políticos buscaría Moscú y cuáles serían las dificultades para responder con rapidez. La hipótesis arranca con el complejo escenario que vive esta ciudad. Está habitada mayoritariamente por rusohablantes y, desde hace meses, vive una intensa campaña de propaganda por parte de canales rusos en redes sociales. Como avisó en su momento el portal Propastop, desde principios de marzo se han difundido mensajes que muestran mapas y símbolos separatistas y que llaman a realizar sabotajes y protestas.
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El supuesto plan comenzaría con agentes rusos ya presentes en Narva ocupando edificios públicos, zonas cercanas al puente fronterizo y el paseo ribereño, mientras expanden la idea de “opresión” sobre los rusos. Concretamente, el ISW apunta al Museo de Narva y al Ayuntamiento. Tras esto, proclamarían una supuesta “República Popular de Narva” y solicitarían protección a Moscú bajo el argumento de que la población rusa de Estonia sufre una persecución. El Kremlin negaría una invasión directa y alegaría que actúa para defender a ciudadanos rusos. “La situación en Narva es un asunto interno”, sería uno de los ejes de esa narrativa, según el estudio.

Entonces, Rusia apoyaría a los grupos armados con drones de visión en primera persona (FPV), municiones merodeadoras y aparatos de largo alcance desplegados desde su propio territorio, con capacidades de hasta 60 kilómetros de distancia. Para ello, también podrían activar estaciones repetidoras en el Báltico. El propósito sería dificultar el avance de fuerzas estonias hacia la ciudad, situada a unos 40 kilómetros de la base militar de Jõhvi. El informe considera que Moscú buscaría evitar un despliegue terrestre amplio, que podría restar recursos a la guerra en Ucrania y provocar una respuesta militar más contundente de la OTAN. Las ilustraciones del estudio, que abren este artículo, reflejan cómo se daría este despliegue de drones y sus alcances.
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Entre los posibles objetivos rusos, el ISW menciona la intención de crear una crisis que cuestione la aplicación del Artículo 5, la cláusula de defensa colectiva. También apunta a “fracturar la alianza” entre Estados Unidos, Europa y los países bálticos, además de desviar recursos que estén destinados a Ucrania. El documento advierte que una ofensiva limitada podría generar dudas políticas sobre cómo debe ser la respuesta contra Rusia. Otro efecto podría ser aumentar el apoyo en Europa a los partidos euroescépticos y hostiles a la OTAN.