Víctor Mañero, adiestrador canino: “Cuando entras en casa, o al perro coges y lo asientas y en calma le das mimos o entras en casa como si no existiera el perro”

2026/08/23

Abrir la puerta de casa y encontrarse con el perro corriendo hacia nosotros es una escena habitual para muchas familias. La reacción suele ser inmediata: caricias, abrazos y palabras de cariño. Sin embargo, el adiestrador canino Víctor Mañero plantea una interpretación diferente de ese comportamiento y considera que, en determinados casos, la efusividad puede estar relacionada con un estado de ansiedad.

Durante una conversación con Noelia Duarte en Zenvibes Podcast, el profesional pone el foco en la respuesta de los propietarios ante estas situaciones. A su juicio, una reacción excesivamente afectuosa puede terminar reforzando la conducta que muestra el animal cuando busca atención después de haber pasado tiempo solo. "El mayor error que comete el ser humano es mimar, consentir y premiar esa llamada de atención que es 'mami, mami, dame mimos, mami, mami, dame mimos'", señala.

Imagen de recurso de un perro en un balcón
Imagen de recurso de un perro en un balcónPexels

La recomendación de Mañero pasa por evitar que el encuentro se convierta en un momento de máxima excitación. El objetivo sería conseguir que el perro reduzca progresivamente su nivel de activación antes de recibir las muestras de afecto. Para ello, plantea dos posibilidades dependiendo de cómo se encuentre el animal en ese momento y de su capacidad para recuperar la calma.

"Mi recomendación es siempre la misma. Cuando entras en casa, o al perro coges y lo asientas y en calma le das mimos o entras en casa como si no existiera el perro. Esto es duro, rompe corazones y crea mucho odio, pero es que es así", explica el adiestrador, consciente de que esta forma de actuar puede resultar difícil para muchos propietarios.

Imagen de un perro en una terraza
Imagen de un perro en una terrazaPexels

La razón de esta postura, según su relato, va más allá de conseguir que el perro tenga mejores modales. Mañero defiende que mantener bajo control la excitación del animal puede ser importante cuando las reacciones físicas son especialmente intensas. Para ilustrarlo, recuerda un episodio que asegura haber vivido durante su trabajo como profesional y que le afectó profundamente.

"La madre llegó y el perro se puso supercontento con las pulsaciones a tope. Al acariciarle, el perro empezó a temblar e infartó. Estuve 15 días sin adiestrar perros porque esa situación me conmovió bastante. Esto no me lo he inventado, ocurre. Veo las consecuencias y la semilla de toda mala educación en un perro es saludarle en la entrada", concluye Mañero.