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Los vientos alisios mecen Lanzarote con un frescor húmedo que contrasta con su mítico eslogan de “La tierra del fuego”. De origen subtropical, mantien la temperatura estable en eterna primavera-verano, lo que convierte la isla en un deseable refugio climático donde el hotel Fariones sería su oasis.
Inaugurado en los sesenta, fue el primer hotel turístico que se construyó con el compromiso césarmanriqueño de armonía entre desarrollo e identidad conejera. Sesenta años después ha sido remodelado integralmente por el interiorista canario Rafael del Castillo, convirtiéndolo en un cinco estrellas con un gusto exquisito y sutil.

En todas las estancias el océano capta la atención brindando la oportunidad de perder la mirada en el horizonte, escuchar su vaivén, el canto de los pajarillos, el susurro de las hojas de palma y sentir la brisa alísia. Así, detenerse es sencillo, solo cabe buscar el rincón que más apetece según el momento.
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Un frondoso jardín de palmeras, árboles, plantas aromáticas, strelitzias, hibiscos, jazmines, buganvilla y orquídeas recorre toda la superfície del hotel con un cierto desorden tropical que favorece encontrar aquel rincón solitario, íntimo. Un paso separa el jardín de la playa, pudiendo elegir entre la resguardada playa Chica y la playa Blanca para tomar un baño y luego enjuagar la sal del mar en la piscina alineada al horizonte o en los jacuzzis exteriores.

Alimentada el alma en una ubicación privilegiada, el hotel Fariones también alimenta el cuerpo y los valores. Sus restaurantes: Bella Lucía Buffet, Erizo Macaronesian, Kaori Fusion y La Barra Food & Drinks sirven productos de kilómetro cero y productos de la granja Finca de Uga, propiedad del grupo hotelero, cuya especialidad es el cochino negro canario, un cerdo autóctono muy apreciado en la gastronomía local por su calidad de carne, así como vinos de su propia bodega, Stratus, situada en la Geria, una región cerca de Timamfaya donde la uva se cultiva directamente en el suelo negro de lava resguardada de los vientos alíseos.