Verano tórrido (1), por Antoni Gutiérrez-Rubí

2026/08/09

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Hace seis años, por estas fechas, escribía para este diario un artículo con el título “ Detox digital (y político)”. Aquel verano estuvo marcado por el impacto de la pandemia y, en general, fue una época agitada, en la que la sobreexposición a la información alteraba los ánimos que oscilaban de un extremo al otro de nuestro péndulo emocional. Entonces hablaba de aceleración digital, de polarización, de nuestra percepción de la realidad (condicionada por sesgos, prejuicios y creencias) y del reinicio como una oportunidad para reencontrarnos y buscar soluciones y acuerdos, desde la honestidad y el consenso. Qué lejos parece haber quedado todo aquello y, sin embargo, cómo se han agudizado algunas de las cuestiones que vivíamos entonces con gran intensidad.

 

 Àlex Garcia

Hoy, la sensación de excepcionalidad parece no haber desaparecido. La pandemia causada por la covid quedó atrás (aunque no sus consecuencias), pero ha sido sustituida por una acumulación de crisis que convierten la incertidumbre en el estado natural de nuestros días. Y este verano está resultando tórrido, en el sentido más literal.

Se alimenta la política de la combustión permanente, donde cualquier chispa prende con facilidad

Las olas de calor baten récords, los incendios se suceden y el cambio climático ha dejado de ser una advertencia para convertirse en una realidad cotidiana, y letal en muchos casos. También lo es en el sentido político. Las guerras se prolongan, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha ido alterando el equilibrio internacional y las democracias en el mundo afrontan una, cada vez más creciente, erosión de la confianza.

Todo parece diseñado para elevar la temperatura de la conversación pública: más indignación, más ruido, más respuestas instantáneas, más encontronazos y pasiones encendidas... Se alimenta la política de la combustión permanente, donde cualquier chispa prende con facilidad y casi nadie se ocupa de impedir que las llamas lo acaben consumiendo todo.

Ante este escenario, lo más prudente sería optar por una política serena, capaz de enfriar los ánimos y las reacciones, en lugar de avivar las convicciones a cualquier precio. Ojalá el tiempo de descanso estival contribuya a recuperar perspectiva y determinación para poner el foco en aquello que realmente nos afecta y apela. Porque este verano parece no dar tregua: incendios devastadores y fronteras desbordadas. Hay una extraña y agobiante sensación en el ambiente físico, político y emocional. Un ahogo desesperanzador. Hay que abrir urgentemente espacios de serenidad o el verano tórrido será, además, muy tóxico.