Vida, sexo y dolor: Picasso y Bacon unidos para contar ‘qué se siente siendo humano’

2026/10/10

Dos pinturas al óleo colocadas juntas; la izquierda presenta a una mujer con rasgos geométricos y la derecha a un hombre de rostro distorsionado.

Francis Bacon decidió convertirse en pintor en 1927 tras visitar una exposición de Pablo Picasso

En 1927, un chico de entonces 17 años llamado Francis Bacon visitó una exposición de Pablo Picasso y decidió que también quería ser pintor. De ese encuentro nació en el británico una inspiración y, al tiempo, una aspiración de superar al gran maestro español, que el Museo Albertina de Viena muestra ahora enfrentando piezas de los dos genios.

“No hay forma de evitarlo, ¿sabes? Siempre tengo a Picasso en mente”, dijo en una ocasión Bacon (1909-1992) a su amigo Michael Peppiatt, historiador de arte y uno de los comisarios de la muestra.

PUBLICIDAD

Con el título Qué se siente siendo humano, la exposición permite explorar hasta el 31 de enero la relación entre dos de los mayores pintores figurativos del siglo XX.

Esas palabras resumen la obsesión de Bacon por ser a la segunda mitad del siglo XX, lo que Picasso, 28 años mayor que él, había sido a la primera: “Un espejo del alma moderna y de la catástrofe humana de las dos guerras mundiales”, como describe la galería Albertina.

Bacon reconoció que las figuras surrealistas biomorfas de Picasso, en apariencia tan deshumanizantes, son justo las que le hicieron entender ese “qué se siente siendo humano” con el que el pintor resumió el efecto que causaron en él.

PUBLICIDAD

Los dos artistas nunca se encontraron en persona, pero hay constancia de que Picasso le hizo llegar el mensaje de que le gustaban mucho algunos de sus trabajos.

Cuatro cuadros enmarcados de estilo cubista expuestos sobre paredes oscuras en una sala con suelo de madera
El museo Albertina de Viena presenta la exposición sobre Francis Bacon y Pablo Picasso hasta el 31 de enero

Para Bacon, Picasso (1881-1973) fue un modelo con el que quiso siempre medirse y, al mismo tiempo, distanciarse.

En total, 71 piezas llegadas desde museos de Chicago, Estocolmo, México, Londres y París permiten comprobar no solo esa influencia del español en el británico, sino explorar cómo los dos reinventaron la pintura e interpretaron temas como el erotismo, el dolor o la vejez, con temas y tropos comunes como los toros, el desnudo y la deformidad.

PUBLICIDAD

La exposición está ordenada siguiendo esos temas e inquietudes comunes, sin un orden cronológico.

Los puntos de encuentro, pero también las claras diferencias estéticas y técnicas, se hacen presentes en una muestra que tiene como eje el interés de ambos por la representación figurativa del cuerpo humano.

En la primera sala, por ejemplo, se analiza cómo el interés de Picasso por el surrealismo se manifestó en distorsiones de los cuerpos que diluyen la inhibición sexual impuesta por la civilización, como en Desnudo de pie junto al mar, de 1929.

O el impactante Madre con niño muerto, pintado en 1937 después del Guernica, y en el que el cubismo y el expresionismo le sirven para denunciar la guerra y el sadismo humano.

PUBLICIDAD

En la misma sala, esa misma figuración surrealista puede verse en la Furia, de 1944, en la que Bacon vuelca tanto el dolor de un mundo en guerra como sus propios traumas y miedos de la infancia, en una figura que grita de forma desgarradora, claramente inspirada en Picasso.

Los dos artistas jugaron a reinterpretar maestros del pasado, como los cuadros en los que Bacon recreó los retratos que Velázquez hizo del papa Inocencio X; o El almuerzo campestre, según Manet, una de las muchas recreaciones que Picasso hizo de esa obra del impresionista francés.

Un cuadro abstracto de colores vivos colgado en una pared oscura y una pintura de un retrato enmarcado en dorado al fondo
Pablo Picasso y Francis Bacon nunca coincidieron en persona, aunque el creador español elogió el trabajo del británico

La dimensión de Picasso y Bacon como retratistas es otra de las estaciones de esta muestra, con ambos experimentando con hasta dónde se puede deformar un rostro para explorar la identidad, el dolor o el deseo.

PUBLICIDAD

Pese a que los dos deforman la realidad, Picasso recurre a trazos más claros y precisos, en los que domina lo bidimensional, mientras que Bacon casi emborrona los rostros con pinceladas más dinámicas, como se ve en el Autorretrato fechado en 1972.

A lo largo de toda la exposición, contrasta el dominio de la línea de Picasso frente a un Bacon que, sin formación técnica convencional, pinta de forma mucho más intuitiva y hasta caótica.

La muestra también destaca cómo la intensa vida privada de los dos, sus relaciones amorosas, su carisma, pero también su crueldad, se reflejan en sus cuadros.

PUBLICIDAD

En definitiva, la exposición es una ocasión única de ver enfrentados a dos grandes pintores en lo que el director del museo Albertina, Ralph Gleis, ha definido como “un enfrentamiento directo”.

Fuente: EFE.