21 de julio, 2026 - 06h30
Una de las funciones del sistema de educación superior es “formar académicos, científicos y profesionales responsables, éticos y solidarios, comprometidos con la sociedad, debidamente preparados en todos los campos del conocimiento, para que sean capaces de generar y aplicar sus conocimientos y métodos científicos, así como la creación y promoción cultural y artística”, según el artículo 13, letra c, de la Ley Orgánica de Educación Superior.
En las universidades es esencial la cátedra, la investigación y la vinculación con la sociedad. Existiendo este marco tan noble de desenvolvimiento, no podemos menos que conmovernos al leer que en el interior de una prestigiosa universidad privada ecuatoriana algunos empleados habrían planificado el homicidio del director o gerente financiero de dicha universidad, al parecer por los resultados de una auditoría interna de la institución. Las auditorías pueden descubrir falencias administrativas y de gestión, así como desvíos y posibles corruptelas.
Esta desgracia universitaria enluta y conmueve a todas las universidades ecuatorianas. Si es verdad que el director o gerente financiero de dicha institución murió vilmente producto de la planificación maquiavélica de unos cuantos funcionarios universitarios, hay de por medio un síntoma de debacle que había pasado desapercibido dada la pureza del mundo universitario: a la ambición por el dinero no le importan los contextos, la nobleza de una comunidad.
El amor por el dinero a como dé lugar no respeta nada, lo público, lo privado, lo comunitario. Por la presunción de inocencia y la ausencia de antecedentes penales, esos funcionarios han de seguir trabajando como si nada, pero lo hacen sobre la base de una desgracia.
La víctima llamó desesperada a su esposa viéndose seguida por sus aparentes asesinos. Seguramente la señora nunca olvidará esa llamada. Desde esta columna expresamos nuestro pesar a la familia de la víctima. Recomendamos a quienes trabajan en el ámbito de las adquisiciones universitarias y en el área financiera tomar todas las medidas preventivas que el caso amerite, debiendo para ello asesorarse técnicamente. Vivimos en un mundo que aquilata con exageración los lujos, que se deslumbra por la riqueza sin importar su origen. El sacrificio diario y la lucha honrada por la vida parecen no importar ya para un sector cada vez más creciente de la sociedad.
Hace unos pocos años conocí una fórmula innovadora de supervivencia: un funcionario público tuvo conocimiento de que era candidato a ser “sicariado”, se ingenió para llegar a conocer a quien lo iba a ejecutar, se reunió con el “gatillero” (su futuro asesino), al cual le explicó el alcance de su informe y le dio una copia; el gatillero, muy educado, recibió el informe y se entiende que se lo llevó a su “mandante” junto con la explicación del alcance del informe. El funcionario se salvó. Ya tenía un boleto al más allá. Increíble pero cierto. Al parecer nadie está a salvo en este “Estado constitucional de derechos y justicia”. Los valores nos pueden levantar y los disvalores nos pueden enterrar. ¡Justicia! (O)