Zacatecas, sometido por los Monreal

2026/09/21

La política mexicana lleva décadas intentando desterrar la vieja práctica de convertir estados, municipios y partidos en patrimonio familiar. Cambian las siglas, los discursos y los personajes, pero algunas costumbres sobreviven con extraordinaria vigencia. Zacatecas puede convertirse en uno de los ejemplos más acabados de esa contradicción dentro de Morena.

La designación de Verónica Díaz Robles como coordinadora estatal de la defensa de la transformación la coloca como virtual candidata de Morena a la gubernatura en 2027. Su nombramiento ha provocado inconformidades dentro del propio oficialismo y particularmente entre sus aliados, mientras sus críticos la identifican con el grupo político del gobernador David Monreal.

Díaz fue esposa hasta el 2021 de Luis Enrique Monreal Ávila, hermano de Ricardo, David y Saúl Monreal, aunque Ricardo Monreal precisó recientemente que la pareja se divorció hace 11 años, lo cual fue una mentira.

El dato no es menor porque permite dimensionar hasta dónde ha llegado la influencia de una familia en la política zacatecana. Ricardo Monreal gobernó el estado entre 1998 y 2004; David Monreal ocupa actualmente la gubernatura y Saúl Monreal, senador de la República, se apunta para dentro de 7 años.

Ahora aparece Verónica Díaz como la carta de Morena para conservar el gobierno estatal.

Desde luego, serán los zacatecanos quienes decidan en las urnas y nada garantiza que Morena conservará la gubernatura. Precisamente ahí radica una diferencia fundamental entre una sucesión familiar y una elección democrática: los votos pertenecen a los ciudadanos, no a los apellidos.

Sin embargo, políticamente resulta inevitable preguntarse cuánto poder puede acumular un mismo grupo antes de convertirse en un cacicazgo.

La paradoja es todavía mayor porque Claudia Sheinbaum convirtió el combate al nepotismo electoral en una bandera política. La presidenta propuso que la prohibición constitucional entrara en vigor desde 2027, aunque finalmente el Congreso decidió aplazarla hasta 2030.

Más aún, Sheinbaum declaró que esperaba que Morena no postulara familiares en 2027, y sostuvo que quienes pretendieran heredar posiciones a integrantes de su familia serían juzgados políticamente por los ciudadanos.

El problema de Zacatecas demuestra que el nepotismo político es bastante más complejo que una prohibición jurídica sobre parentescos directos. También existen clanes, grupos, redes de intereses y estructuras partidistas construidas durante años alrededor de determinadas familias.

Y allí Morena enfrenta una contradicción que puede costarle políticamente.

No basta proclamar desde Palacio Nacional que deben terminar las herencias familiares mientras en los estados prosperan estructuras políticas capaces de sobrevivir gobernador tras gobernador. Mucho menos cuando los procedimientos internos para seleccionar candidatos son cuestionados por los propios aliados.

En Zacatecas, el PT ha manifestado su inconformidad con el proceso que llevó a Díaz a la coordinación estatal y existen cuestionamientos sobre la transparencia de las encuestas utilizadas para tomar la decisión.

Morena corre así el riesgo de reproducir aquello que durante décadas denunció del PRI: gobernadores convertidos en grandes electores, familias dominantes, candidaturas administradas desde grupos regionales y estructuras partidistas utilizadas para garantizar la continuidad.

Eso termina dañando también a la presidenta y al proyecto político que representa.

Los Monreal, además, ya comprobaron que un apellido poderoso no garantiza victorias electorales. En 2024, Caty Monreal, hija de Ricardo Monreal, perdió la alcaldía Cuauhtémoc frente a Alessandra Rojo de la Vega. Después de impugnaciones y un recuento parcial que mantuvo la diferencia, el Tribunal Electoral Federal confirmó el triunfo de Rojo de la Vega.

Esa derrota contiene una advertencia que Morena debería estudiar.

Las estructuras partidistas pueden abrir candidaturas, los gobernadores pueden influir en sucesiones y los grupos familiares pueden acumular posiciones durante décadas, pero todavía existe una última aduana llamada urna.

Desde que gobierna esta familia, a Zacatecas se han enquistado con mayor fuerza los grupos criminales, lo que, de suyo, resulta sospechoso y contradictorio, ya que por un lado esa entidad está entre los tres estados más inseguros del país y, por otro, los zacatecanos se vuelcan en las urnas para apoyarlos. Saque usted, mi estimado lector, sus propias conclusiones.