Vivir solo: entre la libertad conquistada y la gestión de la cotidianidad | El Correo

2026/08/30

Luis M. Díez

30/08/2026 a las 19:32h.

Euskadi está cambiando su fisonomía doméstica. Con 300.150 hogares unipersonales -un 31,4% del total- y una proyección que apunta a que uno de cada tres hogares vascos estará habitado por una sola persona para 2041. Este fenómeno, sin embargo, no es solo una cifra estadística; es un cambio radical en la forma en que habitamos el mundo. Para esta creciente legión de solitarios, el día a día se ha transformado en un ejercicio constante de equilibrio entre la libertad absoluta que brindan los viajes sin agenda, la independencia en el consumo y la autonomía personal, y los nuevos desafíos logísticos: desde la ineficiencia de los formatos de compra hasta el reto de tejer una red social activa que evite que la soledad elegida derive en aislamiento.

Vivienda y alimentación

A pesar de los datos y de la progresiva pérdida de fuerza del estigma de la soledad, queda mucho camino por recorrer en una sociedad concebida por y para las familias. La libertad individual, en primer lugar, sale cara. Pagar un alquiler o comprar una vivienda en solitario supone una quimera para miles de jóvenes (y ya no tan jóvenes), a no ser que se abran a compartir tanto el piso como los gastos correspondientes. La persona que por las circunstancias que sean, un sueldo alto o tras ser agraciada con una vivienda protegida, logra abandonar el domicilio familiar deberá enfrentarse al siguiente obstáculo: la cesta de la compra. Vivir solo incrementa la factura en alimentación hasta un 15% más por persona frente a hogares compartidos. El denominado 'sobreprecio single' ocurre porque los formatos de los supermercados penalizan las cantidades pequeñas: los envases individuales suelen salir más caros por kilo o litro, así como aquellos productos (verdura, fruta...) que se presentan en bandejas unipersonales.

Viajes y hoteles

En los hoteles, en cambio, ocurre justo lo contrario. Por una habitación individual, o sea más pequeña, se suele pagar más que por una doble, lo que aumenta considerablemente el gasto de cualquier escapada en comparación con quienes viajan en pareja. Si no nos importa abonar ese extra (o nos lo podemos permitir), descubrir nuevos destinos por nuestra cuenta ofrece la ventaja de no depender de nadie cuando se trata de elegir itinerarios, horarios y afrontar cambios de planes sin necesidad de consenso. Para solventar el inconveniente del sobreprecio y otros similares han surgido en los últimos años webs que organizan viajes para singles. Abaratar el alojamiento, mayor seguridad en los desplazamientos y la posibilidad de conocer gente son algunos de los motivos por los que están triunfando estas opciones, que suelen segmentar los grupos por edades, aficiones…

Restaurantes

Salir a comer en solitario suele presentar dos problemas. El primero pertenece al ámbito social. Aún existe cierta incomodidad al ocupar una mesa en restaurantes muy concurridos, sobre todo los fines de semana. 'Pobre, parece que no tiene a nadie con quien estar', 'igual es un turista', son pensamientos que pueden frenar la posibilidad de acudir a uno de estos locales. La segunda pega aparece en cuanto se consulta el menú o la carta. Las paellas y determinados platos están diseñados 'para dos personas', por lo que o se renuncia a degustar ese arroz a banda del que nos habían hablado tan bien o se abona ese extra con el único consuelo de llevarnos las sobras en un tupper. Al fin y al cabo, esos envases repletos de comida son el mejor amigo de las personas a las que les da pereza cocinar para ellas mismas.

Vida social

Si se dejan aparte las preguntas recurrentes sobre cuándo vas a acudir con pareja a la siguiente celebración familiar, en este apartado los solteros cuentan con más ventajas… hasta cierto punto. La libertad de la que disfrutan al poder viajar y quedar con amigos sin tener que dar explicaciones a las respectivas parejas es la envidia de quienes han formado una familia. Además, el aumento de los divorcios y la inestabilidad de muchas relaciones permiten reengancharse a otras personas para compartir momentos de ocio. Sin embargo, en la agenda libre de compromisos impuestos ronda el riesgo del aislamiento social si no se cultiva activamente el entorno, lo que supone un esfuerzo añadido de planificación. En este sentido, existen aplicaciones (no solo las de citas) que ofrecen la posibilidad de conocer gente y hacer planes. Y en los últimos tiempos, los gimnasios se han convertido en lugares de encuentro donde se puede ganar masa muscular y social al mismo tiempo.