Tecpán cuenta con elementos que ya atraen visitantes: gastronomía, patrimonio arqueológico, naturaleza, clima, hospedaje y actividades vinculadas al turismo rural. El siguiente desafío es conseguir que esas ventajas dejen de funcionar de manera aislada y formen parte de una estrategia común que permita convertirlas en proyectos de largo plazo.
Durante La Charla de Guatemala No Se Detiene, especialistas plantearon que el municipio necesita una hoja de ruta que responda, primero, qué tipo de destino quiere construir; después, qué proyectos requiere para conseguirlo; quién debe asumir cada responsabilidad y, finalmente, cómo evitar que esa planificación se interrumpa con los cambios de autoridades.
La conversación reunió a Lisardo Bolaños, coordinador de Guatemala No Se Detiene; Juan Pablo Nieto, consultor turístico; Cecilia Pivaral, responsable del fondo para la preinversión en infraestructura de Guatemala No Se Detiene, y Mario Maldonado, director de Desarrollo del Producto Turístico del Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat).
Los cuatro coinciden en que tener atractivos no basta. La transformación hacia un destino turístico requiere acceso, servicios, infraestructura, empresas preparadas, participación comunitaria, planificación y una estructura de gobernanza que dé seguimiento a los proyectos.
Primero, definir qué tiene de especial Tecpán
Para Lisardo Bolaños, uno de los primeros pasos consiste en establecer qué condiciones permiten que un sitio deje de ser únicamente un lugar con atractivos y pueda funcionar como destino turístico.
“Tenemos acceso para que turistas nacionales e internacionales puedan llegar. Eso implica la infraestructura”, explicó Bolaños. A ello se suma la posibilidad de hospedarse, encontrar restaurantes y contar con servicios complementarios que permitan construir una experiencia alrededor del lugar.
Bolaños señaló que la competencia turística no ocurre solamente entre municipios guatemaltecos. Un viajero puede elegir otros destinos del país o incluso desplazarse hacia México, El Salvador, Honduras o Belice. Por eso, consideró necesario responder qué tiene un territorio que justifique específicamente esa visita: “¿Por qué si voy a ir a este lugar cuando puedo ir a otros 360 municipios? [...] ¿Qué tenemos de especial? ¿Qué ofrecemos importante que valga la pena?”, planteó.
Tecpán ya cuenta con algunas ventajas. Bolaños destacó su cercanía con la capital y Antigua Guatemala, su clima y una trayectoria gastronómica que incluso ha permitido que restaurantes surgidos en el municipio amplíen su presencia hacia otras zonas.
Sin embargo, advirtió que la cercanía geográfica no necesariamente significa facilidad para llegar.
“Cuando pensamos en Tecpán pensamos en cercanía, pero también midámoslo en tiempo (…) el tiempo para llegar a Tecpán versus los tiempos para llegar a otros lugares”, señaló.
Para Bolaños, también debe analizarse cómo diversificar las formas de movilidad, garantizar servicios y, sobre todo, diferenciar el destino.
Construir sobre lo que ya existe
Juan Pablo Nieto planteó un segundo elemento de la hoja de ruta: antes de comenzar nuevos proyectos debe identificarse dónde ya existen las condiciones iniciales para desarrollar el turismo.
A su criterio, no todos los territorios parten del mismo punto. Algunos ya cuentan con empresas, atractivos, organizaciones locales y una intención clara de desarrollar la actividad turística.
“Primero tenemos que identificar la oportunidad, que en este caso es ver cuáles son los territorios que ya tienen alguna intencionalidad, alguna actividad, interés también de los empresarios y las comunidades en poder desarrollar el sector”, explicó.
A partir de allí, agregó, debe comenzar un proceso similar al de ordenar una empresa: elaborar un plan, establecer el marco necesario y preparar el territorio para atender a los visitantes.
Nieto explicó que puede existir un lugar con vocación turística e incluso empresas interesadas, pero si no hay voluntad de las autoridades, comunidades y demás actores para trabajar en una misma dirección, desarrollar proyectos se vuelve mucho más complicado.
Mencionó, además, experiencias como Antigua Guatemala, donde se ha trabajado en diversificar los flujos turísticos fuera del casco urbano; Salcajá, donde una visión municipal permitió transformar espacios y poner en valor productos locales, y otros casos donde el empresariado tomó el liderazgo.
“Hay que ver esos elementos en donde han funcionado algunos factores y cómo podemos replicarlos”, afirmó.
La idea, explicó, es aprovechar las experiencias existentes para reducir el tiempo de aprendizaje y avanzar con mayor rapidez en la implementación de una agenda propia.
Nieto también advirtió que la calidad del atractivo pierde peso cuando las condiciones alrededor del viaje no funcionan: “Podemos tener atractivos tan bonitos y tan potenciales como tenemos en Guatemala, pero realmente el acceso los está matando”, señaló.
El consultor explicó que factores como la estabilidad social, la estabilidad política y la infraestructura forman parte de los elementos que un visitante evalúa antes de decidir un viaje. En infraestructura incluyó carreteras, servicios de agua y saneamiento, hospitales, conectividad y aeropuertos o aeródromos.
Así, para Nieto, la hoja de ruta no debe limitarse a promocionar los atractivos que ya existen: primero necesita resolver las condiciones que permiten consumir ese producto turístico.
Una hoja de ruta también debe repartir responsabilidades
Cecilia Pivaral explicó que la planificación debe comenzar con claridad sobre el resultado que se persigue.
“Es importante que tengamos claridad de cuál es la ruta o el plan, qué es lo que se quiere lograr para este destino y, en ese sentido, involucrar a todas las instituciones que están relacionadas”, indicó.
Esto responde a que un proyecto turístico rara vez depende de una sola institución.
Según la iniciativa, pueden intervenir el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat), el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV), autoridades ambientales, el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (Conap), municipalidades, empresarios, comunidades y otras instituciones responsables de facilitar inversiones o prestar servicios.
Por esa razón, Pivaral considera que la planificación debe identificar desde el principio quién participa en cada proyecto.
“Lo importante es coordinar que los proyectos se desarrollen de tal manera que todos apuntalen hacia que el objetivo se cumpla”, señaló.
La coordinación también permitiría distribuir responsabilidades entre actores públicos, privados y comunitarios, en lugar de que una sola institución impulse toda la agenda.
Para Pivaral, este punto se vuelve especialmente importante porque desarrollar infraestructura y proyectos turísticos requiere tiempo. Entre permisos, obtención de financiamiento, elaboración de planos y ejecución, una iniciativa puede atravesar diferentes administraciones.
“Usualmente los procesos de infraestructura, de desarrollo, no son procesos de un día para otro, toman su tiempo”, explicó durante la conversación.
La participación de quienes permanecerán en el territorio puede convertirse entonces en una forma de proteger la planificación frente a los ciclos políticos.
“La mejor manera de salvaguardar los proyectos es que las mismas comunidades, el sector privado, las autoridades se apropien y lo hagan como suyo, como un norte a seguir del desarrollo de su comunidad”, agregó.
Bolaños también destacó el papel que puede desempeñar el sector empresarial en una estrategia de largo plazo.
Su argumento parte de una diferencia entre los tiempos políticos y los del territorio: “El alcalde puede que esté cuatro, ocho, 12 años, pero el tejido empresarial del lugar está para quedarse ahí toda la vida”, señaló.
Por ello, consideró importante fortalecer la relación con los empresarios locales para construir agendas que puedan mantenerse más allá de una administración municipal.
En Tecpán, agregó, ya existe un liderazgo empresarial que ha comenzado a impulsar una agenda para mejorar la competitividad del territorio. Ese involucramiento puede convertirse en uno de los soportes para mantener las prioridades a largo plazo.
La colaboración público-privada, según Bolaños, también debe concentrarse en los servicios básicos que necesitan tanto la población como el visitante.
El Inguat plantea un plan turístico municipal
Mario Maldonado, director de Desarrollo del Producto Turístico del Inguat, indicó que la institución está dispuesta a acompañar el proceso en Tecpán.
“Estamos a la mejor disposición de acompañar los procesos para consolidar precisamente a Tecpán como uno de los principales destinos turísticos del país y, sobre todo, fortalecer las acciones que desde ya se realizan desde diferentes segmentos, sectores, diferentes instancias”, afirmó.
Maldonado explicó que para desarrollar un plan turístico municipal es necesario que exista una solicitud de la autoridad local y, después, integrar una mesa con los distintos sectores involucrados en el turismo.
“Es importante que este mapeo de los actores sea altamente participativo y esté coordinado también directamente con la municipalidad”, señaló.
El Inguat puede colaborar con un consultor encargado de desarrollar la metodología y el documento. Después, el contenido debe validarse mediante un proceso conjunto con los actores locales e implementarse por la municipalidad con acompañamiento de la institución.
El modelo plantea, por tanto, que el plan no sea redactado exclusivamente por el Gobierno central ni por la municipalidad, sino que se construya con participación local.
Uno de los puntos centrales es qué ocurre con esa estrategia cuando cambia la corporación municipal.
Maldonado sostuvo que un plan turístico no debería pertenecer a una autoridad específica.
“Los planes tienen un abordaje que no tiene una vinculación directamente con una autoridad, sino son planes directamente locales que deberían de ser precisamente atemporales”, explicó.
Aunque la gestión formal se realice mediante la municipalidad, el monitoreo y el seguimiento deben involucrar a la mesa turística y al conjunto de actores del territorio.
Esto permitiría revisar periódicamente la estrategia conforme aparezcan nuevos atractivos, prestadores de servicios o necesidades de infraestructura.
“El turismo no es algo estático, sino que va cambiando, va actualizándose con la integración de nuevos atractivos, de nuevos prestadores de servicios, quizá nuevas o fortalecimiento también en la parte de infraestructura”, explicó Maldonado.
En consecuencia, la hoja de ruta necesitaría no solo continuidad, sino mecanismos de revisión que permitan actualizarla.
De la planificación a proyectos concretos
El acompañamiento del Inguat puede extenderse después a proyectos específicos.
Maldonado explicó que la institución puede participar en formación y capacitación, inscripción de prestadores de servicios, planificación de rutas y productos, señalización turística e interpretativa, equipamiento cultural y determinados proyectos de infraestructura en espacios de beneficio público.
El tipo de intervención dependerá de las necesidades que identifique el territorio.
“No existen limitantes, la municipalidad o el sector turismo local puede proponer todo tipo de proyectos con base a las necesidades existentes”, explicó Maldonado al mencionar posibilidades como miradores, senderos, caminamientos y espacios recreativos.
El Inguat, sin embargo, no ejecuta directamente los proyectos municipales. Maldonado indicó que puede proporcionar avales y acompañamiento técnico para orientar las iniciativas que después deben ejecutar las autoridades correspondientes.
En el caso de Tecpán, el funcionario considera que existe una oportunidad particular para el turismo comunitario.
“Tecpán es un referente muy importante para impulsar turismo con base comunitaria”, afirmó al señalar la posibilidad de articular al sector privado.
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