Vivir mejor

2026/09/25

Durante años hemos utilizado el ingreso y la pobreza como grandes indicadores del progreso. Son indispensables, pero no suficientes. Una persona puede ganar más y, al mismo tiempo, seguir vulnerable ante una enfermedad, la inseguridad, la pérdida del empleo o la imposibilidad de que sus hijos encuentren mejores oportunidades.

Por eso, la pregunta importante no debería ser solamente cuántas personas dejaron la pobreza, sino cuántas están construyendo una vida mejor.

México ha registrado avances que debemos reconocer. En 2024, la pobreza multidimensional se ubicó en 29.6% de la población. También se ha producido una recuperación importante del salario mínimo. Son datos positivos y sería incorrecto ignorarlos. Pero progresar significa mucho más que aumentar el ingreso.

Significa poder enfermarse sin poner en riesgo el patrimonio familiar. Caminar por la calle sin miedo. Tener una escuela que prepare para el futuro. Encontrar un empleo que permita crecer. Ahorrar. Emprender. Construir patrimonio. Y, sobre todo, que nuestros hijos tengan mejores oportunidades. Eso es movilidad social.

La salud merece una atención especial. En 2024, 34.2% de la población, 44.5 millones de personas, presentaba carencia de acceso a servicios de salud. Hubo una mejora respecto de 2022, pero el reto continúa siendo enorme.

Además, tener acceso formal no siempre significa contar con atención oportuna, cercana y suficiente. La verdadera protección comienza antes del hospital: prevención, revisiones periódicas, diagnóstico temprano, orientación médica y acompañamiento. Y cuando aparece una enfermedad o un accidente, una familia necesita saber a dónde acudir, quién la orientará y cómo evitar que una emergencia médica se convierta también en una emergencia financiera.

Los hogares mexicanos desembolsaron directamente más de 800 mil millones de pesos en salud durante 2024. Medicamentos, consultas, estudios y hospitalización pueden alterar en días el equilibrio económico construido durante años. Proteger la salud también significa proteger el patrimonio y la estabilidad familiar.

Aquí existe un enorme espacio para la colaboración. El sistema público es fundamental, pero no tiene que resolverlo todo solo. Empresas, organizaciones sociales, aseguradoras, prestadores médicos y nuevos modelos de protección pueden complementar capacidades, ampliar alternativas y acercar soluciones accesibles a más familias.

La seguridad es otra pieza fundamental. Cuando una familia modifica sus horarios por miedo, un comerciante teme perder el producto de años de trabajo o un joven encuentra obstáculos para desarrollar su proyecto de vida, se reducen libertades y oportunidades. La seguridad es condición para la inversión, el empleo, la convivencia y el desarrollo.

Pero el gobierno no puede hacerlo todo. Una sociedad progresa cuando existe responsabilidad compartida entre autoridades, empresas, organizaciones sociales, comunidades, familias y ciudadanos. A eso le llamo solidaridad con responsabilidad: ayudar a quien lo necesita y construir las condiciones para que pueda avanzar por sí mismo.

Ahí entra la cultura ciudadana. Respetar una luz roja, cuidar el agua, mantener limpia nuestra calle, verificar antes de compartir información, respetar al vecino, denunciar un delito, cumplir nuestros compromisos y cuidar los espacios públicos son acciones pequeñas. Multiplicadas por millones de personas, transforman una nación.

El siguiente paso debe ser convertir mayores ingresos en mejor calidad de vida; la calidad de vida en oportunidades; y las oportunidades en movilidad social. Necesitamos medir no solamente cuánto dinero llega a los hogares, sino qué pueden hacer las familias con él. ¿Tienen mejor salud? ¿Mayor seguridad? ¿Mejor educación? ¿Más patrimonio? ¿Capacidad para enfrentar una emergencia? ¿Sus hijos tienen mejores oportunidades?

Esas preguntas no pertenecen a una ideología ni a un partido. Nos pertenecen a todos. Reducir la pobreza es indispensable, pero debemos ir más lejos: crear condiciones para progresar con salud, seguridad, educación y oportunidades. Una sociedad fuerte sabe ser solidaria y, al mismo tiempo, genera herramientas para que cada vez más personas puedan salir adelante por sí mismas.

Eso construye confianza. Eso fortalece la comunidad. Eso es progreso. ¡Hacer el bien! ¡Haciéndolo bien!