Un inesperado contaminante en el mar Báltico: detectan decenas de fármacos en las aguas

2026/09/28

Mejillones azules sobre una roca cubierta de algas en el fondo marino, rodeados de píldoras y cápsulas medicamentosas en la arena.

Una investigación con equipos de Suecia, Finlandia, Lituania y Letonia identificó fármacos como paracetamol, ibuprofeno y carbamazepina en este mar semicerrado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Paracetamol, ibuprofeno, carbamazepina, diclofenaco: decenas de fármacos de uso cotidiano se detectan en las aguas del mar Báltico. Científicos de cuatro países europeos advierten que la solución no pasa únicamente por mejorar el tratamiento de las aguas residuales, sino por actuar mucho antes: en el consultorio, en la farmacia y en el hogar de cada paciente, según informó Euronews.

La investigación reunió los hallazgos de equipos de investigación de Suecia, Finlandia, Lituania y Letonia. El Báltico es especialmente vulnerable: su carácter semicerrado dificulta la renovación del agua y concentra los residuos. A esa condición natural se suma la herencia de décadas de vertidos industriales y agrícolas, y la realidad de que la mayoría de las plantas depuradoras no está equipada para eliminar compuestos farmacéuticos.

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Infografía con un mapa del mar Báltico, frascos de remedios, peces, ranas, mejillones y esquemas de plantas de depuración y descarte.
Un proyecto multinacional advierte que algunos fármacos persisten durante años en el ecosistema acuático del Báltico, donde su carácter semicerrado dificulta la renovación del agua y favorece la acumulación progresiva de compuestos en el fondo marino (Imagen ilustrativa Infobae)

Según un informe de la UNESCO y la Comisión para la Protección del Medio Marino del Báltico (HELCOM) publicado hace una década, las instalaciones de depuración liberan anualmente cerca de 1.800 toneladas de compuestos farmacéuticos en el mar. La gran mayoría carece de una cuarta fase de filtrado diseñada específicamente para eliminar esas sustancias.

Los fármacos alcanzan el agua por múltiples vías: efluentes domésticos y hospitalarios, descargas de plantas de producción, escorrentía agrícola y, en menor medida, heces de animales de compañía. Pero una fuente menos visible es el propio organismo humano. Marmar Nekoro, investigadora de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Uppsala, en Suecia, explicó a Euronews que “siempre que ingieres un medicamento, el cuerpo no absorbe todo; una parte, a veces bastante grande, se excreta”.

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Una vez en el ecosistema acuático, algunos compuestos persisten durante años. La carbamazepina —prescrita para tratar la epilepsia, el dolor neuropático y el trastorno bipolar— “tarda casi tres años y medio en degradarse hasta la mitad”, advirtió Nekoro. Esa lentísima descomposición favorece su acumulación progresiva en el fondo marino.

Una tubería de concreto expulsa líquido con espuma hacia el agua junto a un terreno rocoso y un bosque bajo un cielo gris.
Una investigación multinacional advierte que la mayoría de las plantas depuradoras carece de sistemas para eliminar compuestos farmacéuticos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La principal preocupación de los científicos no apunta a los efectos directos sobre los bañistas, sino al daño sobre la fauna marina. Peces, ranas y otras especies sufren feminización por la presencia de estrógenos sintéticos, un proceso que puede comprometer poblaciones enteras. El mejillón azul del Báltico (Mytilus edulis), fundamental porque filtra el agua, pierde energía para su metabolismo normal al quedar expuesto a ciertos analgésicos.

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El diclofenaco, uno de los antiinflamatorios más recetados a nivel global, figura entre los compuestos bajo mayor vigilancia. Kristina Garuolienė, investigadora de la Universidad de Vilna, en Lituania, señaló que en determinados cuadros clínicos existen alternativas terapéuticas igualmente válidas. “Cuando los médicos recetan, también deben pensar en qué opción no resulta peligrosa para el medioambiente”, afirmó ante el medio europeo. Los científicos también advierten sobre el riesgo de resistencia a los antimicrobianos como otro factor de impacto en la salud pública.

Los cambios en las poblaciones de mejillones añaden presión sobre un ecosistema que ya soporta la eutrofización: el enriquecimiento excesivo de nutrientes que dispara el crecimiento de algas y agota el oxígeno disuelto en el agua.

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Manos con guantes azules sostienen una probeta etiquetada con agua, con un microscopio sobre la mesa y la costa marina al fondo.
Una investigación de cuatro países nórdicos y bálticos documentó que estrógenos sintéticos y analgésicos como el diclofenaco alteran especies clave, incluido el mejillón azul (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo liderado por Björn Wettermark, profesor de farmacoepidemiología de la misma universidad sueca, defiende un enfoque de ciclo de vida completo. “No se trata solo de depurar el agua. Hay que analizar todo el recorrido del fármaco”, subrayó. Eso implica revisar cómo se prescribe, cómo lo usa el paciente y de qué manera se descarta lo que sobra.

En paralelo, un estudio reciente en Suecia determinó que los profesionales de la salud necesitan más formación específica y mejor acceso a datos ambientales sobre los productos que recetan. En este sentido, Wettermark fue directo al respecto. “Sabemos desde hace tiempo que no siempre se recetan los mejores fármacos, ni en términos clínicos ni por el uso excesivo. Mejorar la prescripción es una situación en la que todos ganan”, sostuvo.

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En Lituania, la devolución de envases sin usar a las farmacias creció de forma sostenida en los últimos años. Garuolienė valoró la tendencia, aunque advirtió que el volumen devuelto también revela un problema de base: parte de lo recetado nunca llega a consumirse. Desechar esos envases en la basura doméstica o verterlos por el desagüe contribuye directamente a la carga de contaminación que soporta el mar.

El objetivo del proyecto es trazar una estrategia regional para reducir la contaminación farmacéutica en toda la cuenca del Báltico.