Más de 20 años esperó esta cabaña pasiega a que su dueña, la arquitecta Helena Aguilar de Estudio Mínima, entendiera su ser y futuro. Es magnífico ejemplo de la reconversión de una arquitectura rural en una vivienda contemporánea y eficiente nivel Passivhaus. Lograr el estándar EnerPHIt que certifica la rehabilitación sin tocar un milímetro los muros de piedra era parte del desafío de Casa Mínima.
La leyenda a pie de página explica que el hallazgo tuvo lugar hace algo más de dos décadas que, como bien sabemos por el tango, es nada. "No fue una búsqueda con encargo ni con plan: fue de esas casualidades que luego, con perspectiva, entiendes que no lo eran tanto. La compré casi por instinto, sin saber muy bien qué iba a hacer con ella", recuerda Helena Aguilar, arquitecta y cofundadora de Estudio Mínima.
De aquel paseo por los Valles Pasiegos se trajo una cabaña en ruinas que 20 años después ha convertido, junto a Juan Ramón Cristóbal, en un manifiesto de rehabilitación con sentido y sensibilidad, que hasta a Jane Austen podemos imaginar mirando las verdes lomas desde la ventana.


El tiempo que pasó no fue perdido, fue necesario, argumenta Aguilar con perspectiva. "Estaba construyendo mi trayectoria como arquitecta, fundando el estudio junto a Juan Ramón, y el propio estándar Passivhaus para rehabilitación, el EnerPHit, no tenía entonces el recorrido ni la solvencia técnica que tiene hoy en España. Rehabilitar una cabaña de piedra de estas características con un nivel de exigencia tan alto requería un bagaje que aún no teníamos. Esperar no fue una renuncia, fue una condición del proyecto".
Tiempo hubo por tanto para escuchar al edificio, al paisaje, y transformar aquella ruina en Casa Mínima. "Más que transformar un edificio, este proyecto ha consistido en aprender a escuchar lo que ya estaba aquí. Veinte años de visitas, de ver la cabaña en todas las estaciones, de entender cómo entraba la luz, por dónde se colaba el agua, qué muros aguantaban y cuáles pedían ayuda, nos dieron un conocimiento del edificio que ningún levantamiento de planos te da en un par de visitas. Cuando por fin empezamos a proyectar, ya no hacía falta interpretar nada. La cabaña nos había contado, muro a muro, invierno tras invierno, todo lo que necesitábamos saber".

Así se reconstruyó para la vida Casa Mínima. "El nombre resume exactamente la actitud del proyecto: hacer lo mínimo necesario para conseguir el máximo resultado. No añadir gestos, no imponer una arquitectura nueva sobre la existente, sino activar lo que la cabaña ya tenía. Y también porque es coherente con el nombre del estudio, Estudio Mínima: la misma filosofía de precisión y contención aplicada a una escala doméstica y personal".
Una exigente rehabilitación Passivhaus
Hay proyectos donde no se puede disociar la intervención del entorno. Este es uno de ellos. Con una geolocalización particular, además. "Los Valles Pasiegos tienen una meteorología muy cambiante, con humedad constante y oscilaciones térmicas marcadas entre el día y la noche, entre el verano y el invierno. Eso obliga a un control de la hermeticidad y de la ventilación mucho más riguroso que en climas más estables, porque el riesgo de condensaciones dentro de un muro de piedra de 80 centímetros que de pronto queda aislado por dentro es real si no se calcula bien cada capa. La ventilación mecánica con recuperador de calor no es un capricho tecnológico, es la pieza que permite que el edificio respire correctamente en un clima así, renovando el aire sin perder la energía acumulada. También condicionó la orientación y el tamaño de las nuevas aperturas: en un valle con cielos frecuentemente cubiertos, cada ventana tenía que aprovechar al máximo la luz disponible", detalla la arquitecta.


"La casa mantiene una temperatura estable todo el año, con una demanda de calefacción mínima"
Para los que no estamos tan familiarizados con este tipo de construcción pasiega, ¿cuál es su principal característica? Es una tipología vinculada a la vida semitranshumante de los valles de Cantabria desde el siglo XVI: la planta baja, la cuadra, alojaba al ganado, y la planta superior, a la que se accedía por una escalera exterior de piedra, era la vivienda y el pajar. Es arquitectura absolutamente funcional, nacida de la lógica del territorio y del clima, no de un estilo. Este tipo de construcciones están catalogadas y cuentan con una protección patrimonial específica. En nuestro caso, además, la cabaña se encuentra dentro de un espacio Natura 2000, en el Valle del Pisueña, lo que condicionó desde el principio nuestra forma de intervenir en el entorno y en el paisaje, más allá del propio edificio. ¿Qué particularidades tiene la certificación Passivhaus EnerPHit? ¿Y en particular en una cabaña pasiega? El EnerPHit es el estándar Passivhaus pensado para rehabilitación, no para obra nueva, y eso ya lo hace exigente de otra manera: partes de un edificio existente, con sus limitaciones geométricas y constructivas, y tienes que llegar a los mismos niveles de eficiencia que exige el Passivhaus en construcción nueva. En una cabaña pasiega el reto se multiplica porque el material base es piedra maciza sin ningún tipo de aislamiento, con una masa térmica enorme, pero sin control ninguno de la hermeticidad. Tuvimos que crear esa segunda piel interior, sellar todos los puntos de fuga de aire, e incorporar ventilación mecánica con recuperador de calor, aerotermia y carpinterías Passivhaus con triple vidrio, todo sin alterar ni un centímetro la lectura exterior del edificio. El resultado es que hoy la casa mantiene una temperatura estable todo el año, con una demanda de calefacción mínima, algo muy poco habitual en un entorno rural de Cantabria.

De refugio trashumante a vivienda eficiente
Otra de las particularidades de Casa Mínima es su doble alma: como vivienda y como alojamiento turístico. "Pensamos la casa desde el principio para acoger a familias, no a grupos de desconocidos, así que la distribución en dos dormitorios en suite responde a esa idea de convivencia íntima, no de capacidad máxima. Los acabados se decidieron pensando en la durabilidad y en el uso continuado: mortero de cal, madera de roble, piedra, cerámica, materiales naturales que envejecen bien y que no necesitan un mantenimiento agresivo".
Los usos, eso sí, son radicalmente distintos a la distribución original de refugio para una vida trashumante: "Abajo había ganado, arriba vivienda y pajar mezclados. Hoy abajo está la cocina, el comedor y el salón, y arriba los dos dormitorios en suite. Lo que se mantiene no es el programa, es la estructura que lo sostenía: dos niveles, el acceso por la escalera exterior de piedra, la relación entre una planta de trabajo y una planta de resguardo. Sobre ese esqueleto construimos un uso que la cabaña nunca tuvo", sostiene Aguilar.


Una de las decisiones clave para que una rehabilitación concluya con éxito es decidir qué se queda, qué va fuera. En Estudio Mínima abordaron tan peliaguda cuestión evitando el mimetismo, y se explican. "Queríamos que se pudiera leer con claridad qué es original y qué es nuevo, sin que compitan ni se disfracen entre sí. La piedra exterior se conservó intacta y visible. Las losas que antiguamente pavimentaban la cuadra, algunas todavía marcadas por los surcos tallados para el mantenimiento del ganado, las reutilizamos para pavimentar el nuevo patio". Este patio ganado se ubica en un espacio semicerrado por grandes muros de piedra que había sido utilizado como estercolero y que se encontraba cubierto de vegetación; que tras su limpieza y acondicionamiento es uno de los rincones más disfrutones.
La arquitecta continúa: "Las vigas de madera originales se transformaron en piezas de mobiliario, mesas, mesillas, hechas por el propio estudio. La escalera exterior de piedra sigue cumpliendo exactamente la misma función que cumplía hace siglos. Lo que no dejamos visible fue toda la parte técnica: instalaciones, conductos, aislamiento, todo lo que pertenece a la exigencia contemporánea queda integrado y en silencio".


Esa aproximación encaja con el ambicioso objetivo que se habían autoimpuesto los arquitectos: alcanzar el estándar EnerPHit sin tocar la fachada histórica. "Los muros de piedra seca, de hasta 80 centímetros de espesor, tenían que permanecer intactos vistos desde fuera. Toda la exigencia térmica y de hermeticidad que pide el Passivhaus para rehabilitación había que resolverla desde dentro, con una segunda piel interior por capas: aislamiento, cerámica y enlucido de cal aplicados directamente sobre la piedra existente. Es un ejercicio de precisión casi quirúrgica, porque cualquier error de continuidad en esa envolvente compromete la hermeticidad de todo el conjunto. Y a eso se suma integrar la ventilación mecánica con recuperador de calor, la aerotermia y el resto de instalaciones sin que se note su presencia". Porque todo ese equipamiento debía permanecer invisible.

Por eso este proyecto puede servir de modelo para otras rehabilitaciones que vengan. Logro del que se muestra especialmente orgullosa Helena Aguilar. "Casa Mínima prueba que la arquitectura vernácula puede alcanzar los estándares contemporáneos de confort y eficiencia sin perder su identidad ni renunciar a su materialidad. No hace falta demoler ni disfrazar un edificio tradicional para que funcione como una vivienda de alto rendimiento energético. La estrategia de la envolvente interior es replicable en muchas otras construcciones de piedra en toda España, no solo en cabañas pasiegas. Creo que hay un parque enorme de arquitectura rural en riesgo de abandono que podría tener una segunda vida por este camino, y que ese es precisamente el papel que puede jugar la arquitectura ahora: no inventar, sino activar lo que ya existe".

La cabaña pasiega es paradigma de la integración de la arquitectura en el entorno; Estudio Mínima homenajea esta forma de construir y habitar. Es parte de su modus operandi como estudio, que ellos concretan en "rigor técnico combinado con la sensibilidad hacia lo existente, sin que uno le reste al otro. Nos define entender la sostenibilidad no como un discurso ni una etiqueta, sino como una forma de cuidado hacia el edificio, el paisaje y el tiempo. Y nos define también la voluntad de que la tecnología no se note: que el confort, la eficiencia, el silencio térmico de una casa Passivhaus se experimenten, no se exhiban. Casa Mínima es probablemente el proyecto que mejor sintetiza esa manera de entender la arquitectura que tenemos en el estudio". Nos gusta, vaya si nos gusta.